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Picasso es el amo

La excepcional coincidencia de siete exposiciones temporales en Barcelona permite ver un centenar de obras del pintor

'Arlequín con espejo', pintado por Picasso en 1923 que puede verse en Caixaforum de Barcelona dentro de la exposición del Thyssen.
'Arlequín con espejo', pintado por Picasso en 1923 que puede verse en Caixaforum de Barcelona dentro de la exposición del Thyssen.

Ni una, ni dos, ni tres, ni cuatro. Hasta cinco grandes exposiciones coinciden en Barcelona en las que pueden verse obras de Pablo Picasso; un hecho insólito en la capital catalana, que muestra la versatilidad y el prestigio del malagueño. De las cinco, solo en Picasso-románico, abierta en el Museo Nacional de Arte de Cataluña hasta el 26 de febrero, el protagonista absoluto es Picasso ya que 40 obras suyas conservadas en el Museo Picasso de París se han instalado en las salas de pintura románica del MNAC para ver las influencias entre el pintor y arte medieval. La exposición Cubismo y guerra del Museo Picasso de Barcelona (hasta el 29 de enero), pese a que no lleva el nombre del pintor y se centra en el arte creado en París durante la Gran Guerra, cuenta con otras 13 obras del artista. En la Fundación Mapfre, dos enormes mujeres desnudas pintadas por Picasso cierran la muestra Renoir entre mujeres (hasta el 8 de enero); mientras que para Un Thyssen nunca visto han viajado al Caixaforum (hasta el 5 de febrero) 55 obras del museo madrileño, entre ellas otros dos picassos, uno de ellos el impresionante Arlequín con espejo, icono de la colección con la que los barones les gustaba fotografiarse siempre que hablaban de su colección. Por último, el Museo del Diseño expone en la plaza de les Glòries una guinda, ya que una de las últimas obras de la exposición De obra(29 de enero) en la que se reivindica el papel del barro en la evolución del hombre, es un ladrillo con una doble escena de tauromaquia de Picasso. En total, 58 obras pintadas y realizadas por Picasso, que pueden verse a pocos kilómetros de distancia por unos meses.

'Gran desnudo con lienzo', pintado por Picasso en 1923 que puede verse en la exposición de Renoir de la Fundación Mapfre.
'Gran desnudo con lienzo', pintado por Picasso en 1923 que puede verse en la exposición de Renoir de la Fundación Mapfre.

“Es un auténtico lujo y una suerte, porque exponer la obra de Picasso no es fácil”, asegura Pablo Jiménez, director del área de Cultura de la Fundación Mapfre. “No es un artista popular para el gran público porque mucha gente los sigue viendo como extravagante y poco comprensible”, asegura de forma sorprendente. “Tampoco es fácil que cedan obras para exponerlas. En 2014 montamos en la fundación de Madrid una con 150 picassos y fue difícil reunirlos, pese a que teníamos a la familia de nuestra parte y una muy buena comisaria [Maite Ocaña]. Yo mismo hice muchos viajes en los que me dijeron que no”, explica Jiménez. “Para la exposición de Barcelona la presencia de Picasso era importante, porque el final de Renoir no está muy valorado y acabar la muestra con dos picassos donde se ve la relación entre ellos sirve para valorarlo y ver la devoción que sentía Picasso por Renoir”, remarca Jiménez que recuerda que en 1934 Picasso aceptó cobrar su Suite Vollard a base de obras de Renoir y Cézanne. “Es un orgullo para Barcelona que haya tantas y tan distintas obras de Picasso. Se podría hacer una ruta para verlos todos”, propone Jiménez.

Para Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen y comisario de la muestra de Caixaforum, la presencia de Picasso en las exposiciones es por dos razones: “Porque su reputación crece cada temporada y porque el repertorio de los museos se reduce año tras año” y recuerda que su museo inaugurará en octubre de 2017 una muestra sobre este pintor y Toulouse-Lautrec. Solana justifica esta coincidencia explicando que “Barcelona es la segunda ciudad picassiana por detrás de París y por delante de Málaga y A Coruña, que fue crucial e influyó más que ninguna otra en él” y remarca que lo interesante de esta coincidencia es que permite realizar “diferentes lecturas y contextos del pintor; una más cercana junto a Renoir a otra dentro de una colección internacional como es la Thyssen”.

'Arlequín y mujer con collar', 1917, de Picasso, en la exposición 'Cubismo y guerra' del Museo Picasso. ampliar foto
'Arlequín y mujer con collar', 1917, de Picasso, en la exposición 'Cubismo y guerra' del Museo Picasso.

Por su parte, Emmanuel Guigon, director del museo Picasso de Barcelona, asegura que “puede ser una coincidencia, pero también es fruto de que hizo de todo, fue muy polifacético y pese a que sabemos mucho de él, hay mucho por conocer; por eso el auge de las exposiciones coindice con el aumento de la investigación sobre Picasso y su obra”, asegura el especialista francés desde Venecia, donde acaba de participar en un congreso sobre la influencia de Italia y el mundo mediterráneo en Picasso realizado dentro de la red Picasso-Mediterráneo que aglutina unos 50 museos de todo el mundo que tienen obras del pintor.

'Minotauromaquia' de Picasso, de 1935. ampliar foto
'Minotauromaquia' de Picasso, de 1935.

Con todo, estas grandes exposiciones no son las únicas en Barcelona que muestran obras de Picasso. Hasta el 7 de enero la galería Mayoral, en el homenaje que rinde a los artistas republicanos que participaron en la exposición de París de 1937, expone dos obras más de este artista: Cabeza de mujer y Pierrot, busto. La omnipresencia de Picasso en la temporada expositiva de Barcelona se reafirma con Mitologías, una exposición presentada este lunes en la que su museo barcelonés expone 40 grabados y litografías (hasta el 19 de marzo) que muestran la importancia de la mitología greco romana en su producción. El pintor se reencarna en seres híbridos como faunos, sátiros, centauros y, sobre todo, minotauros que conquistan y poseen a bellas musas y damas en la mayoría de las obras. Desde su primer dibujo de un Hércules que hizo con nueve años hasta su serie sobre faunos que pintó en 1948, pasando por el aguafuerte Minotauromaquia, la única obra que realizó en 1935 y que el pintor regaló a los museos de arte de Barcelona en 1938.