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Abanicos por la independencia, globos naranja por el ‘no’

La ANC y Sociedad Civil Catalana tienen casetas enfrentadas en la Feria de Abril

Los abanicos del sí al referéndum en la Feria de Abril.
Los abanicos del sí al referéndum en la Feria de Abril.

Por muchos años, la Feria de Abril que se celebra en el Fórum de Barcelona encarnó esa Cataluña que muchos preferían ignorar. Pero la fiesta, ahora libre de la sombra de corrupción de la época de Francisco García Prieto frente a la organización, no es ajena al cambio tectónico que vive la sociedad catalana. Este año, las casetas de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) (que debuta) y de Sociedad Civil Catalana (SCC) están frente a frente compitiendo por clientes y predicando sus correspondientes posturas.

“Por la tarde sí que hay más gente”, explicaba ayer a la hora de la comida uno de los voluntarios de la ANC que repartían un colorido abanico a los que se acercaban a la vacía Caseta del Sí. Un abanico caro de producir, por cierto, de cartón duro, satinado y a todo color. En la carpa de SCC, en el photocall Gente de España se podía posar por ejemplo de flamenca: sin embargo, no despertaba muchas simpatías.

A diferencia de las tradicionales hermandades rocieras, las carpas auspiciadas por partidos o las plataformas ciudadanas no tenían los fogones a plena marcha. Las visitantes, ataviadas con traje de faralaes, se las miraban ambas de reojo. “Vengo a pasarme un buen rato, no a ver política”, se quejaba María Martínez, vecina de Sant Boi de 62 años. Su hija lleva el abanico de la ANC y su nieta, uno de los globos que repartían en la caseta de Ciudadanos. La ideología se quedó en casa. “Aquí cabemos todos, es lo bonito de la feria”, explicaba Jordi Rafael, otro de los asistentes.

El PSC, el PDECat y ERC también tienen caseta. Los republicanos la llaman bodegueta. Hacer todo el montaje puede costar unos 15.000 euros y los malos resultados electorales han hecho que durante algunos años los partidos no participaran. ERC, por ejemplo, no venía desde 1998. Pese a ello, era difícil encontrar algún político catalán que no se paseara (a veces del brazo de García Prieto) por allí. Ahora los independentistas ven una oportunidad de oro para llegar a un público que consideran hostil. Y, mientras tanto, SCC busca marcar territorio.