Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Las tres lecturas

El plebiscito sobre la independencia ha fracasado. En cambio, el plebiscito que dirimía entre cambio e inmovilismo ha tenido un éxito espectacular: el 71% de los votos frente al 27%

La increíble y persistente miopía del actual Gobierno español ante las insistentes y razonables reclamaciones catalanas, junto a varios claros errores estratégicos de algunos partidos de Cataluña y de su Gobierno, nos han conducido a una situación de confusión y enfrentamientos que tiene una salida cada vez más difícil. Dicen que nadie sabe qué ocurrirá … Comparto esta dificultad de orientación. Este artículo intenta ordenar mis propias ideas, y tiene dos partes, escritas voluntariamente en dos momentos distintos: la mañana del 27, y la madrugada del 28.

27. 09. 2015. Hoy los catalanes, espero que muchos más que otras veces, vamos a votar en unas elecciones al Parlament, convocadas con la intención de convertirlas en plebiscito. No conocemos aún los resultados, pero además no conocemos ni cómo serán leídos, ya que las elecciones parlamentarias se leen en escaños, mientras que en los plebiscitos se cuentan los votos… Me temo que, en función del resultado, algunos contaran escaños y otros votos, ayudando a aumentar aún más la confusión.

Mi actual opinión personal, es que hoy, de forma consciente o no, vamos a dar respuesta a tres preguntas distintas: 1. ¿Qué Parlament y qué Govern queremos? (elecciones autonómicas). 2. ¿Queremos o no cambiar de forma importante el status quo actual de la relación entre Cataluña y el resto de España? (un plebiscito). Y 3. ¿Queremos o no separarnos del Estado español? (otro plebiscito).

Llegamos a las votaciones habiendo simplificado excesivamente el panorama, y habiendo equivocado el orden de los acontecimientos. Digo esto porque, en relación a las dos últimas preguntas, caben tres respuestas distintas: 1.Inmovilismo. 2. Cambio. 3. Independencia.

Evidentemente la independencia supone siempre haber escogido primero el cambio, pero el cambio no significa siempre querer la independencia. Y creo que esta simplificación no ayuda en nada a hacer un retrato claro de nuestra sociedad. Si estamos incómodos en un lugar y buscamos hacer un viaje, primero hay que decidir si queremos movernos o no; una vez decidido que sí, podemos plantearnos cuál de los posibles destinos preferimos…

Llegamos a las votaciones habiendo simplificado excesivamente el panorama, y habiendo equivocado el orden de los acontecimientos

Voy a votar, pues, aceptando que participo en unas elecciones, que además tienen un carácter de plebiscito, pero un plebiscito doble y más complejo que el que significa la alternativa unionismo/ independencia. Y por descontado, creyendo que los resultados electorales se miden en escaños, pero los plebiscitarios en votos…

28. 09. 2015. Pasada la medianoche, con luna llena, tengo delante los resultados. Ante la increíble confusión de lecturas que estoy presenciando, ofrezco mis conclusiones personales.

—Satisfacción por el éxito impresionante de participación. Hace tiempo decíamos que era importante poder “contarnos democráticamente”. Lo hemos hecho.

—La candidatura JPS ha ganado claramente las elecciones, rozando la mayoría absoluta. Tiene el derecho a buscar los apoyos necesarios para formar un Gobierno y la obligación de gobernar el país a favor del día a día de los ciudadanos, además de intentar llevar a cabo una hoja de ruta soberanista. Para ello hará falta una negociación; seguramente jugará un papel importante la CUP.

—El plebiscito sobre independencia, sí o no, ha tenido un resultado que los expertos denominan empate técnico (48%/52% en votos), claramente insuficiente para proclamar que en Cataluña hay una gran mayoría de ciudadanos a favor de la independencia.

—En cambio, el plebiscito sobre cambio/ inmovilismo ha tenido un éxito espectacular (71%/27%) suficiente para iniciar con gran fuerza un proceso de negociación con el Estado y con la UE. Para mí, esto es lo más importante del día 27.

Aprovechemos inteligentemente este resultado democrático de indiscutible voluntad de cambio, para construir un “pacto catalán” que exija al Estado, y pida a la UE, negociaciones para una nueva relación Cataluña/España; negociaciones que, sin descartar la independencia, no la tengan como condición previa. Para ello, CDC y ERC deben revisar su hoja de ruta. Para ello, Iniciativa per Catalunya, y otros miembros de Catalunya sí que es Pot deben confirmar esta opción. Y, sobre todo, para ello, el PSC debe regresar a su línea histórica de afirmación nacionalista, al margen de las reticencias que pueda encontrar en el PSOE. Sin todo ello tenemos mala salida…

Joan Majó es ingeniero y exministro