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Adolf Loos, el albañil que sabía latín

El Museo del Diseño de Barcelona inaugura una retrospectiva del arquitecto vienés, pionero del movimiento moderno

Dos de las sillas del Café Museum realizado por Loos en Viena en 1899 y fotografía del establecimiento.
Dos de las sillas del Café Museum realizado por Loos en Viena en 1899 y fotografía del establecimiento.

El modernismo, variante español del art nouveau francés, Jugendstil alemán, modern style en los países anglosajones, nieeuvwe kunst en los Países Bajos, liberty en Italia y Sezession en Austria, estilo paneuropeo que rompió con el academicismo y propugnó una estética inspirada en la naturaleza, tuvo grandes detractores. Entre ellos, Adolf Loos (Brno 1870-Viena 1933), un pionero del movimiento moderno y racionalista en la arquitectura que luchó por acabar con el exceso de la ornamentación y romper con el historicismo.

Creador de interiores y diseñador de mobiliario con el que dotarlos para la vida, siempre lejos del recargamiento que imponía el estilo predominante, Loos renovó la estética en la Viena de 1900, proponiendo una simplificación de espacios, líneas y volúmenes, lejos de los interiores burgueses “llenos de objetos inútiles”. El Museo del Diseño de Barcelona, junto a la Obra Social de La Caixa ha reunido más de 120 muebles (218 piezas) diseñados para decorar los espacios que creó entre 1899 y 1931, sobre todo en el Ringstrasse, el Eixample vienés en la exposición Adolf Loos. Espacios Privados (hasta el 25 de febrero). Las obras, que conforman la exposición más completa realizada hasta ahora del arquitecto, provienen de la colección particular de Jules Hummel y de centros como la Albertina Museum o la Universidad de Múnich.

Recreación del salón de la Villa Müller, con la mesa turca y el sillón con descanso para las rodillas, en la exposición del Museo del Diseño.
Recreación del salón de la Villa Müller, con la mesa turca y el sillón con descanso para las rodillas, en la exposición del Museo del Diseño.

Loos, que defendía que un arquitecto era “un albañil que sabía latín”, dejó otras frases célebres, entre ellas el epitafio que mandó poner a su familia al morir: “Adolf Loos. Liberó a la humanidad de trabajo inútiles”.

“El Duchamp de la arquitectura”

Viniendo de Pilar Parcerisas no es de extrañar que Marcel Duchamp esté presente en la muestra. Según la comisaria, entre Loos y el controvertido y el influyente artista, hay muchos puntos de contacto entre ellos, hasta el punto de que califica a Loos como “el Duchamp de la arquitectura”.

“Como con los infraleves que aluden a la fenomenologia de lo imperceptible. El calor de un asiento que se acaba de dejar o los vahos sobre superficies pulidas, de Duchamp, tienen mucho que ver, según la comisaria, con los interiores del arquitecto, que van desde la frialdad del mármol a la calidez de la alfombra, del granito pulido al rugoso, del tejido liso al peludo, de sillas y sillones tapizadas en seda, cuero o terciopelo”.

“Loos creó edificios desde el interior. No le importaban las fachadas, ya que eran el resultado de los espacios”, explica Pilar Parcerisas, comisaria de la muestra de gran impacto visual que utiliza enormes fotografías de los interiores de cafés, viviendas y comercios creados por Loos como decorados donde coloca algunos o muchos de los muebles del arquitecto y se evocan esos espacios originales. El hecho de que los muebles muestren marcas de uso y desgaste, sobre todo en las tapicerías y patas, le dan un aspecto de “objetos vividos”, tal y como los califican la directora del museo Pilar Vélez. “En los espacios interiores encontramos al Loos más revolucionario”, defiende la comisaria Parcerisas.

A Loos se le puede identificar por la mezcla de muebles de estilos diferentes que decoran sus espacios. Sillas contundentes de patas chippendale con otras ligeras interpretaciones de las famosas y ligeras thonet y reinterpretaciones de mobiliario inglés, que tanto admiraba, ya que consideraba el más práctico y resuelto para sus funciones. Casi todas rematadas con topes metálicos o ruedas. Entre las piezas el sillón new shaped easy chair de Hampton & Sons, las sillas de mimbre o las liberty, los sillones biedermeier o los sofás chesterfield, junto a mesas de inspiración turca o taburetes egipcios y alfombras orientales.

Adolf Loos, en una foto de alrededor de 1904.
Adolf Loos, en una foto de alrededor de 1904.

La exposición arranca con los orígenes a partir de la obra de Otto Wagner que representa el salto desde el historicismo a la nueva arquitectura de las grandes ciudades, además del corpus teórico y la bibliografía completa de Loos. Luego sigue con algunas de sus creaciones, como el luminoso Café Museum (1899), la Villa Müller (1903-1931) o la Casa Turnowsky, con muebles que diseña o personaliza de otros por su funcionalidad.

Le siguen espacios femeninos como el de Lina Loos, su primera mujer, (digno de un hotel actual de Las Vegas), en contraposición con un sobrio despacho masculino como el de la Casa Friedman. La muestra se cierra con las maquetas de muchas de las obras que no se realizaron (pocas de las más de 230 proyectos que diseñó), como el Tribune Column de 1922, un rascacielos que parte de una gigante columna dórica, el Grand Hotel Babylon de 1923, que reproduce una gran pirámide o la casa que creo para la cantante Josephine Baker, de 1927, creada a base de la alternancia de mármoles blancos y negros.

Tras Barcelona, la exposición viajará luego a Caixaforum Madrid del 28 de marzo al 24 de junio de 2018