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Una conspiración tabernera

Centros sociales autogestionados, parques y tabernas con aires comuneros forman el hábitat de este editor de ensayo crítico

1. Patio Maravillas. Como ocurre con la mayoría de los centros sociales que se okupan, la entidad dueña del edificio está presionando para que el Ayuntamiento lo desaloje. Por lo general, el edificio sigue años parado hasta que la coyuntura cambia y se vende. Es importante que la gente vaya conquistando espacios como este, donde se hacen todo tipo de actividades además de participar. (Pez, 21).

2. Taberna Badila. Es un sitio agradable y pequeñito, en el que compartes mesa mientras Miguel, el dueño, sirve cocina tradicional, como albóndigas o ensaladilla rusa, con un toque contemporáneo. El estofado de ciervo está buenísimo. Se está poniendo de moda y suelen dejarse caer por allí actores conocidos. (Cabeza, 6).

3. Piscina del centro deportivo municipal Daoiz y Velarde. Está en un edificio antiguo, del estilo del Matadero. No es tanto que me guste este lugar, pero mi chica, Cristina, nada mucho y yo voy a ocuparme de León, nuestro hijo, que tiene cuatro meses. Mientras ella nada, yo cuido al crío y leo. (Ciudad de Barcelona, 162).

Lecturas combativas

Daniel Moreno (Madrid, 1981) es el editor de Capitán Swing, un sello de libros de pensamiento combativo. Entre sus éxitos están Chavs de Owen Jones, Sociofobia, de César Rendueles o Indies, hipsters y gafapastas, de Víctor Lenore.

4. La Universal. Donde antes estaba esta sastrería, ahora se afincan varios colectivos, entre ellos la librería asociativa Traficantes de Sueños, que fue pionera en un tipo de libros: El ensayo crítico y político, que era difícil de encontrar cuando empezaron, hace 20 años. Tienen un proyecto editorial chulo y realizan multitud de eventos. (Duque de Alba, 13).

5. Centro Social La Piluka. Surgió porque en el barrio del Pilar no había espacio de encuentro y este local fue tomado por los vecinos. Ahora es un espacio autogestionado que tiene librería, videoteca, grupos de consumo, trueque, y hay hasta un rocódromo. (Plaza Corcubión, 16).

6. Heladería Palazzo. Ponen la mejor horchata de Madrid. En esta ciudad es difícil encontrar buena horchata. La que encuentras es de bote guarrindongo. Esta es artesana y buenísima. Me gusta ir a la heladería que está enfrente del Palacio Real y contemplar nuestros monumentos faraónicos. (Bailén, 11).

7. Parque del Cerro del Tío Pío. Más conocido como parque de las siete tetas, porque tiene siete colinas en forma de teta. Está algo apartado de la ciudad y es el mejor sitio para ver el atardecer en Madrid. (Puente de Vallecas).

8. Taberna Castellana. Durante mis estudios me relacionaba mucho con gente de la asociación cultural Castilla Comunera, que tiene esta taberna. No me identifico con estas ideas castellanas, pero he pasado miles de tardes allí con mis amigos conspirando y haciendo maldades (Picos de Europa, 45).

9. La Mallorquina.  Es un sitio como rancio y viejuno, que lleva toda la vida siendo igual, mantiene, incluso, los mismos camareros. Esto le da su encanto. El público es intergeneracional: señoras merendando chocolate con porras, turistas poniéndose hasta arriba o gente joven. Mi favorito, las palmeras de chocolate (Mayor, 2).

10. Huerto del Retiro. Los vecinos pueden ir a cultivar y recoger y tienen cursos de formación muy buenos; allí he aprendido a cultivar tomates. Si ocurre alguna catástrofe apocalíptica, podré sobrevivir un poco más (Parque del Retiro, Puerta del Ángel Caído).

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