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RAP Arkano

El rapero diferente

El joven alicantino ofrece ingenio, compromiso LGTB y feminista y una capacidad sencillamente asombrosa para la improvisación

El rapero Arkano, días antes de su actuación en Madrid.
El rapero Arkano, días antes de su actuación en Madrid.

Resulta difícil no cogerle cariño a un tipo como Arkano, el rimador más atípico de nuestra escena, que este miércoles casi llenó la Joy Eslava con un público bisoño, chandalero, entregado, divertido. Guillermo Rodríguez es un jovencito locuaz, improvisador sencillamente asombroso, chaval comprometido y sensible, antiguo gordito que ha logrado aplacar el apetito para quedarse más tiposo. Para el estreno de Bioluminiscencia, esperadísimo primer disco, se dejó el pellejo: exhibiciones rimadoras a partir de palabras que le sugería el público, cartones a la entrada de la sala para que escribiésemos “cómo cambiar el mundo” y hasta cócteles humeantes con algún brebaje que cambiaba de color. Paréntesis: daba algo de repelús, pero sabía rico.

Arkano es el rapero diferente, adjetivo que además da título a una de sus piezas más críticas, mitineras y meritorias, una reivindicación preciosa de la diversidad. Le acompaña durante casi toda la sesión Klau (Claudia Gandía), mujer que aporta una voz casi negroide y un posicionamiento feminista tan rotundo como necesario. “Seguiremos con nuestro discurso, aunque a muchos no les guste”, avisó el rapero alicantino, que dejó para casi el final su Único, lúcido alegato para normalizar las salidas del armario y un canto por la pluralidad y el respeto. Parece elemental, pero la vida cotidiana demuestra que aún no lo es.

Antes acontecieron Get in the zone, donde Guillermo rapea a una velocidad inimaginable; Bioluminiscencia y su rollo casi reggae y un hilarante consultorio en el que se vio obligado a ofrecer soluciones sobre tobillos, calcetines o ternura. Sin un solo titubeo. Solo hay un problema: a Buenafuente le funciona Arkano durante cinco minutos, pero hora y pico de rapeo equivale a un empacho de consideración. Incluso con este chaval de 23 años tan lúcido y simpático, tan acaparador de abrazos. Y de besos: como el que le concedió en la boca Juan (estudiante de periodismo, 18 años) en el reto Beso o tartazo, tras unas rimas nuevamente improvisadas e ingeniosísimas sobre la profesión de los plumillas (añadan el emoticono del guiño para la versión digital).

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