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Picasso paternal en Perpiñán

Una exposición recuerda las estancias del pintor en esta ciudad entre 1953 y 1955 rodeado de hijos, amantes y amigos

Claude, Pablo y Paloma Picasso, en 1954.
Claude, Pablo y Paloma Picasso, en 1954.

La relación de Pablo Picasso con el sur de Francia fue grande e intensa. Sus estancias en localidades como Antibes, Avignon, Nimes, Ceret, Prat de Molló, Colliure, Perpiñán, Cannes, Vauvenargues, donde adquirió un castillo en 1958, o Mouguins, donde falleció y fue enterrado en 1973, cambiaron su paleta y condicionaron su forma de pintar. A Perpiñán lo llevó el desengaño amoroso de su relación con Françoise Gilot, que daba los últimos coletazos, y su amistad con los condes de Lazerme, Jacques y Paule, que lo invitaron al palacete que tenían en el casco antiguo de esta ciudad donde pasó varias temporadas entre los años 1953 y 1955. Picasso no fue nunca solo, siempre estuvo acompañado de personas de su entorno, sobre todo familiares, como Claude y Paloma, los hijos que tuvo con Françoise, además de Paulo, hijo de otra pareja de Picasso, Olga, y Maya, hija de Marie-Thérèse, a los que se unía Cathy, la hija de Jacqueline, la última pareja del pintor. A este núcleo familiar se unieron amigos comunes de los condes y de Picasso como fue Totote, viuda del escultor Manolo Hugué, gran amigo de juventud del artista, y su hija Rosita. Este grupo variopinto de personas protagonizan de una forma y otra la exposición Picasso. Perpiñán. El círculo de la intimidad. 1953-1955, que se inauguró ayer en el palacio de los Lazerme en el que todos coincidieron hace más de medio siglo.

Uno de los retratos de Jacqueline hecho por Picasso y una de las fotografías en la que aparece de pie junto con tres de los hijos del pintor.
Uno de los retratos de Jacqueline hecho por Picasso y una de las fotografías en la que aparece de pie junto con tres de los hijos del pintor.

“El gran interés de esta exposición es que se celebra en el mismo lugar donde pasaron los hechos”, explica Eduard Vallès, comisario de la muestra, conservador del MNAC y experto en Picasso, que ha creado una muestra elegante en la que destacan 11 grandes óleos del pintor, retratos de todos estos personajes llegados, en su mayoría, de museos de la capital francesa como el Museo Picasso de París o el Pompidou, pero también de colecciones particulares. En el caso de sus parejas permite ver cuál es el estado de la relación con ellas por la forma en la que las ha pintado, pero también el universo colorista y alegre de los pequeños mientras juegan. También pueden verse una buena colección de piezas cerámicas creadas por Picasso que regaló a los Lazerme y objetos que recuerdan la presencia del artista, como los exquisitos papeles recortados que el artista hacía a sus hijos, todos inéditos; los dibujos realizados sobre portaservilletas de papel donde Picasso puso el nombre de todos los reunidos a la mesa, además de una imagen alusiva a su trabajo o aficiones. Entre las piezas inéditas que proporciona la muestra, un poema de Picasso escrito en 1954 en el libro de visitas de sus anfitriones y que pertenece a una de las colecciones privadas que ha proporcionado muchas de estas obras.

Picasso dentro del palanquín junto a sus hijos Paloma y Claude, en 1954.   ©Fond  s  Raymond Fabre  ©succession Picasso  2017
Picasso dentro del palanquín junto a sus hijos Paloma y Claude, en 1954. ©Fond s Raymond Fabre ©succession Picasso 2017

La exposición cuenta con más de 40 fotografías realizadas en su mayoría por Raymond Fabre, que tenía taller fotográfico en la localidad, el Studio Visages; unas imágenes en las que puede apreciarse cómo Picasso está relajado, disfruta de la compañía de sus hijos y, lejos de los problemas personales y sentimentales que le preocupan, incluso en momentos tensos, como tuvo que ser el compartir mesa con Jacqueline (su compañera del momento) y Françoise, que había ido a llevarle a sus dos hijos; las instantáneas dejan ver cómo estas estancias fueron un bálsamo y cómo Picasso se sentía como en casa, apenas a unos kilómetros de la frontera con España, lugar al que había jurado no volver nunca mientras siguiera en el poder Franco. “No es que pintara estas obras durante su estancia, pero sí tienen mucho que ver con sus vivencias aquí”, explica Vallès, que deja claro una y otra vez que las estancias en esta ciudad no fueron profesionales sino para reencontrarse con sus amigos.

Pero lo más sorprendente de la exposición es ver algo poco habitual, como son imágenes en movimiento de Picasso. Grabadas por Jacques Lazerme, en uno de los tres fragmentos, de algo más de un minuto, que se proyectan sobre las paredes, se ve al pintor con Jacqueline y Paule Lazerme paseando por los jardines de La Californie, la casa de Picasso en Cannes. En otra, los protagonistas salen de la mansión de los Lazerme, pasean por las calles, hablan entre ellos, ríen y comen. En un momento dado, Picasso pasa por delante de la cámara con sus enormes ojos, mira directamente a la cámara y parece que quiera regresar a ese entorno en el que no cabe duda de que fue feliz.

'Mujer con collar amarillo', de Picasso.
'Mujer con collar amarillo', de Picasso.

La catalanidad de Picasso es el guiño final del recorrido propuesto por Vallès en base a iconos como la barretina o la sardana. “En 1895, con catorce años, pintó, junto a varios esbozos, el perfil de la cabeza de un hombre tocado con una de ellas”, explicó Vallès. El dibujo, que conserva el Museo Picasso de Barcelona, puede verse junto a Cabeza de hombre con boina, realizada dos años antes de morir, en la que la boina es claramente una barretina; están junto a varias fotos y primeros planos, donde Picasso luce, cómodamente, una barretina.

La reapertura del museo de Perpiñán, tras invertir nueve millones de euros y casi tres de obras, convierte el nuevo museo de arte Hyacinthe Rigaud, artista nacido en Perpiñán que acabó siendo el retratista más importante de la corte de Luis XIV de Francia, en reclamo del turismo cultural que busca esta ciudad a la que ahora es más fácil llegar en AVE desde Cataluña. Además de la exposición temporal de Picasso (abierta hasta el 5 de noviembre), pueden verse más de 400 obras, desde el gótico hasta Arístides Maillol, el exilio español y las del propio Picasso, entre ellos tres de los cinco retratos que el artista hizo a madame de Lazerme, su anfitriona y amiga. En la exposición puede verse, por primera vez, el cuarto.