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La cercanía de Barajas encareció el Campus de la Justicia en 26 millones

Un informe interno de la Comunidad alertó de que el presupuesto de las obras era irreal

La proximidad del aeeropuerto impedía usar grúas en los edificios más altos del complejo

La  sede vacía del Instituto de Medicina Legal.
La sede vacía del Instituto de Medicina Legal.

Un informe encargado por los responsables de la Ciudad de la Justicia en 2009, al que tenido acceso EL PAÍS, evidencia que la proximidad al aeropuerto de Barajas encareció el proyecto —en un principio presupuestado en 500 millones— en, al menos, 26 millones y obligaba a dilatar los plazos de entrega. “Debido a las servidumbres aeroportuarias, la construcción en altura supone un sobrecoste de ejecución que solo para los proyectos ubicados en la parcela 6 [una de las dos existentes] en unos 26.000.000 euros, dadas las dificultades para ejecutar los proyectos sin rebasasar el techo aéreo que establece Aviación Civil”.

El proyecto inicial primaba la máxima liberalización del suelo para crear un gran jardín común a todos los edificios. “Eso se lograba minimizando la ocupación del solar e incrementando el número de pisos [en altura]”, explica el documento interno de la Ciudad de la Justicia. Pero había un problema: la limitación de las “servidumbres aeroportuarias”. Aviación Civil impone unas condiciones muy estrictas para conceder licencia de obras cerca de Barajas. Entre ellas, el uso de grúas durante la construcción de edificios altos. “Esa restricción ocasiona un importante impacto económico y de plazo”: al menos, 26 millones de euros.

Una urbe fantasma

  • En 2003 la Comunidad de Madrid presenta un Plan de Modernización de la Administración de Justicia que incluía un ambicioso proyecto para agrupar, en un mismo espacio, todos los órganos judiciales con sede en Madrid, a excepción del Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional. Ese proyecto se conoce como el Campus de la Justicia.
  • El objetivo era acabar con la dispersión de las sedes judiciales madrileñas: 178.382 metros cuadrados distribuidos en 19 edificios diferentes de la capital.
  • El 23 de diciembre de 2004 el Ayuntamiento aprobó el Plan Parcial del Parque de Valdebebas y el día 24 el Consejo de Gobierno autoriza la constitución de una sociedad mercantil de carácter público llamada Campus de la Justicia de Madrid para construirlo.
  • Se convoca un concurso internacional de ideas en 2005 y gana el proyecto 73737 de los arquitectos Frechilla y López-Peláez: habría 14 edificios circulares.
  • El 1 de febrero de 2007 arrancan las obras.
  • En 2008 estalla la burbuja inmobiliaria y se paraliza la venta de los edificios de las antiguas sedes judiciales en el centro de la capital. Con ello desaparece la fuente de financiación.
  • En 2012 surgen ideas para relanzar el proyecto. como la Ciudad de la Justicia Low Cost, pero nunca se llega a un plan de actuación.
  • En el verano de 2014 se liquida la sociedad Campus de la Justicia, lo que da pie a reimpulsar un nuevo proyecto.

Ayer, en la Comisión de Endeudamiento y Gestión de los Servicios Públicos en la Asamblea, el portavoz de Podemos, Eduardo Gutiérrez, quiso saber más de este encarecimiento del proyecto urbanístico. El viceconsejero Enrique Ruiz —que sustituyó al consejero Ángel Garrido, que era el citado— no contestó a esta pregunta. En su primera intervención, llena de vaguedades, lo que exasperó a la oposición, Ruiz explicó los motivos para elegir los terrenos de Valdebebas. “Se decidió esa ubicación porque quedaban pocos sitios de esas dimensiones cerca del centro de Madrid. Tiene 200.000 metros cuadrados”. Podemos exige que se justifique “porque se ubicó allí el proyecto” y por qué hubo una recalificación del polígono.

El campus debía ocupar dos zonas (la 6 y la 7) unidas por unos pasillos mecánicos que, destaca el informe, “como contrapartida supone una baja eficiencia espacial de los proyectos, con la consiguiente disminución del número de juzgados”. De esta manera, según el informe, no se iban a cumplir las expectativas de la Comunidad, porque frente a una previsión de 416 juzgados para el 2008, el diseño solo permitía alojar un máximo de 395.

La lista de deficiencias que incluye el informe encargado por la Ciudad de la Justicia es interminable. Critica que la “construcción cilíndrica o de planta de corona circular” eleva el coste, “además de que existirían grandes dificultades para su logro”. Por eso, el documento de 2009 propone que si el proyecto se relanzase —se paró a mediados de 2008— los inmuebles tuviesen forma rectangular.

Lamenta también que la “separación radical de los edificios, además de las dificultades intrínsecas (por ejemplo, los archivos independientes e inconexos), lleva a que algunos proyectos sean de tamaño reducido, lo que se traduce en unas pérdidas de eficiencia arquitectónica mayor de la que se obtendría, en el caso de proceder a la concentración de servicios en un número menor de edificios”. Otro ejemplo, subraya el documento, del encarecimiento del campus.

Nada parecía escapar al lujo. Las soluciones de fachada oscilaban “entre los 1.000 y 2.000 euros por metro cuadrado, frente a otras soluciones”, que cuestan 800 euros. Todo fruto, insiste el informe, del “carácter emblemático” del campus y que persiguiese “unos fines vanguardistas, estéticos y singulares más costosos de lo habitual”.

Esperanza Aguirre, la presidenta que puso la primera piedra, reconoció en agosto el exceso de ambición: “Hay que reconocer los errores y, visto desde hoy el proyecto de la Ciudad de la Justicia, fue megalómano”.

La auditoría reprocha también que el presupuesto de inversión no fuese el real: “Se incluye un porcentaje de contingencias al 7%, siendo muy bajo dadas las circunstancias del proyecto”; no menciona el coste de las dotaciones informáticas (que rondarían los 130.000 euros), o se renuncia a dejar constancia de la actualización del IPC.

Por estos motivos, el informe exige “un plan estratégico claro, serio, y preciso”. La falta de él “ha supuesto que no exista una referencia clara de cualquiera de los diversos aspectos que podrían analizarse y, por tanto, el proyecto del campus sea cada vez más virtual que real”.

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