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Un luminoso calderón

'El alcalde de Zalamea' de Helena Pimenta, con Carmelo Gómez, arrasa antes de su estreno en el Lliure

Un momento de la obra protagonizada por Carmelo Gómez.
Un momento de la obra protagonizada por Carmelo Gómez.

Cuando anoche se estrenó El alcalde de Zalamea, uno de los más bellos y profundos textos de Calderón de la Barca, en el Teatre Lliure, de Barcelona, por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, la totalidad de las entradas para totas las representaciones (hasta el día 6) estaban vendidas desde hacía semanas.

El montaje, que cuenta con dirección de Helena Pimenta, llega precedido de un gran éxito en su temporada en Madrid, donde se estrenó el pasado 16 de octubre, inaugurando el restaurado Teatro de la Comedia, así como en una gira por diferentes ciudades. La pieza cuenta con versión de Álvaro Tato, filólogo, poeta y miembro del grupo teatral Ron Lalá y escenografía de Max Glaenzel. Se da la circunstancia de que los responsables de vestuario e iluminación, Pedro Moreno y Juan Gómez Cornejo, respectivamente, participaron con el mismo cometido en el histórico montaje que José Luis Alonso , para esta compañía, en 1988.

Al siempre valor seguro del verso calderoniano, se suman otros importantes atractivos en este espectáculo. Sin lugar a dudas su protagonista, Carmelo Gómez (como Pedro Crespo), que desde los inicios de su carrera no oculta su necesidad de recalar una y otra vez en el teatro áureo, como si fuera una necesidad más vital que profesional. Y no sólo en los escenarios; de hecho protagonizó el mayor éxito del teatro clásico español en el cine con El perro del hortelano, dirigido por Pilar Miró.

“Es un lugar donde se mide uno”, señala el actor, que recuerda con una cierta ironía que cuando estuvo en Barcelona protagonizando El caballero de Olmedo, uno de sus primeros clásicos bajo la dirección de Miguel Narros, hace veinticinco años, se le quebró la voz, se quedó mudo y las pasó canutas. En 1990 Narros espero que Gómez estuviera libre para tenerle en su montaje. En esta ocasión, Pimenta, cuando pergeñaba el reparto y no daba con un Pedro Crespo que le encajara en su proyecto, recibió una llamada que la dejó atónita hasta el punto de pensar si sería una broma de Carmelo. El actor la llamó y le dijo que quería presentarse en las audiciones de El alcalde de Zalamea. Ella no sabía cómo tomárselo, ya que no daba crédito que se ofreciera de esa manera directa y sin tapujos. Al día siguiente le confirmó que era el protagonista. “Siempre he hecho teatro clásico cuando pasa algo que tiene que ver conmigo”, apunta el actor, “en este momento de mi vida es la función en la que me veo, ahora vivo una reconciliación con mi padre, con el campo, con la tierra y además tengo una hija que se me ha hecho mayor”, dice Gómez con cara de ‘esto es lo que hay’.

Su adversario en el relato de Calderón, don Lope de Figueroa, está interpretado por Joaquín Notario, uno de los mejores actores en verso clásico, y uno de los pocos que ha transitado por numerosos personajes de la literatura barroca. De hecho, es de destacar que los últimos dos montajes de la CNTC, han sido dos calderones: La vida es sueño y este que llega ahora a Barcelona. Ambos textos ya se habían abordado con anterioridad por la CNTC. La vida es sueño, con una luminosa propuesta de Calixto Bieito y El alcalde…. con dirección de Eduardo Vasco. En ambos Notario fue el protagonista, en ambos los elogios fueron rotundos. Como lo han sido en los dos últimos calderones de Pimenta, en los que Notario salta encantado a otros versos.

Él y Carmelo Gómez ofrecen enfrentados unos diálogos magistrales de Calderón, de sutilísima y ágil verdadera esgrima verbal, que algunos críticos han señalado que pasarán a la historia del teatro contemporáneo.

Nuria Gallardo, también ducha en verso clásico desde su más tierna infancia, es Isabel, la hija ultrajada de Pedro Crespo, señalaba ayer que este montaje es un trabajo en equipo: “Es una función bestial, un auténtico terremoto que arrasa y en el que nos jugamos la vida todos”, apuntó la actriz quien recordó que se trata de un montaje que puede servir para reflexionar sobre la violencia de género y los crímenes machistas “de los que nunca es culpable la mujer”.