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El olor a basura de Valdemingómez llega a las casas de 700.000 vecinos

Los expertos han calificado los hedores de la zona en cuatro tipos: "basura”, “aceitoso”, “biogás” y “quemado-ceniza”

 Centro de tratamiento de residuos La Galiana, en Valdemingómez.
Centro de tratamiento de residuos La Galiana, en Valdemingómez.

Unas 700.000 personas, residentes en un radio de 10 kilómetros en torno a los gigantescos vertederos de Valdemingómez y su incineradora, están afectadas en diversos grados por unos pestilentes olores (calificados como “basura”, “aceitoso”, “biogás” y “quemado-ceniza”) procedentes de las instalaciones de tratamiento de residuos. Las asociaciones vecinales han presentado demandas por vulneración de derechos y reclaman al Ayuntamiento de Madrid y a la Comunidad que pongan fin a su suplicio. De momento, no hay soluciones oficiales. Valdemingómez trata 1,2 millones de toneladas de basura al año.

Mariví Espejo-Saavedra, vecina del barrio del Ensanche de Vallecas, lo explica así: “Por las mañanas cuando salgo con mis hijos a iniciar la jornada recibo casi a diario una bofetada de olor pestilente. A veces huele a quemado, otras un olor ácido, otras a basura. Y muchas veces cuando volvemos al barrio después de trabajar encontramos lo mismo, impidiendo que podamos disfrutar de salir al parque, ir a hacer un recado o practicar un deporte al aire libre por ejemplo”.

La contaminación que sufre Madrid no se limita a la boina de gases que cubre la capital cuando las condiciones meteorológicas son adversas. Hay otro tipo de contaminación, la odorífera, que no se percibe con la vista, pero que sufren casi a diario los vecinos de las localidades cercanas a la planta de Valdemingómez, donde se tratan 1,2 millones de toneladas de residuos urbanos al año.

Los desarrollos urbanísticos de Vallecas, Rivas-Vaciamadrid y Getafe han crecido enormemente en estos últimos años y se ha construido muy cerca de esta planta, desde donde que se producen muy frecuentemente olores fuertes debido a los procesos de compostaje, gestión de residuos en el vertedero y extracción y tratamiento de biogás. El olor, y dependiendo de los vientos, también puede alcanzar, aunque en menor medida a los distritos de Vicálvaro, Moratalaz, San Blas y Villaverde.

“La incineradora debería ser ubicada en otra parte”

En 2020 vence el actual contrato entre el Ayuntamiento y la Urbaser para la gestión de la planta de Las Lomas en Valdemingómez, donde se encuentra la incineradora. El Consistorio está elaborando un plan de residuos para los próximos diez años en el marco de las obligaciones establecidas en la Unión Europea y la Comunidad.
Varias asociaciones vecinales y ecologistas, así como la plataforma Alianza Incineradora de Valdemingómez, para reclamar el cierre de las instalaciones.
Han presentado, además, numerosas quejas en la página de reclamaciones del Ayuntamiento y en el portal municipal Decide Madrid. Han pedido también la ayuda del Defensor del Pueblo y han colgado pancartas en sus terrazas como protesta.
“Estamos organizando charlas informativas con el objetivo de conseguir que los vecinos sean conscientes de lo que la quema de nuestros residuos supone para la salud de los que nos encontramos en un radio de 10 kilómetros de la incineradora”, señala Rosa María Pérez, de la asociación vecinal del PAU de Vallecas.
“Debería reubicarse la incineradora donde no perjudique a nadie. Mientras se consigue, es imprescindible hacer en la actual planta las inversiones previstas para paliar los olores y las consecuencias para la salud pública de tener una incineradora cerca de las viviendas”, comenta la residente Beatriz Moreno.

El Ensanche de Vallecas es una de las zonas más afectadas, ya que algunas viviendas están a tan solo dos kilómetros de Valdemingómez. “Desde la llegada de los primeros vecinos al barrio en 2006, comenzamos a reclamar su solución a la junta municipal, pero se nos negaba la existencia del problema. A partir de ahí comenzamos la recogida de datos mediante formularios que rellenaban los vecinos cuando detectaban el mal olor para demostrar su existencia. Movilizaciones, recogida de firmas, reclamaciones al Defensor del Pueblo y promovimos la interposición de una demanda colectiva por vulneración de derechos fundamentales, por aquellos vecinos que quisieron demandar”, explica Rosa María Pérez, presidenta de la Asociación de Vecinos del PAU de Vallecas.

Adelfo Moreno, otro afectado, describe así su día a día: “No podemos hacer una vida normal. Cada mañana, para ventilar, tengo que abrir despacio las ventanas y meter la nariz. Si huele, no ventilo y cierro la ventana rápidamente. No me puedo bajar a la calle con una ventana abierta, porque si cambia la dirección del viento, el olor se queda dentro”.

En 2013, la asociación vecinal encargó su propio estudio olfatométrico, un informe que concluye que “la contaminación odorífera ni es mínima, ni es inevitable, ni es asumible”. El informe detectó cuatro tipos de olores: basura —el que se presenta con mayor frecuencia—, aceitoso, biogás y quemado-ceniza. Las mediciones superaban “ampliamente el 10% considerado como aceptable para zonas residenciales”.

Tras un periodo de conversaciones infructuosas con el Ayuntamiento de Madrid, en mayo de 2016 se firmó para la eliminación de la contaminación odorífera del Complejo Tecnológico de Valdemingómez. El Consistorio reconoció “un problema grave” y se comprometió a tomar medidas, pero estas no han producido avances significativos. La Comunidad de Madrid también admite que el actual modelo de gestión de residuos es insostenible, ya que la mayor parte de basuras urbanas (más del 70%) acaban en vertederos saturados.

Envenenamiento de aves

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid llevó a cabo un trabajo sobre la contaminación de la incineradora de Valdemingómez, entre 1997 y 2000, que reveló significativos niveles de envenenamiento de aves por metales pesados. Estos estudios derivaron posteriormente en una denuncia por parte de la Fiscalía de Madrid contra Valdemingómez por el “descontrol” de la planta incineradora que acompaña a los vertederos.

Existen estudios que relacionan dichas emisiones con un aumento de la incidencia de distintos tipos de cáncer, tal y como señalan los médicos del Grupo de Estudios sobre Incineración y Salud (GEIS). “Desde tumores hematológicos como linfomas de Hodgkin o leucemias, sarcomas de partes blandas, mesoteliomas (sobre todo pleurales) y otros como de páncreas, mamá, colorrectal, ovario y otros”. Ernesto Vicencio, vecino de la zona, concluye: “Nadie da una solución lógica a esta situación, y el problema es que seguirá empeorando según vaya pasando el tiempo”.

 

 

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