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Mas amaga con una presidencia a cuatro para seducir a la CUP

Junts pel Sí recula y plantea la misma oferta que planteó en el debate de investidura

Los líderes de Junts pel Sí, cuando formaron grupo parlamentario.
Los líderes de Junts pel Sí, cuando formaron grupo parlamentario.

Junts pel Sí busca cualquier fórmula para que la Candidatura d'Unitat Popular (CUP) vote a la tercera la investidura de Artur Mas. La CUP rechazó uno de los últimos planteamientos hechos en la mesa de negociación: que Mas compartiera la presidencia Neus Munté, Raül Romeva, y Oriol Junqueras. Ayer, después de que saliera a la luz la proposición, la coalición de Convergència y Esquerra reculó e hizo pública otra oferta, que resultó ser la misma del debate de investidura: un Gobierno liderado por Mas con tres grandes áreas.

La idea de Junts pel Sí es demostrar que el actual presidente en funciones no tendrá el poder absoluto en su Gobierno aunque mantenga la condición de líder. Para visualizarlo, la coalición propuso a la CUP que hubiera cuatro presidentes de la Generalitat: Mas, que ostentaría el rango legal y se encargaría de la coordinación del Ejecutivo; la convergente Neus Munté, al frente del área de Bienestar; el que fuera cabeza de lista Raül Romeva, encargado de transparencia y exteriores; y el líder de Esquerra, Oriol Junqueras, gestionaría Economía. Los cuatro presidentes, según el diario ARA, se coordinarían en un consejo de presidencia en el que se centrarían las decisiones más importantes del Gobierno.

Horas después de su publicación, la CUP ya dejó claro que ni así cedería en su pretensión inicial de no votar a Mas. Consideró que suponía solo un cambio cosmético respecto a la propuesta que Junts pel Sí les había ofrecido en el debate de investidura. Como mucho, apuntaron fuentes de la formación anticapitalista, estarían dispuestos a votar a Mas si hubiera un cambio legal para que el líder de Convergència no tuviera dos prerrogativas básicas: firmar decretos y convocar elecciones anticipadas. Desde que el dirigente nacionalista amenazó con no convocar el 27-S si Esquerra no se unía a él, la obsesión de la CUP es quitarle ese privilegio.

Los partidos hablaron en la mesa de negociación sobre esa propuesta, pero tras el rechazo de la CUP, Junts pel Sí reculó. La formación emitió un comunicado con la propuesta definitiva de "Gobierno de transición" y el decreto que serviría para hacerlo realidad. La oferta resultó ser una ampliación del gobierno colegiado que Mas propuso: manteniendo las prerrogativas de presidente, el líder de CDC cedería las funciones de coordinación de varios departamentos al resto de dirigentes de Junts pel Sí, que comandarían las llamadas comisiones de Gobierno. Bajo el mando de Junqueras, que sería el vicepresidente, estarían los departamentos de Economía, Empresa y Conocimiento, Agricultura, Territorio y Trabajo y Asuntos Sociales; Romeva, al frente de Exteriores y Transparencia, asumiría la tutela de los consejeros de Gobernación, Interior y Justicia; para Neus Munté quedaría el área social: Bienestar, Salud, Educación, y Cultura.

Con esta configuración, las áreas clave para el desarrollo de la independencia y el control de la corrupción quedarían en manos de Esquerra o de Romeva, que pese a ser independiente mantiene una relación estrecha con Junqueras. La propuesta reitera otra de las ofertas que hizo el candidato a la investidura: someterse a una cuestión de confianza en el plazo de diez meses para "evaluar conjuntamente la evolución de los compromisos acordados", según Junts pel Sí.

En un acto celebrado anoche, Mas destacó que la oferta suponía "una solución nueva" para hacer funcionar el Gobierno. "Este movimiento en ningún caso cuestiona la eficacia y la dignidad de las instituciones catalanas, incluida la presidencia, que conserva todas las atribuciones que en este momento marca nuestro marco legal". El presidente en funciones afeó a la CUP que se mantenga en sus trece: "Nos estamos moviendo para que haya un acuerdo, pero si no se mueve todo el mundo, el acuerdo es imposible"

1.600 militantes

En la formación anticapitalista recelan de estos movimientos. La CUP considera que la propuesta de Mas no aporta nada de nuevo. La cesión de funciones, apuntan, se debe más al equilibrio interno de Junts pel Sí que a una intención de Mas de delegar poder.

Las maniobras de Junts pel Sí responden a la cercanía de la asamblea que la CUP celebrará este domingo. La coalición quiere presionar al sector más reticente a votar a Mas para que acaben cediendo. La formación anticapitalista someterá a la militancia su posición negociadora, en un debate en el que de momento se prevé que participen 1.600 personas.

Pese a que Junts pel Sí confía en que el acto desencalle la situación, la CUP ya ha avisado de que ese día no tomará una decisión definitiva: solo tomará el pulso a sus bases para seguir negociando: las opciones son apoyar una fórmula que incluya Mas; seguir insistiendo en que Junts pel Sí debe cambiar su candidato; esperar a que Catalunya Sí que Es Pot, la marca de Podemos e ICV, pueda cambiar de rumbo tras el 20-D; o directamente romper las conversaciones para ir a elecciones en marzo. Pese a la teoría, en el fondo del debate solo girará en torno a aceptar la figura de Mas, o rechazarla con todas las consecuencias.

La CUP supeditará cualquier pacto a llegar a un acuerdo sobre el plan de gobierno, cuyos avances, según fuentes de la formación, no son tan importantes como defienden en Junts pel Sí. "Lo que hay sobre la mesa, de momento, es poco o nada", lamentan en la formación.

Tras la Asamblea del domingo, la CUP espera avanzar en las negociaciones para poder llegar a un acuerdo antes del margen que fija la ley, el 10 de enero. En función de su desarrollo, convocará otra asamblea para ratificar un hipotético pacto, que podría ser el 13 de diciembre —a mitad de la campaña del 20-D—, o el 27 de diciembre.

En Junts pel Sí ya se han resignado que no llegarán al inicio de la campaña de las generales con un nuevo Gobierno en Cataluña. Pero con la división de la CUP, están convencidos en que las elecciones podrán evitarse. En ningún caso se plantean que Mas deje de ser candidato: el presidente en funciones está dispuesto a ceder en casi todo, excepto en mantener el puesto.

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