Electrónica NAJWAJEAN

Cosquillas en el estómago

El tándem de Najwa Nimri y Carlos Jean acentúa el componente tenebroso de su ‘dance’

La vocalista Najwa Nimri y el productor Carlos Jean con su proyecto musical Najwajean.
La vocalista Najwa Nimri y el productor Carlos Jean con su proyecto musical Najwajean.Alberto Martín (EFE)

Gustarán mucho o casi nada, pero difícilmente podríamos negar en Carlos Jean y Najwa Nimri una cierta vocación de singularidad. Los dos artistas integran una extraña pareja con actitudes casi virulentas, alentadas por la confrontación, lo que se traduce en decisiones a contracorriente: abandonar el proyecto durante siete años cuando gozaba de predicamento comercial, por ejemplo, o reinstaurarlo en una plaza tan notable como el Circo Price para presentar un nuevo disco que aún no verá la calle hasta dentro de tres o cuatro meses. La curiosidad prevaleció sobre las incertidumbres y más de 1.100 personas quisieron el miércoles renovar su fe en este proyecto de baile hipnótico en inglés algo regulero. Hicieron bien. El tándem ha agudizado el componente tenebroso en su dance de láseres y luces estroboscópicas, y en títulos como Soldier rhythm o Waiting apuestan por bajos de ultratumba, tremebundos, de esos que provocan cosquillas en la boca del estómago.

Ataviada con una suerte de mono negro y extensiones a modo de coletas, cual heroína manga, Nimri acentúa el ritual de los ritmos tribales con sus bailes casi epilépticos, como de espantapájaros electrocutado. Jean se sonríe en segundo plano, parapetado tras el sintetizador y los ordenadores, como el hechicero de la tribu que urde en silencio cada nueva danza. Hay en Dead for you una cita a Personal Jesus (Depeche Mode) y una eficaz llamada de Najwa a la sublevación (“¡salid de vuestros asientos; aburríos de pie, que cuesta más!”), pero las alusiones más evidentes apuntan hacia Morcheeba, Goldfrapp o Portishead. Electrónica ralentizada y taciturna para balancearse espasmódicamente mientras se mascan las derrotas a altas horas de la madrugada.

La fiesta acabó en una prudente hora y media, con escalas en la balada a piano (Crime) o el baile orientalizante de No blood (¿una versión femenina de Dissidenten?), y la promesa de que este avance era solo un aperitivo. Quizás con el frío lleguen sacudidas en el estómago más poderosas.

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