Los animalistas centran en los ‘bous embolats’ su lucha contra el maltrato

Las fiestas de Aldover marcan el inicio de la temporada de 'correbous', que tuvo 195 festejos en 2016

Festejo taurino con 'bous embolats' en Amposta.
Festejo taurino con 'bous embolats' en Amposta.JOSEP LLUÍS SELLART

Los colectivos animalistas retoman sus movilizaciones para vigilar los correbous en las Terres de l’Ebre, cuya emporada arranca este fin de semana en las fiestas de Aldover (Baix Ebre). Animanaturalis ya ha anunciado que volverá a la carga para controlar el trato que reciben los animales y para documentar posibles vejaciones que vulneren la ley de protección animal. La entidad avanza que centrará su ofensiva en los bous embolats,una modalidad de festejo que prende fuego a unas bolas combustibles fijadas a los cuernos del animal.

El inicio de la temporada coincide con la celebración del juicio, el próximo 15 de mayo, contra tres aficionados a los toros que agredieron el año pasado a unas chicas que filmaban un correbou en Mas de Barberans y rompieron sus videocámaras. Aïda Gascón, portavoz de Animanaturalis y una de las víctimas del ataque, apunta que el colectivo va a retomar este año su labor de inspección de los festejos donde se sueltan vaquillas. “No hacemos nada malo y no nos vamos a dejar atemorizar”, afirma.

De hecho, Animanaturalis pone el foco en controlar los actos donde se programen bous embolats, una exhibición muy visual y que cuenta con un fuerte apoyo popular pero que es muy controvertida por los riesgos que comporta para la integridad física del toro. “Es lo más salvaje”, denuncia Gascón, muy crítica también con el bou capllaçat, que consiste en atarle una soga al cuello al toro y pasearlo al trote por las calles del pueblo.

En este sentido, Animanaturalis es consciente de que tratar de documentar embolats y capllaçats deja más expuestos a los activistas que cuando toman imágenes de los actos que se celebran en la plaza cerrada. “Grabar por la calle en medio de la gente, en lugar de hacerlo desde las gradas de la plaza, es más complicado”, cuenta Gascón. “Los embolats se celebran de noche para que el fuego tenga más impacto visual y, de noche, el alcohol fluye más”, añade.

La presencia de los animalistas en los festejos causa disgusto entre los aficionados y entre los peñistas, que suelen hablar de “provocación”. Desde hace dos temporadas, los Mossos d'Esquadra montan dispositivos de vigilancia y control en los eventos populares donde se sueltan vaquillas. Para evitar encontronazos, Animanaturalis ha pedido reiteradamente a los ayuntamientos poder disponer de un espacio propio, separado del gentío, donde poder grabar y documentar las evoluciones de la fiesta. “Los ayuntamientos no suelen colaborar con nosotros”, lamenta Gascón.

En las Terres de l’Ebre, el apoyo de ayuntamientos y alcaldes a los bous es prácticamente total. Varios representantes de ERC en el territorio desencadenaron hace unas semanas una tormenta interna en el partido al criticar abiertamente que la dirección se postulara a favor de prohibir los correbous y que se usase el logo oficial de los republicanos para repudiar las fiestas con vaquillas.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

En este contexto, este sábado se ha presentado en Amposta, epicentro de las fiestas con bous, un movimiento ciudadano que propone desvincularlos de las fiestas populares. La Plataforma Alternativa a la Festa Taurina nace como un canal crítico con el hecho de que las fiestas mayores lleven aparejada de manera incondicional la contratación de toros y vaquillas.

El delegado de la Generalitat en las Terrres de l’Ebre, Xavier Pallarès, ha pedido “serenidad” ante el inicio de la temporada de fiestas con bous. El delegado ha hecho un llamamiento popular para que no se reproduzcan los incidentes de la temporada pasada, campaña en la que, según la Generalitat, se autorizaron 195 jornadas de fiesta taurina.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS