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Un nuevo mirador en El Retiro

El hemiciclo del monumento a Alfonso XII afronta una restauración y el interior se abrirá al público

Obras de restauración del monumento Alfonso XIII.
Obras de restauración del monumento Alfonso XIII.

El conjunto monumental del Estanque Grande del Retiro, un gran hemiciclo bicolumnado que abraza un elevado pedestal rematado por la estatua ecuestre del monarca Alfonso XII (1857-1885), es considerado como uno de los hitos arquitectónicos y escultóricos más visibles de Madrid. Su estructura de vidrio, piedra y bronce, con escalinatas que descienden hasta la lámina del agua, proyecta sobre el estanque una esbelta silueta, erigiéndose en emblema del parque madrileño. El cuerpo del pedestal, hito central del monumento, será abierto al público en el mes de julio, según fuentes municipales. Tras el adecentamiento de su interior, recorrido por una escalera, este espacio hasta ahora vedado será visitable por el público. En su parte superior alberga un mirador acristalado.

El conjunto monumental afronta la restauración del hemiciclo y de la doble columnata que alberga, en una actuación municipal de gran envergadura, con un presupuesto de 60.000 euros, que durará hasta el verano. Así lo indica el andamiaje completo de un ala de la media circunferencia que envuelve el pedestal sobre el que se encarama, a 22 metros de altura, la estatua ecuestre del malogrado rey, muerto a los 28 años de edad. La efigie fue esculpida en bronce y a escala doble del natural por el escultor Mariano Benlliure, llamado por el arquitecto barcelonés José Grases i Riera, ganador del concurso convocado en 1887 por la reina regente y viuda de Alfonso XII, María Cristina de Habsburgo-Lorena. El enclave arquitectónico y escultórico no sería culminado e inaugurado hasta 1922, con la finalidad adicional de convertir el basamento de la estatua en archivo memorial del reinado alfonsino si bien, bajo el franquismo, el pedestal alojó una sección municipal de objetos perdidos.

En 1987, desde la Dirección de Servicios de Cultura, dirigida a la sazón por Javier Domingo, el mirador y la escalera de acceso fueron restaurados y se abrió al público al precio de una peseta. Se destinó a una funcionaria para regular el acceso, pero dimitió por las agresiones que sufría por parte de algunos individuos. El mirador se cerró y desde entonces quedó clausurado. Igualmente, los angelotes y leones que enmarcan las escalinatas, que eran inicialmente de caliza de Novelda y se hallaban muy deteriorados, fueron sutituidos por copias en bronce.

Las actuales obras de restauración y consolidación del hemiciclo las ejecutan las empresas Ates y Proyectos, Edificios y Contratas bajo la supervisión de Delegación municipal de Cultura y Deportes, concretamente de su Dirección General de Intervenciones en el Paisaje Urbano y Patrimonio, que regenta Marisol Mena. La tarea acometida se propone consolidar las cornisas, bóvedas y fustes de la enorme columnata que circunda el mausoleo, donde previsibles desprendimientos ponían en peligro el tránsito de paseantes en tan concurrido lugar del parque madrileño; el enclave, ahora cercado, de 86 metros de diámetro y 58 de profundidad, es muy transitado a diario y especialmente frecuentado durante los fines de semana, ya que en su lar se congregan percusionistas aficionados que aprovechan la acústica del hemiciclo y atraen con sus tambores y bongos a numerosos paseantes.

Los materiales de caliza de Novelda y revocos que decoran el monumento, hoy erosionados, van a ser sometidos a hidrofugado y en ocasiones, sustituidos, según fuentes municipales; sufren, además, la incesante presencia y anidamiento de aves, que la actuación emprendida trata de atajar. Así, las deyecciones de las palomas cubren zonas del conjunto monumental, concretamente la estatua ecuestre del rey Alfonso XII en bronce de color verde que hoy, sin embargo, presenta un aspecto blanquecino.

La erección del monumento fue promovida en 1887 por María Cristina de Habsburgo, viuda del monarca prematuramente fallecido. La primera piedra se depositó en 1902, en una solemne ceremonia que rubricó la primera intervención pública de Alfonso XIII (1886-1941), hijo póstumo del monarca efigiado. Las obras fueron sufragadas por suscripción nacional, con un fondo inicial de 250.000 pesetas aportado por la Corona. En el monumento se trataba de evocar la memoria del rey difunto, atribuyéndole la pacificación y unificación constitucional del país después de dos guerras civiles inducidas por el carlismo, además de conmemorar implícitamente con él la restauración borbónica, en 1874, tras la revolución republicana, llamada “Gloriosa”, de 1870, que derrocó a Isabel II, madre de Alfonso XII.

El conjunto monumental fue ornamentado con planchas de bronce y bajorrelieves esculpidos con escenas históricas y motivos alegóricos de trasunto patriótico por renombrados artistas de la época como Miguel Blay, Mateo Inurria, Aniceto Marinas, Josep Clará, Mariá Estany, Venancio Vallmitjana y Miguel Ángel Trilles, entre otros escultores.

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