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Fallece Manuel Ortuño Martínez, ‘mano derecha’ de Tierno Galván

Europeísta y teórico del turismo fue el impulsor de FITUR y consiguió instalar en Madrid la Oficina Internacional de Turismo

La muerte, ayer miércoles en Madrid, de Manuel Ortuño Martínez, arrebata de la política española contemporánea a uno de sus principales testigos durante el franquismo, desde el exilio y la Transición. España, Iberoamérica y Europa fueron tres de los principales escenarios en los que desplegó una actividad intelectual y política apenas sin tregua, orientada a incrementar el peso en ellas de las sociedades civiles desde una perspectiva democrática y librepensadora, en clave socialista.

Personalidad central en el exilio socialista en México y, a su regreso a España, edil de Relaciones Internacionales del Ayuntamiento de Madrid, fue hombre de confianza de Enrique Tierno Galván durante su mandato municipal. Bajo su supervisión, creó la Feria Internacional de Turismo FITUR y consiguió traer a Madrid la Oficina Internacional de Turismo, que consolidó la condición de España como superpotencia turística mundial.

Manuel Ortuño ha sido asimismo uno de los principales adalides del europeísmo español, de cuyos estudios y praxis fue destacado pionero, así como historiador, especializado además en el estudio del liberalismo español del siglo XIX y de la impronta de líderes liberales españoles en los procesos emancipadores frente al colonialismo hispano.

Manuel Ortuño había nacido en 1927 en Ayora, provincia de Valencia, en un valle que conecta el Levante con Castilla y que, según sus palabras, “confirió a mi personalidad la identidad transfronteriza que me llevaría hacia el europeísmo, el ibero-americanismo y el internacionalismo”. Hijo de un funcionario de la Sanidad Pública republicana, cuando contaba siete años su familia se trasladó a Ciudad Real que, durante la Guerra civil, pasaría a llamarse Ciudad Libre. Allí discurriría su adolescencia; de natural tímido y retraído entonces, invertía su tiempo en la lectura de novelas de aventuras, mientras la vida familiar acaecía en medio de penurias y estrecheces, como ha escrito su biógrafo manchego, José Belló Aliaga.

En 1943 la familia se desplaza a Valencia donde Ortuño supera el examen de Grado gracias a haber memorizado una cita patriótica y en latín de Ángel Ganivet, del cual, a la sazón, “no tenía la más remota idea, menos aún de la lengua latina”, según comentaba con una sonrisa. Ya en Madrid, comienza a estudiar Ciencias Políticas -se doctoraría en Historia de América- y su vida se impregna de una sed intelectual que el franquismo reprime.

A través de la UNESCO, entra en contacto en París con círculos europeístas de los que será portavoz en Madrid. Desde 1954, se despierta en él la comezón por la política; empleado en una agencia de viajes, una panfletada antifranquista realizada por él en solitario en la boca del Metro de Sevilla le llevará a la prisión de madrileña de Carabanchel, donde permanecerá encarcelado seis meses tras las revueltas estudiantiles de 1956, en las que aprovecha su tiempo para formarse en las filas de la oposición. De aquella época recordaba las visitas a la cárcel y el ejemplo de Dionisio Ridruejo, exfalangista que pasaría a las filas del antifranquismo y de la socialdemocracia.

Poco después, en 1961, Manuel Ortuño decide autoexiliarse en México, donde impartiría clases de Historia y Ciencia Política en las Universidades Nacional Autónoma e Iberoamericana, respectivamente, del Distrito Federal. Allí se desempeñaría como ejecutivo de empresas editoriales en México como Uteha (de 1965 a 1970), Promesa (de 1970 a 1972) y Nutesa-Santillana, entre 1972 a 1977. En la capital mexicana se integra desde su llegada en el colectivo socialista dentro del PSOE y de la Unión General de Trabajadores. Coeditor de la revista Vanguardia Socialista (1962 a 1964) fue editor, entre otras, de las revistas Nuevos Horizontes (1967-1968) y Tribuna Abierta (1976).

Al regresar a España en 1977, desarrolla su pasión por el Turismo -“afición a viajar por el gusto de conocer un país”, según lo definiría en uno de sus numerosos ensayos sobre el tema- que le llevaría a crear, bajo los auspicios de Tierno Galván, FITUR y conseguir la instalación en España de la Oficina Internacional de Turismo. Desde el Ayuntamiento de Madrid desempeñaría además la Secretaría General de la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas, por él creada con el estímulo y la presidencia de Tierno Galván, mentor, maestro y amigo de Manuel Ortuño. En 2016 ha recibido el reconocimiento del Ayuntamiento madrileño por su labor de entonces a manos de la concejala Rita Maestre.

Autor de una ingente producción histórico-literaria, en su libro Frente a Europa, Manuel Ortuño recorre las principales aportaciones al europeísmo realizadas por intelectuales españoles desde el propio Ángel Ganivet, figura que, ya sí, estudiaría en profundidad, hasta Miguel de Unamuno, Federico de Onís, María Zambrano, Pedro Laín Entralgo, Eugenio D’Ors –fundador, ya en 1909, de una Asociación por la Unión de Europa- Ernesto Giménez Caballero, José María García Escudero y Xavier Rubert de Ventós, entre otros.

Ortuño fue autor, entre otros títulos, de “Antología de las Historias Políticas”; “Introducción al Estudio del Turismo”; “Teoría y práctica de la Lingüística Moderna”; “Mina y Mier, un encuentro” y “Prim y la intervención tripartita en México”, así como numerosos ensayos. En toda su obra, Manuel Ortuño destacó por una laboriosa elegancia intelectual y una discreción que, lejos de los corsés de la corrección política, supo hacer perfectamente compatibles con un entusiasmo inmarchitable por el saber y su docencia. Y todo ello, desde un profundo amor a la libertad de pensamiento basada en un cosmopolitismo reflexivo y benevolente, difícil de hallar en la historia de las clases políticas españolas. Vecino del barrio de Chamberí, era viudo y padre de una hija y dos hijos.