Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una flauta realmente mágica

La Komische Oper Berlin ofrece una ingeniosa y visualmente prodigiosa producción de la obra de Mozart que hipnotiza al Liceo

Un momento de 'La flauta mágica' de la Komische Oper Berlin, en el Liceo.
Un momento de 'La flauta mágica' de la Komische Oper Berlin, en el Liceo.

Sencillo cuento infantil, alegoría masónica, reflexión filosófica y aventura iniciática en el camino del amor y la sabiduría, teatro musical con raíces populares... muchas de las posibles lecturas de La flauta mágica, de Mozart, caben en la ingeniosa y visualmente prodigiosa producción de la Komische Oper Berlin creada por el director de escena Barrie Kosky y el tándem artístico formado bajo el número o año 1927 por el animador Paul Barritt y la escritora Suzanne Andrade. Su innovadora mezcla de estética del cine mudo, animación y videocreación cautivó al público del Liceo en la primera de las nueve funciones que cierran la temporada del coliseo barcelonés.

Hay algo mágico en esta curiosa producción, el mayor éxito de la compañía berlinesa en los últimos años, que explica la acción del genial singspiel de Mozart y Emanuel Schikaneder sin escenografía alguna y con la figura de Buster Keaton transmutada en Papageno como homenaje al encanto del cine mudo. Los personajes cantan y se mueven sobre la proyección de imágenes en blanco y negro y coloreadas que otorgan al relato tintes oníricos. Los detalles son asombrosos, en un derroche de fantasía, ingenio y humor que no da tregua ni al espectador ni a los cantantes.

LA FLAUTA MÁGICA

Wolfgang Amadeus Mozart. Libreto de Emanuel Schikaneder. Intérpretes: Maureen McKay, Olga Pudova y Julia Giebel, sopranos. Allan Clayton y Peter Renz, tenores. Dominik Köninger, barítono. Dimitry Ivashchenko, bajo. Coro y Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo. Henrik Násási, director musical. Barrie Kosky y Suzanne Andrade. Videocreación: Paul Barritt. Producción: Komische Oper Berlin. Gran Teatro del Liceo, Barcelona, 18 de julio.

En un complejo trabajo de equipo técnico y artístico, cantantes e imágenes interactúan con precisión milimétrica; lo que parece una gigantesca pantalla que ocupa todo el escenario esconde paneles que giran para hacer aparecer y desaparecer a los cantantes que, obviamente, no pueden ver las imágenes proyectadas a sus espaldas. Y el encaje de ese rompecabezas visual mantiene totalmente absorto a los espectadores.

Ver a la Reina de la noche convertida en una gigantesca araña que se cierne sobre una Pamina con atuendo de Louise Brooks, o a Monostatos habitando en la piel del Nosferatu de Murnau, son muestras del humor que baña un montaje que prescinde de los largos pasajes hablados: en su lugar se proyectan unos concisos diálogos acompañados al pianoforte, claramente a la manera del cine mudo, por fragmentos de dos Fantasías de Mozart.

La fascinación visual es innegable en un montaje bajo la ágil y bien contrastada dirección musical de Henrik Násási, titular de la Komische Oper, que obtiene un buen rendimiento de la orquesta —estupendas maderas— y el coro del Liceo. Otra cosa son las voces de la compañía alemana: los cantantes dominan los milimétricos movimientos para cuadrar acción teatral e imagen, y salen airosos de sus cometidos vocales en un buen trabajo de equipo en el que nadie desentona, pero tampoco entusiasma.

El noble Sarastro de Dmitry Ivashchenko, cuya voz impresionó mucho más como Orador superamplificado, y la técnicamente segura Reina de la Noche de Olga Pudova, precisa en el registro agudo aunque corta de volumen, destacaron en el marco de un nivel general muy digno; el contenido Papageno de Dominik Köninger, las correctas intervenciones de Julia Giebel (Papagena) y Peter Renz (Monostatos) fueron más aplaudidos que Mauren McKay y Allan Clayton, que fueron mejores intérpretes de Pamina y Tamino. El buen trabajo del trío de damas y el trío de niños del Tölzer Knabenchor completaron el primer reparto.

La velada se inició muy oportunamente con un mensaje en recuerdo a las víctimas del atentado de Niza, leído en catalán, castellano, francés e inglés, que destacó el valor simbólico de la música contra la barbarie que sacude el mundo. El espectáculo volverá al Liceo tras las vacaciones para abrir la temporada 2016-17 con otras cinco funciones del 12 al 17 de septiembre.