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La ‘supermanzana’ gana adeptos en Poblenou

Las movilizaciones contra el proyecto decaen en el barrio

Una familia en uno de los parques de la Supermanzana
Una familia en uno de los parques de la Supermanzana

El jurado internacional del Premio Europeo del Espacio Público Urbano galardonó este año a la supermanzana de Poblenou con una mención especial como una de las mejores obras de transformación y mejora del espacio público. Los vecinos y comerciantes de la zona poco o nada saben acerca del premio otorgado a este conjunto de calles. Lo cierto es que la supermanzana, inaugurada 2016, comienza a ganar experiencia. Ya quedan pocos carteles en los balcones pidiendo la supresión de la modificación urbanística. En abril, la Plataforma de afectados por la Supermanzana presentó una demanda contra el proyecto acusando al equipo de Colau de obligar a implementar el proyecto. Esa fue la última noticia en contra de la iniciativa que apartaba el coche de esta zona de Poblenou.

En la esquina de la calle Roc Boronat con Sancho de Ávila, un camarero se declara “fan de la supermanzana”. El restaurante Sopa tiene delante un parque infantil en lo que antes era una carretera donde aparcaban y circulaban coches. “Es una idea genial que quizás está mal resulta”, asegura una de las camareras del Susi Sopa. “Da la sensación de que han colocado todo los que sobraba en un almacén municipal”, sonríe mientras enumera maceteros gigantescos.
Un poco más allá, un hombre se sienta al sol en uno de los bancos mientras abre una fiambrera. Es la hora de comer. Dentro de unas horas, los niños de la Escuela Flor de Maig arañarán unas horas al reloj en el parque de Sancho de Ávila presidido por tres guardianes de hierro de la Fundació Vila Casas. “Hemos recuperado una zona que jamás tuvimos y es un verdadero lujo”, admite uno de los padres.

La supermanzana está compuesta de bancos, pintura y mucho diseño. En Roc Boronat con la calle Tànger, el suelo lo adorna un poema de Martí i Pol. En un parque en la calzada de las calles Ciutat de Granada con Sancho de Ávila, una familia japonesa aprovecha para tomarse una fotografía.
No todo es buena prensa para la iniciativa. Alberto trabaja en el concesionario Seat Auto Fuber de la calle Ciutat de Granada. Es irónico pero muy claro: “No tienen ningún sentido. Hay días que mis clientes tienen que entrar en contra dirección. Aquí han colocado unas mesas de ping pong y nunca veo a nadie. A quienes sí veo es a los del botellón por las mañanas”. El mecánico de Moto Center Barcelona tampoco está del todo satisfecho: “Los clientes que vienen aquí es porque ya me conocían. Ahora no pasa nadie y además, para entrar en la tienda tienen que pasar por encima de la pista de atletismo que han pintado en la carretera”.

La teniente de alcalde de Urbanismo, Janet Sanz, asegura que con la supermanzana el equipo de gobierno ha “aprendido” a replantear espacios y “dotarlos de otros usos”. Sanz admite que se necesitaron correcciones y mejoras. “Con el tiempo, los vecinos han visto que era una buena iniciativa. Nosotros hemos aprendido que hay que explicar mejor estos procesos a comerciantes y vecinos y ya lo hemos aplicado a la de Sant Antoni”.