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La Xunta extiende la alerta por sequía a toda Galicia

Los ayuntamientos de más de 20.000 habitantes deben presentar en los próximas días sus planes de emergencia ante una caída de la pluviosidad del 65% respecto a la media

Bomberos de Padrón (A Coruña) suministran agua a viviendas desabastecidas por la sequía.
Bomberos de Padrón (A Coruña) suministran agua a viviendas desabastecidas por la sequía.

Galicia se prepara para ahorrar agua. La alerta por sequía decretada el pasado octubre para las zonas incluidas en la demarcación Miño-Sil (básicamente las provincia de Ourense y Lugo, además de la comarca leonesa de El Bierzo) se extiende desde este lunes también a la cuenca costera (las provincias de A Coruña y Pontevedra), hasta ahora en prealerta. Los ayuntamientos de más de 20.000 habitantes serán requeridos en los próximos días por el Ejecutivo autonómico para que detallen sus planes de emergencia y las medidas que adoptarán para restringir el consumo.

En el caso de la cuenca del Miño-Sil, el presidente de este organismo, Francisco Marín, ha precisado que en 2017 las precipitaciones cayeron un 40% con respecto a los valores normales y la situación “empeora”, de forma que en las pocas semanas del nuevo año hidrológico, iniciado en octubre, el déficit de lluvias es ya del 65%.

Aunque la Xunta confía en que las borrascas dejarán lluvias a partir del próximo día 10, es consciente de que ello no será suficiente para paliar el grave déficit de agua: el caudal de los ríos gallegos es un 80% inferior al habitual en esta época del año, según ha informado este lunes el director de Augas de Galicia, Roberto Rodríguez tras la reunión de la Mesa Técnica da Seca celebrada en Santiago.

Apenas 24 horas después de la manifestación con la que miles de vecinos del municipio pontevedrés de Ponte Caldelas expresaron este domingo su malestar por el plan hidráulico de la Xunta que contempla el bombeo del río Verdugo hasta el embalse de Eiras para garantizar el suministro en el área metropolitana de Vigo, Augas de Galicia confirma que reducirá al máximo el caudal ecológico del embalse, “la medida mas extrema que se puede adoptar medioambientalmente” y anuncia que no descarta nuevos trasvases en otras zonas afectadas como A Coruña.

El responsable de Augas de Galicia, no obstante, putualiza que no hay mayor riesgo de desabastecimiento y justifica que las medidas adoptadas pretenden “proteger el agua que tenemos”, informa Europa Press.Por su parte, el alcalde de Vigo, Abel Caballero, ha precisado este mismo lunes que el agua de la traída es “totalmente potable” pese a que se aprecie cierta turbidez, y ha asegurado que el informe de la concesionaria municipal, Aqualia que calculaba que quedan 25 días de suministro apto para el consumo humano “está mal leído”.

No es mejor la situación en el caso de la cuenca hidrográfica del Miño-Sil. El presidente de este organismo ha calificado este lunes el momento actual de “excepcionalidad” destacando que el año hidrológico 2017-2018 se ha iniciado con un 65% menos de precipitaciones respecto a la media lo que provocará que se incumplirá “por primera vez” el convenio de Albufeira. Este acuerdo determina el valor trimestral del agua que llega a Portugal, un caudal que ha bajado a la mitad (ha pasado de 440 hectómetros cúbicos a 201). “Si la situación no fuera excepcional estaríamos obligados a desembalsar agua”, ha puntualizado.

El bajo nivel de los caudales (de 34 metros cúbicos por segundo en el Miño a su paso por Ourense cuando debería ser de 220 y de 18 puntos por debajo de la media, aguas arriba, a su paso por Lugo) no impide, no obstante, que esté garantizado el abastecimiento para el consumo en los núcleos de población de más de 20.000 habitantes en el caso de que las precipitaciones mantengan un nivel similar al del año hidrológico 2016-2017, “el más bajo de la serie histórica”, aseguró Marín.

El presidente del organismo de cuenca Miño-Sil sostiene que la situación de sequía obliga a las hidroeléctricas a utilizar otros recursos como combustibles fósiles y advierte que los ayuntamientos deberán empezar a reutilizar las aguas residuales para baldeos o riego de jardines además de arreglar la infraestructura de las redes por las que se pierde, puntualiza, en torno al 30% de agua.