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David Moner, pasión por el deporte y compromiso

El abogado y dirigente deportivo, expresidente de la Unió de Federacions Catalanes, fallece a los 83 años

David Moner, en 2008.
David Moner, en 2008.

Los recuerdos se agolpan en mi cabeza cuando un compañero de la redacción me comunica que David Moner ha fallecido. Mi relación con él comenzó cuando fue elegido Presidente de la Unió de Federacions Esportives Catalanes (UFEC) en 1996, pero se consolidó rápidamente y se convirtió en amistad a medida que nos fuimos conociendo. Era fácil entenderse con él. Desde el primer momento esgrimió una franqueza que logró sorprenderme. Era sincero y no se escondía cuando las situaciones le obligaban a comprometerse con las cosas.

En realidad, esa fue una de las premisas que marcaron toda su vida: su valentía. Tal vez, porque siempre se sintió protegido. Por su padre, una persona de prestigio social en aquella sociedad de principios del siglo pasado, o por su amistad con dirigentes de Convergència cuando CiU marcaba las pautas de la política catalana. Moner afrontaba las situaciones más comprometidas con un sentido de absoluta libertad, no se sentía cohibido ni coaccionado por otras cuestiones que no fuesen sus intereses, en cuestiones personales, o los del deporte catalán, cuando fue dirigente de las federaciones catalanas de remo y de natación y más tarde de la UFEC.

Varias veces acudí a su despacho de la Vía Augusta simplemente para hablar con él. Se mostraba orgulloso de la obra que había creado, pero al mismo tiempo hablaba con la humildad del amigo que no quiere esconder nada. Fue allí, sentado frente a la mesa de su despacho, donde comencé a descubrir la enorme dimensión de la persona que tenía enfrente. David Moner dejó plantado a su padre, tras haberse licenciado como abogado, porque le parecía poco las 800 pesetas que le pagaba por su trabajo. Decidió crear su propio bufete de abogados y renunció al apoyo familiar que tantas puertas le habría abierto.

Afrontaba las situaciones más comprometidas con un sentido de absoluta libertad

“Pedí un crédito al banco”, contaba. “Y lo gasté en relaciones públicas. Pero cundió, porque el Conde de Ybarra se comprometió a convertirme en su abogado si le resolvía un conflicto que tenía con su personal”. A espaldas de la empresa, Moner pactó con la otra parte para asegurarse ganar el juicio. Y así empezó su carrera de abogado y la construcción de un bufete que tiene representación en Barcelona, Madrid, Palma, Sevilla y Málaga, y que cuenta con alrededor de 100 empleados.

Su otra pasión fue el deporte. Lo practicó de joven y se convirtió luego en uno de los dirigentes más destacados del deporte catalán. Defendió los intereses del remo, especialmente en Banyoles —de donde se sentía originario— y logró que acudieran a su lago a competir las tripulaciones de las universidades de Oxford y Cambridge, antes de convertirla en unas de las sedes olímpicas en 1992. En su etapa como presidente de la natación catalana (1977-1995) remodeló la piscina Sant Jordi y el día de la inauguración se enfrentó a la policía que no quería que se celebrase el partido Catalunya-Francia de waterpolo. “Ellos querían que sonara el himno de España, pero me negué. Pactamos el olímpico y me multaron con 10.000 pesetas”, contó luego.

Luchador y honesto

En sus primeros años en la UFEC mantuvo un enfrentamiento con la Secretaria General del Deporte de Catalunya, porque asumió funciones de financiación de las federaciones que probablemente no le correspondían. Pero cuando todo el mundo imaginaba un enfrentamiento abierto con el entonces secretario de deportes de la Generalitat, Ivan Tibau, los tres —todos con raíces gerundenses— nos reunimos más de una vez a tomarnos unas gambas en Cal Parrufu (Hostalric) en una clara muestra de que sus relaciones eran muy buenas. La aportación de Moner al deporte fue reconocida con múltiples galardones: Orden Olímpica de Plata, Orden del Mérito Internacional de la República Francesa, Medalla de Plata al Mérito Deportivo del ayuntamiento de Barcelona, Medalla de Oro de la FC de Remo, Medalla de Oro de la FE de Natación, Anillos de Oro del COI, y también la Creu de Sant Jordi.

David Moner fue un luchador, no al gusto de todo el mundo. Pero amigo de sus amigos y honesto consigo mismo. Encontraba caminos para afrontar las situaciones más adversas. Y sabía vivir bien. Durante muchos años tuvo una mesa reservada en el restaurante Botafumeiro, donde acudía habitualmente y era lugar de reuniones para él. Y siempre quiso mantener una relación especial con Banyoles. Allí mantenía su casa familiar y muy buenos amigos. Ahora, a los 83 años, ha dicho adiós. Descanse en paz.