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El agujero negro de Europa

El aeropuerto de El Prat está a la cola de Europa en puntualidad y es el que más retrasos tiene de los de su tamaño. Vueling se lleva la palma

Cola en el mostrador de reclamaciones de Vueling, en el aeropuerto del Prat, ayer.
Cola en el mostrador de reclamaciones de Vueling, en el aeropuerto del Prat, ayer.

No hace falta buscar afectados por las cancelaciones y retrasos de vuelos, sobre todo de Vueling, en el aeropuerto de Barcelona. Te los encuentras. Con la cara pagan. Y lo raro es que no pierdan los nervios y la educación, porque las de los pasajeros afectados por el desastre de la operativa de Vueling en El Prat —casi la mitad de los vuelos del aeropuerto son suyos— son historias para no dormir, en las que, sea de quien sea la culpa, pagan los ciudadanos que llevan un año esperando para marcharse de vacaciones.

La de Eva y su familia: ayer tenían un vuelo a Atenas a las 10.30. La web de Vueling avisaba de que iba con retraso, pero la familia pasa por el mostrador, control de pasajeros, llega a la puerta de embarque… y al ver el retraso, se van a dar una vuelta por la terminal hasta que vuelven a la puerta y… el vuelo ha salido sin que nadie les avisara. ¡Y con sus maletas! “Se las han llevado. Con la de veces que hemos escuchado que las maletas no pueden volar sin el pasajero”, exclamaba. Tras “cuatro horas de colas en cuatro mostradores distintos”, Eva suspiraba: “Nos dicen que nos hacen un favor y nos recolocan en un vuelo de medianoche, nos vamos a casa, volveremos por la tarde”. En el mismo mostrador, los turistas se hacían selfies con un cartel de la compañía que asegura: “We love Barcelona”.

Vueling culpa de los retrasos a la gestión del tráfico aéreo

El presidente de Vueling, Javier Sánchez-Prieto, aseguró el viernes que la mayoría de los retrasos que sufren las aerolíneas europeas se deben a una mala gestión del tráfico aéreo el continente. Unos retrasos que pueden llegar a sumar hasta 300.000 minutos en un solo día: 5.000 horas.Las huelgas y retrasos costaron a Vueling 20 millones de euros en el segundo trimestre del año.

El consejero delegado de IAG, la matriz de Vueling, Iberia, British Airways y Aer Lingus lamentó que las huelgas de los controladores aéreos franceses afecten a los vuelos desde Barcelona y destacó que los paros en Marsella impactan en El Prat porque desde la ciudad francesa se controla una parte del Mediterráneo.

Sánchez-Prieto aseguró que los retrasos no se deben a falta de efectivos, porque Vueling tiene ocho aviones y 30 tripulantes reservados para incidencias.

El aeropuerto barcelonés tenía previsto ayer operar 962 vuelos con 181.000 pasajeros. En los últimos meses, El Prat está a la cola de Europa en puntualidad y es el aeropuerto con más retrasos de su tamaño, según FlightStats. Por la tarde, al servicio de prensa del aeropuerto no le constaban retrasos destacables. Vueling no respondía por teléfono. Pero el community manager de la aerolinea iba loco contestando mensajes de clientes enfadados en Twitter. Maletas perdidas, retrasos, cancelaciones. Cada pocos minutos, respondía argumentando “problemas técnicos” y pedía “disculpas”.

Mas historias. La de un pasajero que volaba a las 07.30 a Granada para recoger a un familiar y tenía previsto regresar la misma tarde, lo explicaban compañeros de vuelo. Tras dos vuelos cancelados (el de las 07.30 horas y el de las 10.30), le ofrecieron llegar a las diez de la noche ¡a Málaga!, tras hacer escala en Palma de Mallorca.

Granada es uno de los destinos donde solo vuela la compañía del grupo IAG. Los pasajeros no tienen alternativa. Manel, Josep y Fanny se interrumpían para contar su periplo. Tenían que volar a las 10.30 a la ciudad, para ir a la boda de una prima por la tarde. Su vuelo, cancelado. “Por motivos técnicos, tráfico aéreo. ¡Pues si falta cielo, que hagan obras en el aire!”, se reía Manel. Tienen familia en la ciudad andaluza y, en un mes, llevan tres vuelos y tres chascos.

“Y los vuelos fueran baratos... pero como no hay competencia puedes pagar 150 euros por trayecto”. Proseguían su relato sobre las 12. Les habían recolocado en un vuelo de las 17.30. Peluquería anulada. Tiempo justo para ducharse y vestirse antes de la boda, lamentaba Fanny. A todo esto, al no renunciar al vuelo, sus maletas estaban en la zona restringida. “¿Para qué te facturan las maletas si saben que el vuelo no saldrá? Si lo llegamos a saber, las pillamos y bajamos en coche”. Las maletas no llegaron. Reclamarán. “Pero te lo ponen difícil. El reembolso del vuelo es rápido, pero conseguir la compensación por el retraso es una odisea”, aseguraban por otras ocasiones.

Hace una semana, al gobierno de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se le acabó la paciencia y escribió al presidente de Aena, Maurici Lucena, para expresar su “preocupación” por la situación en el aeropuerto de El Prat en vistas al grueso de salidas y llegadas de la campaña de agosto. Exigía una reunión con Aena y las compañías. Y tomar “medidas drásticas” en la operativa de la infraestructura. La carta la firmaba el número dos de Colau y responsable de la cartera de Economía, Gerardo Pisarello. En el texto se refería explícitamente al caso de Vueling: “Acumula un elevadísimo número de retrasos y cancelaciones”.

También ayer 150 pasajeros permanecieron desde la madrugada en la T2 después de la cancelación de un vuelo chárter con destino a Noruega donde debían embarcarse en un crucero.

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