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“En dirección de cine, la mujer sigue en claro desequilibrio”

Una de las pioneras, Cecilia Bartolomé, acudirá a la 26ª Mostra de Films de Dones

Una escena de 'Todas las mujeres que conozco'.
Una escena de 'Todas las mujeres que conozco'.

Era una película rompe pelotas. La definición que hace la cineasta Cecilia Bartolomé de su primera cinta, Margarita y el lobo (1969), cuadra a la perfección con el argumento: el empeño de una mujer joven que en pleno franquismo quiere vivir su vida, se separa eclesiásticamente de su marido, y pasa a primera línea de la lucha feminista. Esa película pondrá el broche final a la 26ª Mostra de Films de Dones de la Filmoteca de Catalunya, desde hoy hasta el domingo. Aunque no se proyectará en las salas del centro, sino al aire libre, en la vecina plaza de Salvador Seguí: “Me parece muy sugerente la idea de hacerlo en la calle, en Barcelona hay bastante tradición de hacer cine en la calle y está muy bien”, cuenta la veterana cineasta que presentará otras dos de sus películas, Después de....primera parte: No se os puede dejar solos (1983) y Después de ....segunda parte: Atado y bien atado (1983).

Bartolomé fue, junto con Josefina Molina y Pilar Miró — aunque ella cursó los estudios de cine en Lyon, Francia— de las primeras cineastas que salieron de la Escuela de Cine de Madrid. “Era una industria completamente masculina en aquel tiempo y ahora la mujer sigue en claro desequilibrio en dirección cinematográfica, aunque menos en otras áreas del proceso. Especialmente en la producción, donde la mujer es muy valorada por su capacidad de hacer muchas cosas con poco dinero y de forma organizada. Vamos, como llevar una casa y la familia”, bromea. Ya en serio, concreta que la falta de visibilidad del cine que se hace actualmente afecta a hombres y a mujeres, aunque más en este último caso. Cree que los criterios de discriminación positiva en el sistema de subvenciones es un método que puede corregir el desequilibrio -en 2007 las cintas de autoría femenina estrenadas en las pantallas de cine españolas se quedaron en un exiguo 7%- pero pide más: "el modelo que sí ha acabado con esa anormalidad es el que se ha impuesto en Suecia donde se ha regulado vía ley".  Ella conoce de cerca lo que es terminar un proyecto y que finalmente se quede en el cajón: "he tenido tres películas de ficción listas para rodar y no lo he podido hacer porque no tenía financiación y no he querido correr el riesgo de arruinarme".

Margarita y el lobo fue su trabajo de fin de carrera, en 1970, y escandalizó tanto que fue absolutamente prohibido. A raíz de él, entró en la lista negra de cineastas a los que se le prohibió dirigir hasta que murió Franco. Se dedicó a la publicidad y a los documentales industriales hasta que en 1983 salió a la calle a rodar las otras dos películas que se verán en la Mostra. Ambas sobre los descarnados problemas sociales y políticos que arrastraban los herederos de los dos bandos en la guerra. A sus 74 años explica que está trabajando en un documental con la mujer como tema central y parte de la tesis de negar la igualdad entre los dos sexos: “por la sencilla razón de que las mujeres somos superiores”.

Esta guerrera directora admira los proyectos que realizan las jóvenes cineastas cuyo trabajo se exhibirá en la Filmoteca. Desde el documental, la ficción hasta lo más experimental siempre con perspectiva femenina. Como Down n'hido. La càmera ballarina de Mireia Ros que estrena la cinta en el festival sobre una experiencia de rodar dos años con un grupo de jóvenes con síndrome de Down. Un cine que abarcará las historias de las pequeñas revoluciones del día a día, la vergüenza del trato a las personas que buscan refugio en Europa o el efecto del machismo violento. Esa última cuestión es la que aborda Todas las mujeres que conozco de Xiana Do Teixeiro que recoge las conversaciones de jóvenes estudiantes de secundaria. O las normas y los límites sobre la visión sexual que aborda Ni d'Eve ni d'Adam. Une histoire intersexe, de Floriane Devigne.