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Vacaciones en el barrio más pobre

Una fundación organiza actividades para niños en riesgo de exclusión en San Cristóbal de los Ángeles

Taller de cocina del campamento de la Casa San Cristóbal.
Taller de cocina del campamento de la Casa San Cristóbal.

San Cristóbal de los Ángeles, al sur del distrito de Villaverde, es el barrio más pobre de la capital, con la mayor tasa de desempleo (51%) y con la renta per cápita más baja. También es el que mayor número de inmigrantes acoge —el 45% de sus 15.100 vecinos son extranjeros, sobre todo marroquíes. La Casa San Cristóbal, un centro cultural de la Fundación Montemadrid creado hace 31 años, trabaja por mejorar la convivencia y la integración en la zona. Un ejemplo son los campamentos de verano que el centro organiza por quinta vez consecutiva. La actividad busca fomentar el intercambio cultural entre los menores y ayudarlos a olvidar la dura realidad a la que se enfrentan en su día a día: algunos se ven obligados a abandonar sus estudios; otros conviven con los problemas de alcoholismo de sus padres. 

Marwan, de padres marroquíes, nació en Madrid hace ocho años. Es uno de los 20 niños que este verano ha podido disfrutar de las actividades del campamento de verano que organiza la Casa San Cristóbal. La jornada de ayer consistió en un taller de cocina (llamado Sancris Chef) para incentivar la alimentación saludable y el trabajo en conjunto entre los más pequeños. Ataviados con un gorro de cocineros del color de su equipo, naranja o verde, unos prepararon una gelatina y otros un cupcake (una magdalena). La clase es un hervidero de risas y de preguntas a la profe, Menchu, que pacientemente ayuda a todos a cocinar su labor.

Los talleres, que se han desarrollado todas las mañanas del mes de julio para niños de entre siete y 12 años, se han centrado en varias temáticas diferentes. Los primeros días todo giró en torno al arte, incluso hubo una excursión al Museo del Prado, que los pequeños recuerdan con mucho cariño, muchos de ellos no habían visitado nunca la imponente pinacoteca. “Mi actividad favorita fue visitar el museo y ver Las Meninas de Velázquez. Vimos muchas de las cosas que ya nos habían enseñado en el campamento”, comenta Merian, una niña marroquí de diez años.

El medio ambiente fue otro de los temas tratado en las jornadas. Los escolares se acercaron a un pinar del barrio y plantaron semillas para revitalizar la zona. La literatura y la cocina han sido otras de las materias de aprendizaje. Ahora que finaliza el campamento, llega la parte dedicada al deporte: los menores llevarán a cabo el ritual de encender el pebetero emulando a los Juegos Olímpicos, y practicarán varios deportes.

Además de estas actividades, los niños también han podido compartir su tiempo con las personas mayores del barrio que asisten al centro social; con ellos han practicado manualidades. “Tratamos de crear una complicidad intergeneracional para que no haya problemas. Que los niños aprendan de nuestros mayores y que estos no hagan distinción entre un niño subsahariano o latinoamericano sin recursos y sus propios nietos”, explica Isabel Rey, coordinadora de Casa San Cristóbal. Por otro lado, los chavales reciben apoyo al estudio en la ludoteca del centro.

Los trabajadores del centro saben que muchos de los niños acuden al campamento sin comer y que muchos no pueden estudiar en casa. “Algunos viven en una infravivienda que consiste en una habitación compartida con sus padres y hermanos. Por eso estamos en contacto con los cuatro colegios de la zona y los servicios sociales para ayudarles", cuenta la coordinadora Rey. Y añade: "Nuestra labor es educativa, pero también social y asistencial”.

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