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Cataluña lleva a la Bienal de Venecia la mejor arquitectura social

Los representantes catalanes ‘invaden’ también la exposición central y el pabellón español

La antigua fábrica de Can Batlló, cuya rehabilitación es “ejemplo de triunfo ciudadano”, según los comisarios de la Bienal.
La antigua fábrica de Can Batlló, cuya rehabilitación es “ejemplo de triunfo ciudadano”, según los comisarios de la Bienal.

A diferencia de tantos anglicismos, aftermath no es una palabra de moda, quizás porque significa consecuencias, algo que nuestra sociedad poca veces tiene en cuenta cuando se trata de pretendido desarrollo y crecimiento económico. Todo lo contrario de los arquitectos Jaume Prat y Jelena Prokoplevic y el cineasta gerundense Isaki Lacuesta, que han elegido este nombre para el proyecto que representará Cataluña en la 15ª edición de la Bienal de Arquitectura de Venecia, que se celebrará del 28 de este mes al 27 de noviembre.

“Hemos elegido diez proyectos que se caracterizan por el uso indiscriminado, la sensibilidad transversal y su configuración alrededor del espacio público, algo que en un momento de privatizaciones es especialmente importante reivindicar”, indicó Prokoplevic en la presentación, ayer, del pabellón catalán, que contó con la presencia del consejero de Cultura de la Generalitat, Santi Vila, y del nuevo director del Instituto Ramón Llull (IRL), Manuel Forcano, que con este proyecto se estrena en la gestión de la política cultura catalana en el extranjero.

Esbozo del pabellón catalán. ampliar foto
Esbozo del pabellón catalán.

Aftermath_ Catalonia in Venice. Architecture beyond architects quiere “introducir nuevas formas de exponer la arquitectura y a la vez romper el binomio espectador / pantalla, a través de una imagen global, impactante y compleja, que se va revelando al espectador en todos sus elementos gracias a un sistema de proyección sobre cristales traslúcidos”, explicó Prat, co-comisario del proyecto que se despliega en el antiguo almacén naval, sede del Pabellón Catalán. Los trabajos seleccionados, todos realizados en el periodo más duro de la crisis económica, van desde la recuperación del río Llobregat, pasando por el hospital transfronterizo de la Cerdaña, la Torre Júlia de viviendas para mayores, el Teatro Atlántida de Vic, el centro de distribución de alimentos de Tarragona y el aparcamiento Saint Roch de Montpellier, hasta la rehabilitación de Can Batlló, fúlgido ejemplo de “cooperación y triunfo ciudadano”.

“El pabellón proporcionará una experiencia sensorial inmersiva, única e irreproducible; huimos de las imágenes cenitales que no corresponden a puntos de vistas reales y utilizamos el vídeo para valorar cada edificio por sí mismo y en yuxtaposición”, añadió Lacuesta, que se ha encargado de las grabaciones y el enfoque audiovisual. “Es el público quien debe decidir dónde mirar y qué perspectiva adoptar; es un cine transitable, sin inicio ni final, no importa cuando llegas porque siempre puedes entenderlo”, aclaró el director.

La tercera participación catalana en Venecia cuenta con una financiación de 487.000 euros, el 6,5% del presupuesto total del IRL, a los que se añaden 160.000 euros de patrocinio privado. Es la primera vez que un proyecto hace tan evidente la importancia del vínculo entre creación e industria, a través del uso de materiales innovadores desarrollados en Cataluña como los cristales curvados Cricursa y el Flexbrick, una especie de tejido flexible en acero y cerámica, que ofrece inéditas soluciones constructivas. “Utilizar alta tecnología para reivindicar obras sociales no es una paradoja”, afirmó Lacuesta, recordando que el catálogo y la web complementan el proyecto, pero que, sin duda, no pueden sustituir la experiencia de la visita.

Cataluña tiene una presencia destacada también este año en la Bienal de Venecia en el Pabellón de España, donde Iñaqui Carnicero y Carlos Quintans proponen una panorámica de la creación española contemporánea. También es notoria la huella de los creadores catalanes en Reporting from the Front, la muestra central de la Bienal, dirigida por el arquitecto chileno Alejandro Aravena, que exhibe trabajos de Toni Gironès de Badalona y de los estudios Barozzi/Veiga, Batlle i Roig, Cadaval & Solà-Morales y Xavier Vendrell de Barcelona.