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Puigdemont se mantiene firme: “El año que viene no seré presidente”

El presidente de la Generalitat dice en Ràdio Barcelona que se compromete a convocar el referéndum mientras Colau le reclama que sea "efectivo"

Ada Colau, Carles Puigdemont y la periodista Gemma Nierga.

De los dos grandes problemas que tiene el Partit Demòcrata Europeu Català (PDECat), la antigua Convergència, su joven dirección pensaba que uno tendría más fácil solución: convencer a Carles Puigdemont para que fuera su candidato en las próximas elecciones autonómicas. Ayer, el presidente de la Generalitat volvió a manifestar en público y ante un micrófono que eso no se negocia. “El año que viene no lo seré [presidente]”, dijo en Ràdio Barcelona.

Desde el primer día, Puigdemont ha defendido que su contrato como presidente de la Generalitat era por obra o servicio. Su interinaje estaba ligado a esa transición entre la “postautonomía y la preindependencia”, los 18 meses —con algunos meses de regalo si así lo reclaman determinadas contingencias— que tenía que durar la hoja de ruta de Junts pel Sí hasta llegar a la convocatoria del referéndum.

Puigdemont había explicitado su negativa a continuar en diferentes foros y en su partido eran plenamente conscientes. La cúpula de la formación, sin embargo, creía estar en condiciones de convencerle para que cambiara de opinión y asumiera la continuidad como un ejercicio de corresponsabilidad a la confianza que el partido depositó en él hace un año.

La propia coordinadora general, Marta Pascal, respondía el miércoles en una entrevista en el digital ElMón con un “sin duda” a la pregunta sobre si Puigdemont sería el mejor candidato en las próximas elecciones. Y afirmaba que él, Puigdemont, conocía el parecer de la formación.

Puestos a presionar, Puigdemont volvió a dejar claro ayer que no tiene intención de seguir. “No tengo vocación de continuar”, afirmó. Era una clara llamada a la dirección de la formación a buscar a figuras que estén dispuestas a ser candidatas para, si es necesario, proyectar su imagen a tiempo de una contienda electoral que, en el escenario más optimista para los soberanistas, llegará en marzo del próximo año (seis meses después del referéndum).

Esa necesidad ya había sido asumida por algunos cargos electos del PDECat, que tras un año habían comprendido la solidez con la que el actual presidente de la Generalitat reiteraba su no a continuar. En las quinielas se barajaban diversos nombres. Artur Mas no es partidario de continuar pero nunca ha cerrado la puerta del todo a presentarse.

Otros candidatos

También ha sonado el nombre de Neus Munté, actual portavoz del Gobierno catalán y vicepresidenta del partido, si bien su nombre es recurrente: también ha aparecido como posible candidata a la alcaldía de Barcelona. Ella recibe esos mensajes con distancia y escepticismo. Y otro nombre es el de Mercè Conesa, alcaldesa de Sant Cugat del Vallès —la mayor ciudad gobernada por el PDECat—, presidenta de la Diputación de Barcelona y del consejo nacional del partido tras derrotar al candidato oficialista Santi Vila.

Si Puigdemont consuma su deseo de no continuar, el PDECat tendrá que abrir un proceso de primarias, como marcan sus estatutos. El exalcalde de Girona ha conseguido marcar suficiente liderazgo como para que nadie saliera a disputárselo si se presentara, pero su paso a un lado alimenta la posibilidad de que las elecciones internas se la disputen dos candidatos. Lo mismo sucederá en otra plaza caliente para el partido: Barcelona. Tras la victoria de Ada Colau por un pequeño margen, el PDECat alberga esperanzas de reconquistar en 2019 el mayor municipio barcelonés. Pero de momento tampoco tiene candidato, incógnita que se debería desvelar también este año a través de un proceso de primarias.

Gestionar el relevo de Puigdemont se convierte en la prioridad de un partido que tiene también otras urgencias. Sobre todo, dar un vuelco a la evolución de sus expectativas electorales. La refundación de la antigua Convergència ha sido incapaz de frenar la caída en las encuestas y es todavía una incógnita cómo puede influir el cambio de nombre, sobre todo después de que en él último ciclo electoral —municipales, autonómicas, europeas y legislativas— no ha podido repetir ni una sola vez el nombre. Eso y su apuesta por la independencia, donde Esquerra ha gestionado con destreza su adscripción tradicionalmente secesionista, han hecho que las encuestas sitúen a Convergència más cerca de la CUP (tercera fuerza independentista) que del partido que preside Oriol Junqueras, hegemónico en ese aspecto.

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