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Tan utópicos como fallidos

El artista visual Domènec reflexiona en el Macba y el Mies van der Rohe sobre las arquitecturas sociales y la memoria de los edificios

Instalación de Domènec en el Pabellón Mies van der Rohe de Barcelona.
Instalación de Domènec en el Pabellón Mies van der Rohe de Barcelona.

Tras la Guerra Civil la montaña de Montjuïc se llenó de infraviviendas para dar cobijo a las miles de personas que viajaron a Barcelona con la aspiración de conseguir una vida mejor. El Pabellón de las Misiones construido para la Exposición Internacional de 1929, se convirtió en una especie de centro de internamiento (Centro de Clasificación de Indigentes se llamaba), en el que se hacinaban familias que habían viajado sin permiso de trabajo a la espera de ser deportados a sus lugares de origen. Una medida que fue aplicada a 150.000 personas que vieron como su sueño se frustró para siempre. El episodio, que se alargó hasta mitad de los sesenta en el que un buen número de personas vivieron en condiciones infrahumanas en el Estadio Olímpico y alrededores, acabó sepultado por la historia oficial y es uno de los que utiliza Domènec (Mataró, 1962) para golpear conciencias. Y lo hace de la forma más sutil posible: despoja de todos los elementos de lujo al pabellón creado por Mies van der Rohe para 1929, “un teatro del poder creado por Alemania solo para la recepción presidida por Alfonso XIII”, sacando alfombras, cortinajes de terciopelo y tronos, encarnados por las sillas Barcelonay en su lugar ha tendido en cuerdas toallas, camisetas y sábanas, además de colocar dos pequeñas sillas de fórmica, dando una visión de cómo pudo acabar el edificio si no se hubiera derribado al final de la Exposición.

Domènec sentado en una de sus obras en el Macba.
Domènec sentado en una de sus obras en el Macba.

La instalación El estadio, el pabellón y el palacio del Mies (que se acompaña de una publicación en forma de diario en la que se reproduce el artículo de 1996 de Josep Maria Huertas Clavería que denunciaba esa realidad) estará abierta hasta el 6 de mayo. Es el epílogo de la exposición Ni aquí ni en un ningún lugar comisariada en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) por Teresa Grandas, una especie de retrospectiva que reúne 20 obras del artista visual Domènec realizadas entre los años noventa y la actualidad que se puede ver en el Macba hasta el 11 de septiembre. En ella da voz a los discursos no oficiales, se aleja de los relatos dominantes y restituye la memoria de los sitios, a la vez que reflexiona sobre las arquitecturas utópicas europeas “empeñadas en construir formas de vida más justas e igualitarias, alternativas al sistema capitalista que acentúa las diferencias de clases”. Entre los ejemplos que Domènec ilustra está la barcelonesa Casa Bloc (Sant Andreu), que construyó el movimiento GATCPAC como viviendas sociales, con espacios comunes y cooperativa y biblioteca, pero que la Guerra Civil pervirtió al acabar siendo ocupada por militares. También la reproducción de la habitación del hospital de Paimio, en Finlandia, de Alvar Aalto, que en la reinterpretación del artista acaba siendo una habitación ciega e inhóspita “ya que los que iban allí tenían muchas posibilidades de morir de tuberculosis”, o una instalación en la que se reproducen tres edificios del barrio obrero (para familias de las antiguas colonias) de Les Minguettes de Lyon que fueron derribados para evitar la tensión social.

“Los edificios no me interesan por su estética sino por la vida que se genera a su alrededor", explica Domènec. Es el caso del trabajo expuesto alrededor del Kultuuritalo, Casa de la Cultura, de Kallio, Helsinki, creado también por Aalto entre 1952 y 1958 a partir del trabajo voluntario de los vecinos. Domènec rescata el testimonio de estos ciudadanos que explican su trabajo que ha quedado ocultado por el enorme peso del destacado arquitecto.

Una de las obras de Doménec qu ese pueden ver en el Macba.
Una de las obras de Doménec qu ese pueden ver en el Macba.

Una de las últimas obras de Domènec que pueden verse es Souvenir Barcelona, una colección de 27 postales (que están a disposición del visitante que se las puede llevar) que reproducen zonas de Barcelona que han vivido conflictos, guerras y demoliciones. Como la plaza de Catalunya, el Born o la Mina, una especie de recuerdo alternativo al imaginario estereotipado, optimista y amable de ciudad culta, moderna y colorista que presenta Barcelona en la actualidad y que esconde historias de marginación y miseria, luchas de clases o represiones. Es la otra ciudad. La otra historia oculta por el paso del tiempo.

El pabellón suma complices

Roberta Bosco

“Nuestro objetivo fundacional es promocionar la cultura arquitectónica de base, organizando actividades que involucren la ciudadanía y los creadores de otras disciplinas”. Lo recordó Anna Ramos, directora de la Fundación Mies van der Rohe, en la presentación de la nueva temporada que coincide con el Año Europeo del Patrimonio Cultural, efeméride que según Ramos “proporciona un contexto privilegiado y encaja con nuestra razón de ser”.

La Fundación, que aumenta tanto las actividades como las jornadas de puertas abiertas, se ha caracterizado siempre por su colaboración con los institutos de cultura extranjeros y diversos agentes del mundo del arte y la cultura catalana. Este año amplia su red de cómplices con la incorporación del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, el Instituto del Teatro y la Escuela Superior de Música de Cataluña (Esmuc). Fruto de la colaboración con el Macba es la instalación de Domènec.

“Las intervenciones artísticas son muy importantes porque ofrecen nuevas miradas sobre el pabellón y conectan con nuevos públicos”, indicó el comisario de premios y programas Ivan Blasi. Su más que consolidada colaboración con el festival Sónar, que se ha materializado en proyectos sonoros experimentales de gran interés bajo el comisariado de Lluís Nacenta, este año contará con la británica Mileece que borrará sus formas, destacando los célebres materiales que lo caracterizan: acero, travertino romano, mármol verde y ónice dorado. Otro proyecto a cargo de Spencer Finch vinculará la estética de Mies van der Rohe con la filosofía zen, a pesar de que el arquitecto no visitó nunca Japón.

Se repite la consolidada colaboración con el ciclo de la Filmoteca Por amor al arte, que plantea una relación transversal entre el cine y las demás disciplinas, mientras que el ciclo Pantalla Pabellón, dedicado a la arquitectura de una ciudad, será protagonizado por Roma. Completan el programa la primera conferencia de arquitectura y medios, la segunda edición del Young Architecture Award extensión para los jóvenes del célebre Premio Mies van der Rohe, cuatro publicaciones y una nueva beca intitulada a Lilly Reich, ninguneada coautora del pabellón, que se propone visibilizar personas y proyectos injustamente discriminados.