LA CRÓNICA DE MAR Y MONTAÑA
Crónica
Texto informativo con interpretación

Vida de frontera

Maçanet de Cabrenys, con la Guerra Civil, fue camino para la huida o el exilio de gente de uno y otro bando

Plaza Major de Maçanet de Cabrenys (Alt Empordà).
Plaza Major de Maçanet de Cabrenys (Alt Empordà). Albert Garcia

Quienes están en Maçanet de Cabrenys difícilmente han llegado por casualidad. No es un lugar de paso. Hay que ir casi tan expresamente como a Cadaqués, salvo que la intención sea seguir hasta Francia por una deliciosa ruta de apenas 15 minutos en coche que cruza una frontera sin ninguna consistencia. La cercanía con el Vallespir hace que los horarios en Maçanet, más que rurales, sean franceses. Los vecinos del lugar almuerzan y cenan pronto. Otra cosa son los visitantes. Pueblo fronterizo, con la Guerra Civil, fue camino para la huida o el exilio de gente de uno u otro bando.... o de ninguno, así de bestia fue aquella tragedia. Por el pueblo vecino de La Vajol, pasaron en febrero de 1939, Manuel Azaña, Lluís Companys y José Antonio Aguirre. Por sus montañas huyeron del nazismo algunos judíos alemanes. Y también pasaron algunos maquis. Maçanet vivió el trajín del contrabando, en uno u otro sentido según la época. En la posguerra entraron desde pintalabios a piezas para maquinaria que no podía importarse. En la cúspide de una de las bandas que más disfrutó de la connivencia de las autoridades estuvo el canónigo Martín Torrent, bien abrigado gracias a su cargo, tan relevante como lamentable, de capellán mayor de todas las prisiones franquistas. Lo explica en un libro José Francisco Marín.

Con una extensión de 68 kilómetros cuadrados, su término municipal es mucho más grande que el de Roses, la Jonquera o Perelada. Y lo habitan algo más de 700 vecinos. La simple matemática ya sugiere que no se pueden agotar los rincones apacibles. El pueblo está situado a 370 metros de altitud, pero lo rodean las montañas más altas del Empordà. El santuario de Les Salines, a algo más de mil metros, está vigilado de cerca por cimas más altas. Hay mil maneras de ir descubriendo los parajes. Desde el paseo tranquilo al running o en bicicleta, por pistas señalizadas. “Hacer salud” es uno de los motivos más antiguos para ir a Maçanet. El historiador local Pere Roura habla de una hostelera, la Matró, que a mediados del ochocientos ya ofrecía sus remedios de hierbas que, junto a los saludables baños en el río Arnera y respirar aire sano, constituían un paquete que se anticipaba a lo que hoy se conoce como turismo de salud. Nada de lo que te puede convencer para ir a Maçanet es postizo. Ni sus paisajes, ni las noches serenas (con campanario, eso han de saberlo los delicados urbanitas que no los soportan), ni la cordialidad de sus gentes.

Comer, dormir y ver

DÓNDE COMER

De restaurantes hay unos cuantos, con distintas especialidades, desde las brasas al festín familiar pasando por una cocina más mediterránea o el bacalao. En Maçanet siempre ha habido buenos cocineros. Josep Pla ya señaló a Alfons Roger como uno de los grandes del Empordà.

DÓNDE DORMIR

La Quadra y Els Caçadors son los dos hoteles que hay en el mismo pueblo. También hay oferta de casas rurales y apartamentos.

QUÉ VISITAR

En La Farga (nombre que recuerda una vieja metalurgia), las piedras retuercen el lecho del río que, luego, recupera su remanso en la Gorga de les Dones, uno de los rincones donde bañarse.

Aunque el pueblo es relativamente desconocido, su nombre ha propiciado el consabido chiste. Lo explicó, sin ánimo de juerga, el diputado Pere Macías, en noviembre de 2010 en un pleno del Congreso y está en las actas: “El colmo es un municipio que se llama Maçanet de Cabrenys. En catalán maçanet significa demasiado limpio y cabrenys puede traducirse como cabritos. La tentación de los invasores fue llamarlo, Demasiado Limpio de Cabritos. Parece que alguien al final tuvo el acierto de decir que no podían hacer el ridículo y como excepción no cambiaron el nombre”. Quien sí usaba muchos apellidos y topónimos de Maçanet era el doctor Caparrós, aquel médico que interpretaba Joan Capri en TVE. Aunque ejercía en un supuesto pueblo con otro nombre, iba al bar La Pau o visitaba las casas de Tapis, una bonita miniatura, cosas que pueden hacerse en Maçanet. El guión era del escritor Jaume Ministral, maçanetense de adopción. Pero el más notorio momento televisivo para Maçanet ha sido este año con la visita de El foraster. Qué le vamos a hacer. A recordar su intento de subir la barra de Roland, un insólito monumento en la plaza principal. La leyenda dice que es el bastón y el anillo que el gigante Roland lanzó desde las montañas. Obviamente la historia es otra, pero no vamos a insistir en más historia porque tendríamos que remontarnos al neolítico, como demuestra el menhir que llaman La Pedra Dreta.

Delante de esta barra está el casino del pueblo, La Pau, que pertenece a la Sociedad de Socorros Mutuos de la población, “protectora de los pobres". Dentro, por la tarde, se puede encontrar alguna partida de botifarra, pero no es la afición más popular. Le ganan la caza de setas... y del jabalí, cuyos bosques cobijan en abundancia. Mucho más, desde luego, que Pokémons.

No es un pueblo rutinario. Se embotella el agua del manantial de Les Creus. Hay un futbolgolf. Hubo un camping naturista alejado de los curiosos. Ahora, más cerca, hay un camping, éste tradicional, con bungalós. Todavía, gracias a un trabajador de la antigua fábrica de pipas, se mantiene esta artesanía. Mis padres son de allí, pero no hace falta ser lugareño para que Maçanet te acoja. Es otra manera de vivir la vida.

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