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Inaugurar más allá del ‘procés’

Mas ‘corta la cinta’ de un equipamiento para personas con discapacidad intelectual grave que no abrirá sus puertas hasta septiembre, cuando la ley impide hacerlo

El presidente Artur Mas y la vicepresidenta Neus Munté, ayer en la inauguración de la residencia Mas Sauró
El presidente Artur Mas y la vicepresidenta Neus Munté, ayer en la inauguración de la residencia Mas Sauró

Son muy pocas las cintas que el presidente Artur Mas ha cortado en temas sociales. Las estrecheces económicas de la Generalitat y la política restrictiva han ahorrado en este tipo de imágenes, tan reivindicadas por entidades y vecinos. Ayer, en Barcelona, tuvo el gusto, aunque la residencia para personas con discapacidad psíquica y trastornos de conducta de Mas Sauró, en las faldas de Collserola, no abrirá hasta septiembre, cuando la ley electoral impide este tipo de fastos por la proximidad del 27-S.

Hace casi tres años que la obra estaba terminada y cerrada, sin uso. “No se podía poner en marcha por las dificultades”, explicó el presidente. Ayer no hubo tijeras y senyeras, pero Mas sí descubrió una pintura que hace las veces de placa. “Hay algunos que dicen que nunca hablamos de lo social. Aquí tienen el desmentido”, aseguró con satisfacción.

Hace casi tres años que la obra estaba terminada y cerrada, sin uso

El presidente; la vicepresidenta y consejera de Bienestar Social, Neus Munté; los directivos de la Fundación Vella Terra, que gestionará el equipamiento; y un grupo de invitados recorrieron las habitaciones vacías donde se acomodarán 48 personas. Serán atendidos por 63 profesionales de diferentes disciplinas. “Se trata de personas que necesitan un cuidado intensivo”, explicó Jordi Vilardell, director de la fundación.

La residencia de Mas Sauró, en Collserola
La residencia de Mas Sauró, en Collserola

La residencia, que se proyectó durante el tripartito, inicialmente iba a ser para personas con discapacidad física, con un total de 60 plazas. El perfil se cambió, explicó Mas, porque los discapacitados psíquicos “están en una situación de mayor dificultad y son una de las primerísimas prioridades”. En el servicio territorial de Barcelona hay una lista de espera de 235 pacientes con el mismo perfil de los que acogerá Mas Sauró.

“Hay algunos que dicen que nunca hablamos de lo social. Aquí tienen el desmentido”, aseguró Mas

El equipamiento corona una pequeña colina. El autobús pasa 12 veces al día. Una ubicación que ayer criticó la Federación Catalana de Discapacidad Intelectual por considerar que hace que las personas “queden apartadas en equipamientos que las condenan al aislamiento y a vivir una vida institucionalizada”.

Desde Bienestar aseguran que nunca habrían hecho una obra de estas características en este sitio, pero que ya construida hay que darle un uso. La Generalitat sacó a concurso la gestión del centro el pasado marzo y la adjudicación se hizo en junio. El contrato se firmó el 1 de julio, por 927.000 euros hasta que acabe el año. Vella Terra no tiene experiencia en residencias de este tipo, si bien opera varios equipamientos para ancianos. Fue la sexta oferta más económica, pero la primera en la calificación técnica.

Mas Sauró ya era famosa no solo por ser una especie de bunker fantasma perdido en el bosque, sino también por una cuestión de finanzas. En 2013, cuando Xavier Trias era alcalde de Barcelona, el grupo socialista denunció que la Generalitat y el Ayuntamiento habían firmado un convenio en el que, con obras ya hechas, se pagaba la deuda de la última ayuda a Spanair. En 2011, el pleno del Consistorio aprobó prestarle 25 millones de euros al Gobierno catalán por ese concepto. A la hora de pagar, la Generalitat incluyó los 6,6 millones que había costado Mas Sauró, que en ese momento ya estaba terminada y sin utilizar. La denuncia provocó el cambio de términos. Ayer fue política social.