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TEATRO ESPAÑOL

Política entre bambalinas

Los últimos tres responsables del Teatro Español han visto cómo su salida del puesto acababa rodeada de polémica y política

Exterior del Teatro Español. Ampliar foto
Exterior del Teatro Español.

Un pacto de silencio cerró el pasado lunes el último conflicto entre el Ayuntamiento de Madrid y el ex director del Teatro Español, Juan Carlos Pérez de la Fuente. El dramaturgo, despedido fulminantemente en mayo -su contrato cumplía en julio de 2018-, denunció al Consistorio por despido nulo. El pasado lunes acabó esa trifulca con una conciliación judicial que consistió en una indemnización, cuya cuantía ninguna de las partes ha querido desvelar, pero que fuentes cercanas dicen que se correspondería con los pagos que le faltaban al director, y el reconocimiento de la improcedencia del despido por parte del equipo municipal. No es el primer conflicto entre el Ayuntamiento y el director del Español: tanto Mario Gas como Natalio Grueso, antecesores de Pérez de la Fuente, vieron rodeada de polémica su salida de las bambalinas de ese teatro.

"No hay más poesía que la acción real", escribía Pier Paolo Pasolini, en referencia a los vínculos entre la creación y la sociedad, la política. En el caso del Teatro Español, esa vinculación se hace evidente cada vez que se nombra un nuevo director. O por lo menos así ha ocurrido con los últimos tres responsables del teatro, gestionado por el Ayuntamiento de Madrid, pero cuyas representaciones tienen proyección nacional e incluso internacional.

En mayo de 2016, un año después de las elecciones municipales que quitaron del poder al Partido Popular y pusieron la alcaldía en manos de Ahora Madrid, el Ayuntamiento cesó a Juan Carlos Pérez de la Fuente. El exdirector del Teatro Español debía estar por contrato dos años y cinco meses más en el cargo, pero el nuevo equipo municipal consideró que había que "imprimir un cambio de rumbo" en el coso: querían dos direcciones diferentes, una para la institución clásica y otra para Las Naves de Matadero.

Así lo hicieron, pero antes de cerrar esos nombres. Aunque Pérez de la Fuente fue cesado hace seis meses, los nuevos nombres no aparecieron hasta principios de octubre: Carme Portaceli, para la institución clásica, y Mateo Feijóo para las Naves en una dirección colegiada. Esos meses de vacío generaron algunas críticas al Consistorio por dejar sin cabeza a uno de los teatros más importantes de la ciudad y del país. A pesar de su cese fulminante, antes de su partida, Pérez de la Fuente cerró la programación 2016-2017, con la que ha estado funcionando la institución hasta ahora.

Si Pérez de la Fuente cobraba 87.000 euros al año por dirigir esos espacios, al dividir en dos las direcciones, los salarios aumentan (Portaceli cobra 70.000 euros mientras que Feijóo se reparte con su equipo 85.000). Cifras que los críticos afearon al Consistorio. El Ayuntamiento no respondió directamente, pero ante las cuestiones de los periodistas sobre la gestión de Pérez de la Fuente dio un dato: el de la obra más cara programada por Pérez de la Fuente en 2015. Fue Pingüinas. La dirigió él mismo. Costó 440.000 euros; solo recaudó 40.000. Fue polémica.

Pero no solo la salida de Pérez de la Fuente ha generado trifulca política -el PP pidió su restitución en el pleno del Ayuntamiento-, su llegada también fue agitada. El que fuera director del Centro Dramático Nacional se puso al frente del Español en 2014 de la mano de Ana Botella (Partido Popular). La entonces alcaldesa abrió un proceso de selección del que salió una terna de nombres. Botella se reservó la última decisión y aunque Pérez de la Fuente fue el candidato menos votado por el comité —el primer puesto fue para Gerardo Vera—, acabó haciéndose con el puesto por decisión de la entonces alcaldesa.

No era el primer director del Español que elegía Botella. El predecesor de Pérez de la Fuente fue Natalio Grueso, que venía de dirigir el Centro Niemeyer de Avilés. Justamente por la manera en la que lo gestionó, Hacienda le acusó "sufragar gastos particulares suyos y de sus familiares y allegados". Calcularon un total de 70.000 euros. Aunque esos desmanes no afectaban al Español, acabaron por interferir en la imagen de Grueso como responsable municipal de las Artes.

Grueso tomó el relevo a Mario Gas como director del Teatro Español. Gas, ideólogo de las Naves de Matadero, fue nombrado en la época de Alberto Ruíz Gallardón (PP), conservador como Botella. Justo cuando cumplía su contrato, el Ayuntamiento decidió prorrogarlo por otros seis años. En ese momento, el entonces alcalde pasó a ser titular del Ministerio de Justicia y Botella cogió el bastón de mando. Aunque su equipo aseguró "respeto los contratos preestablecidos", quitó del Español a Mario Gas de manera inmediata. La salida se justificó por el excesivo sueldo que cobraba Gas. Primero se supo el cese, luego que se estaba llegando a acuerdos con el Ayuntamiento para romper ese contrato. Después pacto de silencio. Entre bambalinas también hay política.

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