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Arquitectura

El rascacielos de Chicago en Gran Vía

El Palacio de la Prensa, que albergó las redacciones de 'La Codorniz’ y Hoja del Lunes, propuesto como bien de interés cultural

El Palacio de la Prensa preside el punto más alto de Gran Vía, frente a la plaza del Callao.
El Palacio de la Prensa preside el punto más alto de Gran Vía, frente a la plaza del Callao.

El Palacio de la Prensa va a ser declarado bien de interés cultural (BIC) en calidad de monumento. Se trata de uno de los edificios más señeros de Madrid por su preeminencia espacial, dado el emplazamiento que ocupa en la cota superior de la Gran Vía. Junto con el edificio de Telefónica, el Palacio de la Prensa es emblema local de la arquitectura funcional estadounidense de rascacielos, sobre todo de la escuela de Chicago, por su similitud con el Auditorium allí diseñado por Dankmar Adler y Louis Sullivan en 1889. El edificio pasará a ser BIC una vez que el Consejo de Patrimonio dé su aquiescencia a la propuesta de la Dirección General de Patrimonio del Gobierno regional, que encabeza la arquitecta Paloma Sobrini.

De planta isósceles, el edificio tiene fachadas a la plaza de Callao y a tres calles: Tudescos, Miguel Moya y Gran Vía. Fue, precisamente, el primero de los construidos en esta gran arteria con ladrillo visto, entre 1925 y 1928. Sus impostas color mantequilla le otorgaron un aspecto especial. Con 15 pisos, su fachada hacia la plaza del Callao muestra un enorme arco romano que perfila su cara más prominente, rematada por un volumen a modo de torre. En su interior, el palacio albergaba un cine de 1.840 localidades, hoy fragmentado en minicines, así como un café-concierto, un salón de té y oficinas. Durante 50 años fue sede de la Asociación de la Prensa y de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España. Albergó también la redacción de Hoja del Lunes de Madrid, publicación que cubría informativamente el descanso dominical de los diarios, así como la revista satírica La Codorniz, culmen del humorismo gráfico, heredera de La Ametralladora.

El autor del Palacio de la Prensa, Pedro Muguruza y Otaño (Elgoibar, 1893-Madrid, 1952) fue uno de los arquitectos más influyentes durante el período previo a la Guerra Civil así como uno de los más mimados por el franquismo: a él se debieron la reforma del Museo del Prado —fue autor de la gran escalinata en su fachada norte— y la recreación de la Casa de Lope de Vega; proyectó el Centro de Humanidades del Consejo Superior de Investigaciones Científicas; la estación del Norte o del Príncipe Pío; los mercados de Ibiza, Maravillas y Santa María de la Cabeza; reconstruyó la Ciudad Universitaria, el monumento al Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles y creó el panteón de la Basílica del Valle de los Caídos. Fue autor del edificio del cine Coliseum, junto con Casto Fernández Shaw, por encargo del maestro músico Jacinto Guerrero, así como del Teatro La Latina. Realizó importantes intervenciones en el Teatro Real y el monasterio de El Paular. Proyectó el monumento de Cervantes de la plaza de España así como la antigua residencia del embajador alemán, en la calle de Hermanos Bécquer. Arquitecto municipal de Irún, con numerosas obras en San Sebastián y Barcelona, fue autor de la embajada española en Berlín. Gran dibujante, creó la Hermandad de Arquitectos y fue el primer director general de Arquitectura.

Procurador en Cortes y consejero del Movimiento bajo el franquismo, había sido alumno del escultor Lorenzo Coullaut Valera y ayudante de Antonio Palacios. A los 23 años era arquitecto y a los 27, catedrático de Proyectos de la Escuela de Arquitectura. Era descendiente de la madre de Ignacio de Loyola. Muguruza posee en Madrid una calle en una vía contigua a la Castellana.

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