Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

El sastre que hacía fotos los domingos

Paco Gómez protagoniza una exposición en Foto Colectania que conserva su archivo de más de 24.000 imágenes

Tranvía en el paseo de Extremadura, de Paco Gómez.
Tranvía en el paseo de Extremadura, de Paco Gómez.

En sus fotografías en muy pocas ocasiones aparecen personas. Y si lo hacen, si dan vida a las imágenes, lo hacen para ser referencia de la escala o lo cerca o lejos que están los auténticos protagonistas de sus fotografías: los edificios, las medianeras, los descampados, las ruinas, los escombros, las humedades de las paredes y las calles semidesiertas que obligan a fijarnos y recorrer la imagen de punta a punta, como si se leyera un verso. Y es que las imágenes de Paco Gómez (Pamplona, 1918 - Madrid, 1998) tienen algo de poéticas, de captación de un instante. Es lo que permiten ver las 150 fotografías de la exposición Paco Gómez. El instante poético y la imagen arquitectónica, inaugurada en Fundación Foto Colectania de Barcelona (hasta el 17 de junio) en la que se reivindica la obra de este fotógrafo, uno de los principales renovadores de la fotografía en la España de los años sesenta y setenta, que para colmo no era un fotógrafo profesional, sino amateur,en un momento en que esto era sinónimo de creatividad, que se ganaba la vida regentando una sastrería, una actividad familiar que no abandonó nunca.

Cine Barceló, de Paco Gómez.
Cine Barceló, de Paco Gómez.

Pese a eso, su familia legó, tres años después de fallecer, 24.000 negativos y cerca de 1.000 copias que hablan de la mirada de un profesional de la fotografía reflexivo y estético. Ramon Masats, uno de sus colegas y amigos lo definió mejor que nadie: “Fue, a mi parecer, el mejor fotógrafo de mi generación. Ni más ni menos”.

Y eso que sus fotografías parecen simples, a base de líneas y formas puras y casi abstractas, jugando con las luces y las sombras, los picados y las perspectivas insólitas. Según el experto Alberto Martín, comisario de la muestra “Gómez es de los pocos fotógrafos que desarrolla una práctica documental urbana de manera consciente. Él supo captar una época fundamental para la arquitectura de nuestro país, desde los años sesenta hasta mitad de los setenta, donde se produjo una importante renovación con grandes nombres y obras”.

Madrid, de 1973, de Paco Gómez.
Madrid, de 1973, de Paco Gómez.

La exposición, que ya pudo verse en Madrid en la Sala Canal Isabel II va más allá y funciona como una especie de travelling por toda su carrera, ampliando el canon que existía sobre él”, según Martín. Comienza con una selección de imágenes que lo dieron a conocer entre 1957 y 1963; recorre la etapa del grupo Afal (a partir de 1957) que resultó decisiva en su obra; la exposición en París de 1959 donde está presente su estilo poético en el que fotografía ya sus muros y paredes.

En las imágenes seleccionadas queda claro cómo la ciudad irrumpe en el campo, los límites de lo urbano y la periferia, sobre todo de Madrid. Cuando aparecen figuras, que parecen salir de la niebla, dan forma a un paisaje austero, y sitúan sus imágenes muy cerca del neorrealismo y el lirismo. Y sino cómo describir esos esqueletos enormes de edificios a medio descubrir rodeados de un barrizal. “En sus obras no pasa nada. No hay un elemento narrativo concreto. Lo que registra es el existir mediante la fusión de la abstracción y un sentido plástico y de la composición muy fuerte. Por eso se puede hablar de un neorrealismo existencialista”, prosigue Martín.

Casa en Somosaguas, de Paco Gómez.
Casa en Somosaguas, de Paco Gómez.

Abstracciones

Foto Colectania expone también 40 portadas de la revista Arquitectura, que editaba cada mes el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, una publicación pionera en su época dirigida a un sector profesional, para la que Gómez trabajó durante 15 años; unos trabajos que lanzaron a la fama a Gómez después de que su director, Carlos de Miguel, quedara subyugado de su estilo y su visión poética. “En estos trabajos Gómez se fija en los problemas de la vida de la ciudad y sus transformaciones”, explica Martín que no duda en calificar las imágenes de Gómez de archivo fotográfico al que se acude en diferentes ocasiones para seleccionar imágenes no publicadas o para volver a publicar algunas otorgándoles un nuevo sentido. Muchas van más allá de las imágenes de arquitectura al uso y son abstracciones a partir de grafitis, carteles desgarrados o fragmentos de muros, temas por los que Gómez sentía auténtica devoción.

Solitarios retratados

En el excelente catálogo editado para la exposición puede verse una selección de sus retratos, tanto de personas anónimas, como de arquitectos —creadores de los edificios que tanto le gustaban—, colegas de profesión, artistas en sus estudios y autorretratos, la mayoría en la sastrería donde trabajaba toda la semana. En la mayoría, los retratados aparecen como seres solitarios y pensativos que muestran una componente existencial y que no dejan de mirar a la cámara, interrogándonos.