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¿Cuántas cabinas quedan en España?

Los teléfonos públicos que permanecen en uso en España son 18.000, lejos de los 55.000 de finales de los años 90

Un hombre vestido de Super Mario utiliza una cabina de teléfonos en la Puerta del Sol de Madrid.
Un hombre vestido de Super Mario utiliza una cabina de teléfonos en la Puerta del Sol de Madrid.

La ciudad de Madrid dispone todavía de 1.000 cabinas de teléfonos, que se suman a otras tantas en el resto de la región. Esos 2.000 terminales son el 11% de los 18.000 que quedan en toda España (frente a los 55.000 que había a finales de los 90). La mayoría de ellas registran una media de poco más de una llamada al día, según los datos de Telefónica, encargada de ofrecer un servicio ahora deficitario. En los tiempos de los teléfonos móviles, el futuro de estos terminales es incierto.

Una campaña publicitaria de México en 2015 jugaba con la idea de dejar a varias personas ante un teléfono fijo, sin tener a mano su móvil. “Llame a quien quiera”, les decían. “No tengo el número de nadie, porque uso celular”, respondía una joven. Sin embargo, al final todos acababan recordando el teléfono que hay que saberse de memoria, el de su madre. “El número del corazón”, señalaba emotivamente la campaña.

Ese anuncio muestra cómo han cambiado los hábitos de comunicación. Hace unos años, las cabinas formaban parte del día a día, y era usual saberse de memoria varios números, o llevarlos siempre a mano. Con la popularización de los móviles, su uso ha decaído tanto que ahora incluso resulta curioso ver a una persona acercarse a una de ellas, meter unas monedas y hablar. Sin embargo, estos locutorios públicos siguen en la calle.

Fotografía del primer teléfono público de España, instalado en 1928 en Viana Park, en el parque del Retiro. ampliar foto
Fotografía del primer teléfono público de España, instalado en 1928 en Viana Park, en el parque del Retiro.

Madrid tiene una larga relación con estos terminales: el primer teléfono público de España se instaló en 1928 en Viana Park, dentro del parque del Retiro. Luego llegarían muchos más. En su momento álgido, en 1999, llego a haber 55.000 cabinas en todo el país, de las cuales 10.000 se ubicaban en la región (la mayor parte de ellas, en la capital). Si incluimos las existentes en recintos privados, la cifra alcanzaría los 100.000 terminales. Desde aquel año, se han ido reduciendo a un ritmo de unas 5.000 anuales.

Según los datos de Telefónica, obligada a mantener la concesión durante 2017, en la Comunidad de Madrid quedan todavía unas 2.000 cabinas, la mitad de ellas en la capital. Suponen aproximadamente el 11% de las entorno a 18.000 que permanecen en uso en España. Para hacer una comparación, en la región hay ocho millones de "accesos", que según Telefónica incluyen fijos, móviles y otros apartados. Una usuario que contrate Movistar Fusión, por ejemplo, suele tener cinco accesos: dos móviles, un fijo, televisión por cable y fibra óptica.

Una portavoz de la empresa explica que alrededor de la mitad de los teléfonos públicos no emiten ni una sola llamada al día. En total, las cabinas situadas en la vía pública cursan ahora unas 700.000 llamadas al mes, lo que significa unas 41 llamadas por teléfono y mes o, haciendo la media, 1,37 llamadas por teléfono y día. “La extensión del uso del móvil ha provocado una caída media interanual sostenida del uso medido en minutos de las cabinas del orden del 32% en los últimos tres años”, señala la portavoz.

Un joven utiliza una cabina telefónica.
Un joven utiliza una cabina telefónica.

Con estas cifras ya no son rentables y ninguna empresa quiere hacerse cargo de ellas, pero el Gobierno obligó a Telefónica a mantener la concesión al menos durante este año. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia fija una compensación para la compañía que se haga cargo de ellas que, en 2014, fue de 1,4 millones de euros, pero Telefónica estima que el servicio cuesta unos cinco millones.

Ninguna empresa quiere estos locutorios

Ninguna empresa quiere hacerse cargo de los teléfonos públicos en España. Este año, el concurso público para mantener este servicio quedó desierto. El Gobierno tomó entonces la decisión de obligar a Telefónica a prorrogar su concesión, que incluye el servicio de cabinas y el de guías telefónicas durante 2017. Todavía no se sabe qué ocurrirá después, aunque se deja la puerta abierta a una prórroga hasta 2018.

Para dejar claro que este tipo de teléfonos no forman parte de sus líneas estratégicas, Telefónica informó a finales de junio de que eliminaba su filial de cabinas y teléfonos públicos, denominada Telefónica Telecomunicaciones Públicas (TTP), que ha pasado a absorber Telefónica de España, la matriz española del grupo.

Vandalismo

Es obligatorio que estos locutorios públicos funcionen con monedas y, por ello, uno de los problemas que padecen es el vandalismo. Precisamente por eso, desde Telefónica no pueden revelar cuál es la cabina que más recauda en Madrid; sí cuentan, en cambio, que las más rentables están en las zonas más turísticas y con más afluencia de gente.

Las cabinas de la Puerta del Sol, por ejemplo, están infrautilizadas. A la una de la tarde del viernes, solo un joven se atrevió a descolgar el teléfono: Anurag, un estudiante indio de vacaciones. Echó una moneda, que la máquina le devolvió una y otra vez: "He perdido a mi grupo y estoy tratando de localizarles", explicaba angustiado. Los comerciantes cuentan que es raro ver a alguien utilizar estos teléfonos obsoletos.

La evolución de las cabinas ha seguido el mismo destino que las guías de teléfonos, que durante años se enviaron a los domicilios de quienes disponían de una línea fija. Hoy, toda la información está en internet (en www.paginasblancas.es), por lo que la guía solo se envía —gratuitamente— si algún usuario la solicita. En el momento álgido, se llegaron a enviar 12 millones de guías al año; el año pasado solo se enviaron un centenar a toda España (unas 20 en Madrid).

¿Y qué será de las cabinas en el futuro? En países del entorno, como Francia, Bélgica y Dinamarca, han dejado de ser un servicio público; en Italia las están retirando y en Alemania no existe el servicio universal como tal. Las que permanecen en la vía pública lo hacen siguiendo criterios de mercado y de rentabilidad. Es probable que en España ocurra lo mismo pronto. Entonces, quizá hasta se nos olvide aprendernos de memoria el número de mamá.

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