El PSC llega a su congreso con una insólita unidad interna

La lealtad a Sánchez, el 'no' a Rajoy y la reacción del PSOE ha cohesionado un partido en su peor momento

Miquel Iceta, entrando a la sede del PSC
Miquel Iceta, entrando a la sede del PSCAlbert Garcia

El PSC inicia este viernes su XIII congreso en el peor momento de sus 38 años de historia, pero con una insólita unidad interna si se compara con la fractura que afecta al PSOE y si se recuerda que los socialistas catalanes acaban de salir de unas elecciones primarias para elegir a su líder. El cónclave regresa al Palacio de Congresos de Montjuïc, donde en 1978 nació un partido que alcanzó sus cotas más altas de poder hasta 2010, pero que a partir de esa fecha empezó a perforar su suelo de votos en cada convocatoria electoral.

El proceso soberanista provocó a partir de 2012 una insólita diáspora de militantes y cuadros del PSC que parece haberse acabado ya, después de continuos vaivenes ideológicos y estratégicos. La consulta legal y acordada que hasta el pasado 2015 proponía el PSC ha quedado olvidada para siempre y ahora lo apuestan todo a la reforma federal de la Constitución para resolver el encaje de Cataluña en España.

Miquel Iceta intentó introducir la vía canadiense como alternativa en la ponencia marco del congreso del PSOE en caso de que los catalanes rechazasen una nueva Carta Magna, pero la rebelión interna de algunas federaciones le obligó a aparcarla. Por ese motivo, el texto que aprobará el congreso del PSC fía toda la estrategia política al plan A y queda descartado el pacto de una ley con el Gobierno español que haga posible la celebración de un referéndum sobre la secesión.

La dirección socialista admite que el momento por el que atraviesa el PSC es “muy difícil”, pero está convencida que el tiempo juega a favor de su estrategia y que van por “el buen camino” porque consideran que el proceso independentista ha iniciado ya la cuenta atrás y cuando se demuestre inviable emergerá la alternativa de la denostada reforma constitucional.

Más allá de lo que depare el futuro, el presente es el de un partido bajo mínimos, pero cohesionado, en buena parte gracias al PSOE. Tanto Miquel Iceta como Núria Parlon, alcaldesa de Santa Coloma de Gramenet, se mantuvieron fieles a la estrategia de Pedro Sánchez de intentar formar un Gobierno alternativo. También fueron a una en que los siete diputados debían votar no a Mariano Rajoy, pese al alto coste que les puede acarrear.

Queda por concretar si el PSOE expulsa o no de sus órganos de dirección al PSC y si lo margina en la elección del secretario general, pero ese tema tampoco se debatirá en su congreso. Los socialistas catalanes consideran que el protocolo de relaciones de 1978 no debe tocarse, pero en la sede de Ferraz lo ven de manera muy distinta.

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Iceta ha capitalizado la determinación en plantar cara a Rajoy y al PSOE y se ha reforzado como primer secretario, pero en las primarias del 15 de octubre Parlon logró más del 46% de los votos y habrá que ver qué apoyo logra hoy la presentación de su informe de gestión.

Ninguno de los dos líderes tiene diferencias significativas en sus planteamientos políticos, por lo que la ponencia marco no será objeto de una agria discusión una vez aparcada ya la vía canadiense. Si acaso pueden surgir discrepancias en la concreción de la posible alianza electoral con el futuro partido de Ada Colau para las próximas autonómicas. En la ponencia se insinúa ese pacto, pero no se apuesta claramente por él, sino que se aboga por una Alianza Catalana de Progreso, en la antigua tradición del PSC.

Por todo eso, la atención del congreso catalán se centra en la configuración de la ejecutiva e Iceta trabaja en la elaboración de ese complicado sudoku en el que debe compaginar factores como el género de sus integrantes, la procedencia territorial, el factor de renovación, la solvencia de la experiencia y el posicionamiento que jugó cada cual en las elecciones primarias. “El plato no se servirá hasta que no esté cocinado”, se asegura en la dirección del PSC, que guarda un enorme hermetismo sobre la identidad de los miembros de la nueva ejecutiva del partido, a diferencia de lo que hizo Iceta en 2014.

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