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La cara amable y más catalanista del PP

Millo recibe el encargo de recomponer la relación del Gobierno para frenar el secesionismo

El líder del PP catalán, Xavier García Albiol y, a la derecha, Enric Millo.
El líder del PP catalán, Xavier García Albiol y, a la derecha, Enric Millo. EFE

Fiel colaborador de Alicia Sánchez-Camacho y diputado en cinco legislaturas, Mariano Rajoy confió ayer en Enric Millo, portavoz del grupo popular en el Parlament, la Delegación del Gobierno en Cataluña para  recomponer la imagen del Estado y combatir desde la amabilidad el independentismo. La operación busca un acercamiento con las instituciones catalanas que se han sentido fustigadas por la hasta ahora delegada, Llanos de Luna, que, desde 2011, ha presentado más de 400 recursos contenciosos-administrativos contra decisiones de ayuntamientos relacionadas con el independentismo.

Partidario del diálogo, Millo (Terrassa, 1960) llevaba años advirtiendo a los altos dirigentes del Gobierno –muchas veces clamando en el desierto- de la magnitud del proceso secesionista desde que escuchó en 2012 como Artur Mas, marinero como él, recurría en el Parlament a la metáfora náutica de fijar en el proceso soberanista “rumbo de colisión” que significa que no cambiará de ruta aunque te estampes. Por ello, pidió gestos como los de mejorar la inversión en infraestructuras o la financiación.

El primero, desde luego, es su nombramiento. Soraya Sáenz de Santamaría, designada para dirigir la carpeta catalana, ha pensado en este hombre amable, buen trato y sentido del humor para la Delegación del Gobierno. Millo, pese a su adscripción política, tiende a destensar y, si hace falta, hasta hace sonreír a los diputados de la CUP en situaciones de tensión como en junio pasado cuando los anticapitalistas vetaron los Presupuestos.

Casado –en 2012 se sometió a una operación para donar un riñón a su mujer, que padecía una enfermedad renal- y padre de tres hijos –uno de ellos casteller y otra aparece en un libro defendiendo el referéndum, Millo es economista e ideólogo del modelo de financiación para Cataluña contra el que abominaron los barones del PP. Pese a que alcanza su nombramiento con los populares, Millo inició su carrera como militante de Unió y fue delegado del Departamento de Trabajo de la Generalitat entre 1991 y 1995. El juez le imputó por su relación con el caso Pallerols, de financiación irregular de Unió, de la que fue exculpado (no así el partido).

Tras ser diputado por CiU entre 1995 y 2003, su mala relación con Antoni Duran Lleida provocó su marcha de Unió y poco después ingresó, de la mano de Josep Piqué, en el PP, cuando el exministro quiso darle un giro catalanista. Ese es uno de los episodios más espinosos de su trayectoria. El exdiputado de ERC Joan Puigcercós, reveló que le pidió afiliarse en la formación independentista pero que él mismo se lo desaconsejó. El popular lo negó de forma fulminante y amenazó con acciones legales.

Acostumbrado a resistir en Girona con un partido que es como una aldea gala en medio de un imperio independentista –los escaños del PP en esa provincia siempre penden de un hilo-, Millo había quedado aparentemente descolocado en el Parlament tras la marcha de Camacho. Por su talante, difícilmente caerá en frases despectivas como las que emplea Xavier García Albiol como “el independentismo es una forma de vagancia”. Es un firme defensor de la legalidad y un despropósito el proceso secesionista. Ahora falta ver hasta qué punto podrá destensar y qué campo de juego le marcarán.