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Críticas en el PP catalán por la “parálisis” del partido

La cúpula del partido admite que si urgen los congresos provinciales para ganar "músculo"

Àngels Piñol

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Alícia Sánchez-Camacho, entre Jordi Cornet, secretario genera, y el coordinador, Xavier García Albiol, en la última reunión de comité ejecutivo.
Alícia Sánchez-Camacho, entre Jordi Cornet, secretario genera, y el coordinador, Xavier García Albiol, en la última reunión de comité ejecutivo.TONI ALBIR (EFE)

El Partido Popular de Cataluña tenía que haber celebrado su congreso en mayo —el último fue en 2012—, pero se aplazó por la fallida investidura del 20-D y sigue con la incertidumbre de las negociaciones para formar Gobierno. Los cónclaves regionales se convocan después del nacional y la cúpula catalana calcula que en el mejor de los casos podrá fijarlo para febrero. Miembros del partido critican la “parálisis” e “hibernación” de la formación dirigida por la vicepresidenta del Congreso, Alicia Sánchez-Camacho, todavía presidenta, y Xavier García Albiol, nombrado por Mariano Rajoy su sucesor cuando aquella renunció a concurrir el 27-S. Ramón Riera, mano derecha del actual líder, dice que esa interinidad es no deseada, aunque sostiene lo que urge de verdad es convocar los congresos provinciales o locales, que van en cascada, porque su renovación afecta al “músculo del partido”.

Un congreso aplazado por la investidura

La situación del PP catalán es extensible al de otras comunidades, a la espera del desenlace de la investidura. Una de las excepciones ha sido Galicia por estar a punto de celebrar elecciones. La Comunidad Valenciana está, por ejemplo, dirigida por una gestora. Génova convocará el congreso nacional si Rajoy forma Gobierno. Pero lo demorará si hay terceras elecciones. Y eso implica el efecto dominó porque implica el retraso en cascada de los cónclaves regionales, provinciales y locales. El último congreso del PP catalán fue en 2012, cuando aprobó por unanimidad un modelo de financiación para Cataluña que desató la caja de los truenos en algunos de los barones. El organigrama es confuso porque ahora hay una presidenta, un coordinador, un secretario general y media docena de secretarios nombrados por Albiol para canalizar la transición, pendientes confeccionar otra vez las listas. Una fuente del partido tilda esos nombramientos de "puro atrezzo".

Miembros del PP no cuestionan la buena relación de la bicefalia que forman Camacho y Albiol, pero sí que el comité ejecutivo apenas se reúne y que tampoco lo haga con la periodicidad necesaria el comité de dirección, que antes lo hacía todos los lunes. Y que, por tanto, falta cuerpo ideológico más allá de que Albiol se centre en el discurso antiindependentista y anuncie medidas para buscar un golpe de efecto, como la de crear una comisión para atraer a militantes de Unió o ir a la Fiscalía de la Audiencia Nacional a denunciar la quema de banderas. La marcha de Camacho también ha restado cohesión y complicidad en el grupo parlamentario.

No solo están esas quejas: Albiol es diputado, senador y concejal, aunque raso, del Ayuntamiento de Badalona, que le catapultó a la alcaldía —ganó las elecciones en 2017 pero fue desplazado por la confluencia de izquierdas— y a la que no quiere renunciar en un futuro. “No está nunca en la sede”, critican fuentes del PP sobre esa acumulación de cargos, inédita en Cataluña. Camacho era también senadora por designación autonómica.

Pese a la sensación de provisionalidad y de haber sido desplazado del papel central de la política catalana que tuvo de forma efímera durante la primera parte del mandato de Artur Mas, el PP salvó los muebles el del 25-J. Recuperó el histórico diputado por Lleida y superó a Ciudadanos, que ha minado en los últimos años a su electorado. El PP fue quinto y Ciudadanos, sexto.

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Ramon Riera, vicesecretario general territorial y teniente de alcalde de Badalona, es un histórico que ha regresado a la sala de máquinas y rebate las críticas. “Siendo importante el congreso regional, lo es más renovar las estructuras inferiores porque son el músculo del partido”, dice señalando que ese terreno es en el que se ganan las elecciones municipales. Tarragona y Girona, dirigidas por los diputados Alejandro Fernández y Enric Millo, están pendientes de un congreso y Barcelona, comandada por el exedil Alberto Villagrasa, está dirigida por una gestora. Riera garantiza que los órganos del partido se reúnen con la periodicidad reglamentaria —hoy lo hará el comité de dirección con Albiol y Camacho— salvo “alguna excepción”. Riera también afirma que es falso que la acumulación de cargos robe tiempo a Albiol y aún menos su concejalía. “La mantiene por casi por una razón sentimental. Cuesta menos ir desde la sede a Badalona que a un barrio de Barcelona”, afirma.

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