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Colau mantendrá la exposición con las estatuas franquistas

Una muestra en el Born prevista para octubre quiere rescatar una figura ecuestre de Franco y la escultura 'La Victoria'

Propuesta para el exterior del Born en el marco de la exposición sobre memoria y espacio urbano.
Propuesta para el exterior del Born en el marco de la exposición sobre memoria y espacio urbano.

“La exposición se hará”. Así de contundente se mostró ayer el historiador Ricard Vinyes, comisionado de Programas de Memoria del Ayuntamiento de Barcelona, al terciar en la polémica sobre una futura exposición en el Born en octubre, en la que se recuperan la estatua ecuestre de Franco que estuvo en Montjuïc y la de La Victoria, que acompañó el obelisco de la Diagonal como homenaje a la entrada de las tropas rebeldes en 1939. Tanto ERC como CiU han pedido a la alcaldesa Ada Colau que no se exhiban las piezas por considerarlas “ofensivas hacia las víctimas”. “La muestra tiene un fin pedagógico, pero se está jugando con temas delicados por intereses políticos y por ganar la batalla de la hegemonía cultural en la ciudad”, contrapone Vinyes.

 Las piezas, hoy en almacenes municipales, forman parte del proyecto de la muestra, prevista para el 14 de octubre en el Born, bajo el epígrafe Franco. Victoria. República. Impunidad y espacio urbano. Su comisaria es la arquitecta Julia Schulz-Dornburg, que ya ha trabajado en exposiciones sobre memoria histórica como Las prisiones de Franco (2003) o Tiran(i)a, (2012).

Su uso es claramente pedagógico y la polémica, fruto de una batalla por la hegemonía cultural", sostiene el comisionado de Programas de Memoria, Ricard Vinyes

La muestra constará de dos partes y en su pórtico reside la polémica: ubicada en el Born Centre de Cultura y Memoria (rebautizado así no ya sin polémica por el consistorio de Colau y que alberga los restos de la Barcelona destruida por Felipe V), tiene previsto colocar en la explanada de la entrada las estatuas franquistas. “Hay que ser muy perverso para ofender a los derrotados de 1939 y de 1714 a la vez”, se añadió ayer a la polémica Jaume Ciurana, concejal de CiU. Lo hacia tras la oposición del líder municipal de ERC, Alfred Bosch, y del diputado al congreso Joan Tardà. “Exponer unos días en la calle a Franco cuando hay miles de víctimas sin reparación es normalizar la anomalía”, escribió Tardà en Twitter.

Las esculturas tienen su trastienda histórica. Así, La Victoria fue realizada por el escultor Frederic Marès entre 1939 y 1941, pero a partir de la que había presentado ya a un concurso municipal en 1932 para conmemorar la República. Tuvo una mención, pero ganó la de Josep Viladomat, La Flama, sustituida por la de Marès en 1940 (una sombra de ella, hoy en la plaza de Llucmajor, estará en el pórtico). Viladomat, sin embargo, fue en 1963 el escultor de la figura ecuestre de Franco que le encargó el alcalde José Maria de Porcioles para agradecer la cesión que Franco hizo entonces a la ciudad de parte del castillo de Montjuïc. La pieza perdió la cabeza en 2013.

"Las estatuas son una magnífica metáfora del vacío ético que se crea con las esculturas en el espacio público; y cuando hay vacío ético y moral puede haber tortura; por eso la muestra, incluida en un macroproyecto, Memorias de la ruina, se verá al mismo tiempo que otra sobre la tortura entre 1960 y 1977, A mí me pasó, y de conferencias sobre arte público e impunidad o una lectura de La muerte y la doncella, de Ariel Dorfman”, apunta Vinyes. El eje teórico del programa es claro: “Si la tortura es un elemento estructural de la dictadura, ¿la impunidad es un elemento estructural de la democracia?”.

Para Vinyes, “el uso de las esculturas es claramente pedagógico” y la polémica, “fruto de una lucha política, pero se juega con temas delicados; ERC hizo hace unos años, en el distrito de Gracia que presidía, una muestra sobre la escuela franquista con una gran bandera falangista y sonaba el Cara el sol; o hace 15 días, en Sants, ERC votó en contra de cambiar el nombre de la plaza Firal por la de Plaza del Movimiento Obrero... Se lucha por ganar una batalla brutal por la hegemonía cultural en la ciudad; esa es la trastienda”, sentencia.