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LA CRÓNICA

“¡Olga Viza, ya estoy aquí!”

La presentadora, representante del periodismo poliédrico que defiende la profesionalidad, la honestidad, el sentido común y el buen gusto a partir del respeto escrupuloso de los hechos, recibe el premio Quim Regàs

Olga Viza, con Xavier Vidal-Folch, Miguel Cardenal y Joan Pere Viladecans, en el Parlament.
Olga Viza, con Xavier Vidal-Folch, Miguel Cardenal y Joan Pere Viladecans, en el Parlament.

Atormentado como me siento desde que huyo de la noticia, busco consuelo en los clásicos. Me he vuelto un viejo gruñón que se preocupa por su supervivencia y se prepara para una prejubilación forzada o pactada mientras cuento los quioscos que todavía quedan abiertos como si fueran mi cordón umbilical con la faena. Nada me divierte más que caminar con un fajo de diarios debajo del brazo. Muchos me toman por un chiflado sin saber que ya me he familiarizado también con las nuevas tecnologías. Me preocupa cómo ganarme la vida de mayor cuando siendo joven no paraba de escribir sin cobrar. Y no encuentro la manera de estar en paz conmigo mismo porque no sé qué se espera de mí ni qué puedo dar, o lo que es peor, se me piden cosas que no sé hacer y las que ofrezco no interesan, así que la única forma que tengo para reconciliarme con aquel oficio vocacional que me tiene preso desde niño es acudir a las citas en que se reaprende el periodismo.

El martes fui a la entrega del VIII Premio Quim Regás. Me animó recordar su figura, la de un periodista transgresor, bohemio y apocalíptico, capaz de hacerse un diario por la noche y a la mañana siguiente crear uno nuevo, implicado en todo el proceso de producción, anticipándose a la noticia e inventándose formatos. Me reconfortó también poder saludar a referentes que veo de vez en cuando —Andreu Missé, Lluís Foix, Manel Cuyàs, Joan Subirats, Miguel Rico—, y a otros que me pillan cerca —Xavier Vidal Folch, Walter Oppenheimer—, por no hablar de los miembros del jurado y de las muchas periodistas —herederas de Mercedes Milá e Isabel Bosch. Y celebré que la galardonada fuera Olga Viza, ya distinguida con un Ondas y varios premios a la mejor comunicadora-presentadora de televisión, la musa que amenizaba los fines de semana con la redacción de Miramar a partir de programas como Estadio 2.

Tiempos en que nos paseaban por el mundo con el galope del Grand National, las paladas de la Oxford-Cambridge y las melés del Cinco Naciones. Aprendimos algo de golf, un poco de tenis, menos de ajedrez y discutimos de motos y fórmula 1 para no abrir boca sobre gimnasia hasta que no hablaba Olga. Me fascinaban los periodistas enciclopédicos de entonces, gente como Juanjo Castillo, al que no se le caía la ceniza del pitillo hasta que acababa la frase, momento que nunca coincidía con el timbre del carro de su máquina de escribir. Y adoraba a Olga, pionera y heroína en un tiempo de periodismo de calzoncillos. No es que supiera de todo sino que quería saber sobre todas las cosas. Igual hablaba con Ballesteros que entrevistaba a Carl Lewis o buscaba a Senna para acabar reflexionando sobre el último movimiento del Kárpov-Kaspárov..

Tras 15 años de información deportiva, 37 de oficio, asegura: "Lo más importante no es donde trabajas sino con quién lo haces”

Retransmitió tres mundiales de fútbol y seis Juegos Olímpicos antes de moderar el debate Zapatero-Rajoy. La pareja más célebre de Barcelona-92 fue seguramente la de Olga Viza y Matías Prats. Hay pocas escuelas mejores que la de Deportes para convertirse en una celebridad periodística como saben Jordi Basté, Antoni Bassas o la propia Olga, representante del periodismo poliédrico que defiende la profesionalidad, la honestidad, el sentido común y el buen gusto a partir del respeto escrupuloso de los hechos. Una apreciación muy generalista y que en su caso pide matices para reforzar su valía. Además de decente y documentada, Olga Viza ha sido siempre una periodista rigurosa, cuya fuente de energía es la curiosidad. Palabra de quien bien la conoce: Martí Perarnau.

Mantiene siempre la calma, por más grave que sea el acontecimiento, convencida de que saldrá del apuro. No conozco a nadie más capaz de afrontar el programa más largo solo con sus preguntas. “¿Estamos satisfechos con lo que hacemos? ¿No hay excesiva opinión? ¿No estaremos trivializando la información? ¿No nos obsesiona demasiado llegar a las multitudes a cualquier precio? ¿No estamos más enganchados a la pelea que al debate? ¿No nos estaremos metiendo un gol en propia puerta?” En su discurso en el Parlament, preguntó mucho y afirmó poco, pero sobre seguro: “Lo más importante no es donde trabajas sino con quién lo haces”.

Una jornada más se debatió sobre el periodismo de club; la futbolización del deporte; el reparto de los espacios en los medios en función del éxito o del fracaso, del héroe o del villano; y sobre todo sobre lo peligroso que es cuando lo inmediato prima sobre la calidad cuando no sobre la verdad, circunstancia que obliga a reivindicar la figura del periodista, para separar “el grano de la paja”. Conviene escuchar a Olga, leer sus entrevistas en Marca, reparar en su obra audiovisual, reivindicar su vocación de servicio edificada desde la exigencia, siempre con respeto y el tono adecuado, nunca ramplón ni grandilocuente. Sus 15 años en deportes, 37 de periodismo, se reflejan en una anécdota recién contada: Antena 3 grababa a una patera acabada de llegar cuando un inmigrante se acercó a la cámara identificada con el logo de la cadena y dijo: “¡Olga Viza, ya estoy aquí!”.

El martes fuimos varios los náufragos del periodismo que nos acercamos hasta el Parlament en busca del calor que desprende la última premiada del Quim Regàs: “¡Olga, ya estamos aquí!”. Y ella nos reconfortó como siempre: segura, serena, elegante. Igual que un Rolls Royce. Un clásico.