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Los padres que se drogaban ante sus hijos no ingresarán en prisión

Indujeron al consumo a uno de ellos. Se les retira la patria potestad de la más pequeña, que nació con síndrome de abstinencia

Una persona prepara una dosis de cocaína para esnifarla
Una persona prepara una dosis de cocaína para esnifarla

La pareja de Ribeira, acusada de consumir droga delante de sus hijos menores y de facilitársela a uno de ellos que tuvo que someterse a un tratamiento de desintoxicación, han alcanzado un acuerdo con el Ministerio Fiscal por el que aceptan su inhabilitación para ejercer la patria potestad de la hija menor durante 3 años y 10 meses. Los acusados han visto rebajada la condena que solicitaba la fiscalía de ocho años de prisión a un año y 6 meses por un delito de tráfico de drogas, por lo que no ingresarán en prisión.

En la vista celebrada en la sección sexta de la Audiencia de A Coruña en Santiago, se añadió el delito de incumplimiento de la debida patria potestad de la hija menor que convive con unos familiares como medida cautelar del juez instructor. Por este delito también se les impone una multa de 180 euros para cada uno de los acusados.

La pareja manifestó en el juicio que ya no eran consumidores de droga y el tribunal ha admitido como atenuante la drogadicción de ambos procesados en el momento en el que se produjeron los hechos, además y del relativo a los retrasos indebidos del proceso que estuvo varias veces paralizado.

La mujer estaba acusada de consumir cocaína y heroína delante del hijo que tenía de una relación anterior hasta que dejó de convivir con ella a los dos años de edad. También se le acusó de haberle facilitado, junto con el otro acusado, estas sustancias al chaval cuando este tenía entre los 15 y 18 años. Además, también consumieron cannabis, cocaína y heroína en presencia de la hija menor de ambos hasta que les fue retirada cautelarmente la custodia.

Según los hechos probados en la investigación judicial, la acusada consumió cocaína y heroína delante de su hijo, hasta que este dejó de convivir con ella a los dos años de edad. Cuando el niño cumplió los 15, señala el fiscal, ambos acusados, de forma habitual, “le facilitaron al adolescente sustancias estupefacientes a sabiendas de que eran para el consumo del menor y siendo conscientes del daño que le estaban causando a su salud”.

También en varias ocasiones, y siendo el niño menor, fueron con él a adquirir tanto cocaína como heroína. Además, subraya la investigación que el chico, con ayuda de su abuelo, se sometió a un tratamiento de rehabilitación que seis años después de iniciarlo no había logrado superar su adicción.

Pese al tratamiento por síndrome de abstinencia al neonato que recibió la hija al nacer, afirma el fiscal que sus padres, “de forma constante y cotidiana, desde que la niña contaba tres años y conscientes del daño que le provocaban, consumían cannabis, cocaína y heroína en su presencia”, hasta que, en el presente procedimiento penal se les retiró cautelarmente su guarda y custodia para entregársela a una tía.

“La menor estuvo respirando de forma constante dichas sustancias durante las noches e incluso por el día al estar con su madre”, denuncia el fiscal. “A consecuencia de esto, la menor, en el año 2011, contando con cinco años de edad, debido al contacto directo con la madre y a través de la aspiración de la droga por las mucosas o inhalación, se le encontraron trazas de cocaína y cannabis en el cabello, al estar expuesta de forma constante durante periodos muy prolongados a una situación medioambiental de consumo de estupefacientes”, añade la acusación.

Expone la fiscalía que los efectos del consumo de cannabis en el cerebro infantil suponen una mayor incidencia de depresión infantil la cual se manifiesta con disartria y aumento del fracaso escolar. “Los efectos del consumo de cocaína son generalmente un deterioro de la coordinación motora, euforia, ansiedad, agitación y locuacidad, deterioro del juicio, retraimiento social y trastornos psicológicos, además del peligro de volverse adicto en etapas posteriores de la vida en comparación con los que no han probado las drogas”.

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