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Manzanas agridulces en un mundo rural desolado

Emma Vilarasau encarna en el Lliure la lucha de una campesina inglesa en ‘Si mireu el vent d’on ve’

Eduard Farelo y Emma Vilarasau durante la representación del montaje.
Eduard Farelo y Emma Vilarasau durante la representación del montaje.

Nell Leyhson cree que en la manzana “está todo”. Para empezar, dice esta autora inglesa, nuestra esencia. El fruto rojo, origen del “pecado original”, según la Biblia, nos trajo las desdichas de la mortalidad. La manzana también nos traslada al campo y al duro entorno al que, durante siglos, se han visto y se ve, arrastradas las personas que viven de la tierra.

La relación que se establece entre los seres humanos y la tierra siempre han fascinado a Leyhson. Una “obsesión” que en 2005 le llevó a escribir Comfort Me With Apples, (Consuélame con manzanas). La obra, que se estrenó en 2005 en el Hampstead de Londres, nos presenta a una inestable familia de campesinos que trabaja en un cultivo de manzanas. La matriarca de la granja, Irene, sobrevive, junto a su hermano y su hijo, a la aspereza del mundo rural inglés.

La dramaturga explicaba la semana pasada el proceso de creación de los cinco personajes de la trágica familia en el Teatre Lliure, al lado de su director, Lluís Pasqual, con motivo de la presentación de Si mireu el vent d'on ve, la adaptación dirigida por Fernando Bernués que se ha hecho de la pieza original, que se estrena hoy en la sede de Montjuïc y que protagoniza Emma Vilarasau, en el papel de Irene.

Tras ver el pase de la obra, que ha traducido Marc Rosich, la autora dice haber quedado fascinada. Trece años después de su estreno, la pieza, que estuvo nominada en los premios Olivier, los más prestigiosos del Reino Unido, se representará en el escenario grande del Lliure, cuyo tamaño, observa Vilarasau "sirve para empequeñecer a los personajes y poner de relieve su soledad y la crueldad en la que habitan”.

Para entender el frío carácter y la rudeza de la familia de Irene hay que viajar a la adolescencia de Leyhson, procedente del sureño condado de Somerset que, con 12 años, conoció un humilde pueblo de “casas primitivas” cerca de su Glastonbury natal. La escritora se colgaba una mochila y pasaba muchos momentos con familias de campesinos. "Parte de la obra viene de ese contacto”.

En la presentación del montaje, la dramaturga inglesa asentía mientras escuchaba a Vilarasau describir el “animal” que es Irene, una mujer “que va hacia delante sin aceptar lo que pasa a su entorno”. Esta ama de una finca de cultivo de manzanas se reencuentra con su hija Brenda (Laura López) tras haber perdido el contacto durante mucho tiempo.

Vilarasau habla de una familia que “no empatiza”, de unos personajes “que no explican lo que les pasa y que, de alguna manera, se autodestruyen”. Para Eduard Falero, que encarna a Len, el hermano de Irene, los personajes llevan puesta una “coraza sentimental que provoca que el espectador tenga que hacer de detective”.

Fernando Bernués hace una “lectura política” de la obra que, para él, es un retrato de la dureza de la vida rural y de unos campesinos y granjeros “que no pueden competir con el sistema neoliberal” de producción.

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