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El fiscal estudia el acto de un neonazi en la librería Europa

Ernesto Milá, condenado por participar en el asalto a la sede de la UCD en 1980, presenta un libro que elogia el nazismo

Pedro Varela lo ha vuelto a hacer. Pese a los precedentes y pese a las condenas judiciales, el librero neonazi ha organizado un nuevo evento cargado de polémica en la librería Europa de Barcelona. El próximo sábado, el histórico líder ultraderechista Ernesto Milá presentará allí su nuevo libro, El tiempo del despertar, que ensalza el auge del nazismo. Milá, de 63 años, participó en los años 80 en el asalto e incendio a una sede de la UCD de Adolfo Suárez, episodio por el que huyó a Francia y fue condenado. La Fiscalía ha pedido información a los Mossos d’Esquadra y está estudiando si adopta medidas, según ha podido saber EL PAÍS.

Pedro Varela, durante el juicio por difusión de ideas genocidas celebrado en 2010.
Pedro Varela, durante el juicio por difusión de ideas genocidas celebrado en 2010.

El folleto de la librería Europa que anuncia el acto señala que, en su libro, Milá “ha intentado separar la increíble propaganda de guerra” que oculta “una visión mucho más objetiva y desprovista de tópicos” sobre el auge del partido de Adolf Hitler entre 1919 y 1928. El libro, sigue la propaganda, es un estudio de “la ideología nacionalsocialista y su propuesta a la sociedad alemana”, y ayuda a “entender el espíritu de la época”.

El anfitrión de la conferencia y dueño de la librería, Pedro Varela, ha organizado en los últimos años otros actos que también han sido objeto de vigilancia por parte de la Fiscalía y de los Mossos d’Esquadra. Algunos de ellos incluso han originado protestas de grupos antifascistas. Por la librería de Gràcia han desfilado, entre otros, el exlíder del Ku Klux Klan David Duke (2007), el historiador revisionista británico David Irving (el mismo año) o el dirigente ultra alemán Manfred Roeder (2010), este último condenado también por participar en ataques terroristas de tinte xenófobo y por incitar el odio racial. Roeder llegó a luchar, como soldado adolescente, en la defensa de Berlín a finales de la Segunda Guerra Mundial.

En todos esos casos, el fiscal especializado en delitos de odio y discriminación de Barcelona, Miguel Ángel Aguilar, realizó un seguimiento. En el caso de Duke, se logró incluso una autorización judicial que permitía a los Mossos entrar en el local y detener a los promotores del acto si, de forma manifiesta, se hacía apología del racismo. La conferencia —en la que iba a presentar su libro Supremacismo judío— se suspendió sin incidentes después de que 500 manifestantes intentaran boicotear el acto.

Huida y detención

Autor de varios libros, Milá militó en el Partido Español Nacional Socialista —que atentó contra Gran Enciclopèdia Catalana y El Ciervo—, entre otras formaciones de ideología ultra. En 1980, participó en una manifestación del Frente de la Juventud que culminó con el asalto a la sede de UCD. Para evitar ser procesado, huyó a Francia. Allí, sin embargo, la policía le detuvo como sospechoso de participar en el atentado con bomba contra la sinagoga de la calle Copérnico de París, que el 3 de octubre de 1980 mató a cuatro personas.

Tres años más tarde, de regreso a Barcelona, fue detenido y condenado a dos años por desórdenes públicos. La Policía también relacionó a Milá con la colocación de explosivos en Bolonia, el atraco a una joyería en Valencia o el adiestramiento de comandos fascistas en Montserrat, aunque no fue condenado por esos hechos.

Su anfitrión el próximo sábado, Pedro Varela, también es un viejo conocido de la justicia. En 2010 fue condenado a casi tres años de cárcel por difundir ideas genocidas mediante la venta de libros de temática nazi. Anteriormente, había sido condenado en primera instancia a cinco años de cárcel por negar el Holocausto y provocar el odio y la violencia. El Tribunal Constitucional, sin embargo, acabó dictando en 2007 que la negación del genocidio no es delito y la Audiencia de Barcelona rebajó la pena hasta los siete meses de prisión. Varela también afronta un proceso judicial por vender Mi lucha, de Hitler, sin autorización del Estado de Baviera, el land alemán que poseía hasta el año pasado los derechos de autor.