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OPINIÓN i

Vox visto desde Vic

España ha demostrado que existen las condiciones para el ascenso de la extrema derecha populista.

Acto de Vox en Vistalegre (Madrid) el 7 de octubre.
Acto de Vox en Vistalegre (Madrid) el 7 de octubre.

Si algo ha marcado la política española en los últimos meses es la tormenta política desatada en el espacio de la derecha. Hasta hace unos pocos meses, el PP podía sentirse relativamente a salvo gracias a un poderoso aliado: la inquebrantable lealtad de los votantes más conservadores. A lo largo de los últimos años, este colectivo había cerrado filas en torno este partido, incluso en sus peores momentos. Gracias a la fidelidad del votante conservador, el PP había logrado en 2015 y 2016 revalidar sus mayorías parlamentarias aún habiendo quedado relegada a tercera fuerza entre los votantes moderados de centro.

La derecha ha sido, pues, el salvavidas que ha mantenido a flote al PP todos estos años de escándalos de corrupción y dificultades económicas. Pero la crisis catalana lo cambió todo. Tras el desenlace del proceso soberanista el pasado invierno, el sentimiento nacionalista tomó relevancia en el escenario político español y la derecha empezó a coquetear por primera vez en décadas a abandonar al PP para sumarse a las filas de otro partido, Ciudadanos.

La llegada de Pablo Casado ha permitido frenar, al menos por el momento, la sangría que sufría el PP de Rajoy. Y su estrategia para lograrlo ha sido precisamente disputarle a Ciudadanos su condición de partido antinacionalista catalán por excelencia. Es por este motivo que este otoño la política española ha estado marcada por un proceso de polarización en torno a la dimensión nacionalista española.

La clave del éxito de Plataforma per Catalunya fue lograr que el ingrediente nacionalista de la extrema derecha se conectara con la inmigración

Así pues, Vox ha irrumpido en un contexto en el que la polarización ya estaba en marcha. En este sentido, la emergencia de Vox no ha alterado la estructura de competición que se había abierto en la derecha. Vox se ha sumado a una fiesta en la que PP y Ciudadanos llevaban ya meses en la pista de baile. Es por ello que, tanto PP y Ciudadanos gozan de una reputación de partidos antinacionalista catalán que difícilmente puede Vox arrebatarles. Ante este contexto, Vox puede tener más dificultades para ascender y convertirse en un partido de extrema derecha populista homologable a países de nuestro entorno.

¿Debemos considerar, pues, que Vox sólo puede aspirar a ser un partido marginal? En realidad, no. España ha demostrado que existen las condiciones para el ascenso de la extrema derecha populista. De hecho, contamos con un importante precedente: el caso de Plataforma per Catalunya en Vic, (Osona). Esta formación logró convertirse en las elecciones de 2011 en segunda fuerza en las elecciones locales con el 20 por ciento de los votos. Con ese nivel de apoyo, Plataforma demostró que la extrema derecha populista en España puede expandirse creando coaliciones de apoyos más allá de los votantes tradicionalmente conservadores.

Los rivales políticos de Plataforma per Catalunya no cesaron en denunciar que su líder, Josep Anglada, había sido un destacado dirigente de movimientos franquistas. Aún con ello, su partido logró erigirse como segunda fuerza en unos de los feudos del independentismo catalán. ¿Cómo se puede explicar esta aparente contradicción? La clave de su éxito fue lograr que el ingrediente nativista y nacionalista propio de la extrema derecha populista se desvinculara de la tradicional lucha centro-periferia y se conectara exclusivamente con las amenazas culturales y económicas de la inmigración. Su discurso xenófobo y populista permitió que muchos votantes vicenses tradicionalmente de la órbita del nacionalismo catalán no tuvieran reparos en votar a un candidato con un acreditado pasado franquista.

La experiencia de Vic ofrece importantes lecciones para entender qué podemos esperar de Vox. La más importante de ellas es que nuestro país no se encuentra a salvo de la expansión de la extrema derecha populista. Es cierto que hasta hoy este tipo de partidos no han logrado consolidarse como en otros países de nuestro entorno. Esta excepcionalidad de España se explica en parte por la existencia del tradicional conflicto territorial centro-periferia, el cual ha absorbido el voto más identitario o nacionalista. Sin embargo, no es descartable que surjan ventanas de oportunidad para que Vox u otro partido populista de extrema derecha pueda conectar el nacionalismo más con la xenofobia que con el conflicto territorial. Si eso ocurre, puede que el discurso de Vox logre tomar aliento, pues en ese terreno no cuenta con rivales creíbles.

En definitiva, para entender el potencial poder de expansión de partidos de extrema derecha como Vox no es necesario buscar referentes más allá de los Pirineos. Existen referentes más cercanos. Sólo debemos poner nuestra mirada en lo acontecido apenas siete años atrás en el corazón de la Cataluña central: Vic.

Lluis Orriols Galve es profesor de ciencia política de la Universidad Carlos III de Madrid.

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