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Enfermedad y cura

Inés Arrimadas, en los debates televisados, ha ido perdiendo registros dramáticos

Comedor de hotelito mono. Desayuno con Inés Arrimadas, organizado por Empresaris de Catalunya, brazo empresarial de la sumamente inquietante Societat Civil Catalana, ONG extremo-centrista y extremo-no-nacionalista, conceptos que sólo existen en el país en el que la Divina Providencia se ha empleado más a fondo. Vaya, ya viene Arrimadas, acompañada de Albert Rivera. Arrimadas, que en los debates televisados ha ido perdiendo registros dramáticos, hasta quedar reducida al papel de señora que en agosto pide con voz de pito que bajen el aire acondicionado, viene con una serenidad nueva, como si jugara en casa. Rivera a su vez, ha optado por traje, corbata y el aspecto de madre de folclórica que va a ver a su niña a un tablao. Un empresario coge el micrófono y presenta el acto. Acto: este es uno de los cuatro desayunos que han hecho “con candidatos de partidos constitucionalistas”. Hay, en fin, más linces ibéricos que partidos constitucionalistas. Monto uno y me pongo las botas, me digo impregnado por el espíritu emprendedor que copa la sala, hasta que caigo que ya lo han hecho, y que estamos aquí por eso. La voz del empresario-presentador me devuelve a la realidad. Sigue hablando. Han colgado un manifiesto en su web contra todo lo que representa Junts pel Sí, salvo, supongo, su política económica. También han colgado un vídeo. Título: Ens hi juguen el pà, escucho, mientras comemos cruasanes. Muy buenos. Los de SCC serán como son, pero bordan los cruasanes.

Se presenta a Arrimadas con su currículum profesional y, posteriormente, con su currículum político. El profesional muy corto, pero en el Parlament ha hecho más leyes que Moisés un día de huelga japonesa. Queremos un Carrer Arrimadas, y lo queremos ahora. Arrimadas explica su lucha. Trailer: en España y Cataluña hay tres problemas estructurales. Al desarrollarlos, le salen siete. Si hubiera hecho un Power-Point, nos hubiéramos pelado cuatro problemas estructurales con el mismo gatito. La originalidad catalana es que tiene un problema estructural más. El separatismo, “un gasto inútil, que no va a gasto social ni a la empresa”. Se suceden palabros como I+D, diálogo, separatismo, separatismo, separatismo y la frase “una Cataluña donde los pobres tengan oportunidades”, que mañana me tatúo en el brazo. Turno de palabras. Son preguntas de autoexhibición y de lucimiento para al invitada. Hasta que se produce el yuyu de todos estos actos. Un señor se levanta, habla del “separatismo” como “enfermedad” y, glups, pregunta por “cómo acabarán ustedes de una vez por todas con esa enfermedad en España”, que remite a otros usos de la palabra enfermedad en los lejanos años 30. Mi favorita: "Barcelona está enferma y la trataré como a una persona enferma", pronunciada por un general que entró por la Diagonal en 1939.