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OPINIÓN

Independencia y casinos

En CDC ha hecho fortuna una nueva terminología —con tics antisistema incluidos—, que trata de convertir en sfumato su política rancia sobre la que pesan recortes y casos de corrupción

Mientras las fuerzas independentistas mayoritarias acababan dar el encerado izquierdista a su candidatura para el 27-S con Raül Romeva, Cataluña recibía una noticia de la mano del consejero de Economía, Andreu Mas-Colell: si no hay un gran inversor para BCN-World, no habrá proyecto. ¿Quiere eso decir que vamos hacia a una independencia exprés sin un macro casino?

La respuesta está en el aire. Después de la deserción del zar del ladrillo, Enrique Bañuelos, BCN-World se ha quedado viudo de referentes. Atrás ha quedado la fotografía de Bañuelos junto a Artur Mas, ahora número cuatro de la lista independentista mayoritaria y en septiembre de 2012 —momento de la instantánea— presidente de la Generalitat. El Gobierno catalán, después de que el magnate del juego Sheldon Adelson repudiara a Cataluña en favor de Alcorcón, puso toda su fe en un profesional: el hombre que probablemente más hinchó la burbuja inmobiliaria en la costa Mediterránea. Como entonces, ahora todo va camino de pinchar. El consejero de Economía, Andreu Mas-Colell, se encargó de ponerlo en claro el pasado miércoles en el Parlament: “O hay una inversión muy considerable o no habrá proyecto”. También sabemos que probablemente no se llamará BCN-World. “Ya veremos el nombre al final”, sentenció el consejero, para quien está claro que “esto no consistirá en cambiar un casinito de aquí para ponerlo en otra parte”. Las palabras del economista pretendían dar garantías de que solo habrá casino si es grande, el que se merece Cataluña. Recordemos, según crónicas de antaño, que su construcción iba a dar trabajo a 17.000 personas, cada resort emplearía a 5.000 ciudadanos más y el impacto laboral directo generaría unos 20 millones de euros mensuales. Luego ha resultado que Bañuelos solo pretendía, como era previsible, hacer negocio inmobiliario y alicatarlo todo hasta el techo.

CDC se decantó —con la ayuda del PSC— por el macro casino cuando todavía no era independentista, pero no parece que su decidido paso al frente soberanista haya hecho que se retracte respecto a BCN-World ¿Debe haber casinos en la Cataluña nueva? ¿Es compatible la incipiente preocupación social de CDC en su navegación por mares soberanistas con el “hagan juego, señores”? ¿Se conjugan bien el ladrillo, la reducción de impuestos sobre el juego y el aumento de partidas sociales?

Convergència, ya como integrante de la candidatura independentista mayoritaria, asegura estar preocupada por las maltrechas y arrinconadas políticas sociales. En esa creciente inclinación hacia los desfavorecidos ha llegado incluso a ceder el primer puesto de su lista para el 27-S a un reconocido hombre de izquierda. Será difícil el maridaje de sensibilidades. Las políticas sociales casan mal con el objetivo de destinar todos los superávits a reducir la deuda, tal como fija la ley estabilidad presupuestaria que votaron PP y Convergència. Claro que esto era 2012. Y desde entonces todo ha cambiado mucho. Y vertiginosamente. No vayamos más lejos: en una exigua semana, el referéndum griego pasó de ir “demasiado lejos”, de acuerdo con Andreu Mas-Colell a “ser una figura que hay que normalizar en toda Europa”, según la portavoz de CDC, Mercè Conesa. “Nuestra troika particular es el Gobierno central, el Tribunal Constitucional y el déficit fiscal”, sentenció en simpático guiño pro Syriza la portavoz convergente.

En Convergència ha irrumpido una terminología —antisistema, incluso- para convertir en sfumato su política rancia sobre la que pesa el caso Palau (15 sedes de CDC embargadas por los 6,6 millones de presuntas comisiones recibidas por obra pública); la millonaria deixa del avi Florenci Pujol a los nietos de esa extensa y emprendedora familia; la corrupción del caso Innova, la privatización de la sanidad, los recortes de los servicios sociales y la exaltación de la austeridad como una virtud casi teologal…

La independencia es ahora la divisa. Todo lo demás queda tan aparcado que CDC ha hecho sus 18 folios de conclusiones sobre la comisión antifraude del Parlament —que arrancó tras la confesión de Pujol— sin mencionar ni una sola vez el nombre de su fundador. Lo importante es el futuro. Por eso la Dirección General de la Juventud pregunta ahora a los jóvenes cómo quieren que sea la Cataluña ideal. Se pueden enviar ideas hasta el 31 de agosto. Mientras, el pasado se consume en la hoguera purificadora de la independencia.