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ANÁLISIS

El primer paso

La mejor noticia es que el diálogo es posible, desde la discrepancia, y que los dos líderes no consideran que sea inútil

Pedro Sánchez lo ha repetido varias veces en la rueda de prensa posterior al encuentro con el M.H. president de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont: "Esta reunión será la primera de muchas". Para desandar, o para ir lejos, se necesitan pasos cortos, constantes, sin desmayo. Esta reunión no será relevante por los acuerdos, pero sí por las voluntades. Y querer es poder. La mejor noticia es que el diálogo es posible, desde la discrepancia, y que los dos líderes no consideran que sea inútil. Todo lo contrario. La primera de muchas.

Decía Adolfo Suárez que "el diálogo es, sin duda, el instrumento válido para todo acuerdo, pero en él hay una regla de oro que no se puede conculcar: no se debe pedir ni se puede ofrecer lo que no se puede entregar porque, en esa entrega, se juega la propia existencia de los interlocutores". En este contexto, ¿por qué se ha realizado el encuentro y para qué puede servir?

El primer paso. Normaliza, porque institucionaliza, las relaciones entre el president y el presidenciable del Gobierno español. Esa idea la ha reflejado la propia Generalitat, en boca de su portavoz, que ha hablado de Sánchez como presidenciable y no como secretario general del PSOE. Y esto sucede en ausencia ―autoimpuesta― del presidente en funciones. Arquímedes, uno de los grandes científico-matemáticos, lo explicaba muy bien con su principio, una enseñanza pertinente para la política: el espacio que se desocupa… puede ser ocupado. Sánchez y Puigdemont comparten objetivo: evitar que Rajoy continúe. Objetivos comunes permiten acuerdos tácticos.

La liturgia política. La reunión ha sido en el Palau de la Generalitat. Es una visita oficial al Gobierno de la Generalitat. No es un encuentro casual, como el que se produjo en la cena del Premio Planeta el pasado mes de octubre, entre Sánchez y Artur Mas. Es una reunión de trabajo, de diálogo. Una reunión para entender diferentes visiones y explorar diferentes ideas. Puigdemont ha ido a buscar a Pedro Sánchez. En la liturgia del Palau es un gesto relevante, significante.

La presión sobre Podemos. La aproximación de Pedro Sánchez es también un guiño indirecto a En Comú Podem y, por extensión, a Podemos. Que Sánchez hablara de la voluntad catalana de un Gobierno de cambio, y que la portavoz lo hiciera de la voluntad catalana de un referéndum, abre el espacio a la secuencialidad, más que a la condicionalidad de ambas aspiraciones. En este caso, Podemos no podría ser más exigentemente soberanista que el Gobierno de Puigdemont.

Los referéndums. No uno, dos. La propuesta de Sánchez ha sido la esperada: una reforma constitucional que permitiera celebrar un referéndum. Aunque, en este caso, serían dos: uno de todos los españoles para cambiar la Constitución y otro, solo en Cataluña, para votar un nuevo Estatuto. La imaginación empieza a liberarse y las fórmulas empiezan a dibujarse.

Los intereses compartidos. Deshielo, desbloqueo, normalización. Las tres palabras las han repetido ambos protagonistas. Este encuentro sirve para dejar atrás el ciclo de hostilidad e inmovilismo de Mariano Rajoy. Empieza una nueva etapa. Sánchez ha actuado como president, y como si ya lo fuera, ha respondido Puigdemont. El reconocimiento mutuo es un poderoso pegamento. Pueden no estar de acuerdo, pero comparten intereses. A veces, en política, eso es definitivo.

Antoni Gutiérrez-Rubí es asesor de comunicación

@antonigr