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CRÍTICA

Problemas de acústica

El auditorio superior del Palau de les Arts no tiene la excelente sonoridad de la sala principal

El director de orquesta Jordi Bernácer y el cantante Carlos Álvarez, en los preparativos del concierto.
El director de orquesta Jordi Bernácer y el cantante Carlos Álvarez, en los preparativos del concierto.

Es habitual en los recitales combinar la actuación de la figura estelar con algún número en dúo, y también con piezas interpretadas por la orquesta que le acompaña. En este caso, Carlos Álvarez y la Orquesta de les Arts compartieron también el concierto con partituras ejecutadas por el coro de la casa. Y resultó al final que no se escuchó demasiado tiempo al barítono malagueño. Luego, ante la insistencia del público, repitió el aria primera que había ofrecido: Finch’han dal vino, de Don Giovanni. Al parecer, no se había previsto ningún regalo fuera de programa, y hubo que bisar (en el sentido literal del término) una de las ya cantadas. Lástima. Porque el programa no incluía ningún Verdi, compositor muy ligado al éxito de Álvarez, y se esperaba que recurriera a él en los regalos.

En la primera parte de la sesión, centrada en Mozart, además del aria señalada, cantó en solitario Hai già vinta la causa, de Las bodas de Fígaro. En ambas lució una voz rotunda y de oscuro color, quizá algo tirante en los agudos. Gustó mucho también su manera de decir los textos, así como la desenvoltura escénica. Federica Alfano, del Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo, le dio la réplica en los famosos dúos mozartianos Là ci darem la mano y Crudel! Perchè fin’ora, mostrándose mucho más segura en el último de ellos. Jordi Bernàcer, dirigiendo la orquesta, hizo un Mozart chispeante y preciso.

Ficha del concierto

Intérpretes: Carlos Álvarez y Federica Alfano

Obras de Mozart, Bellini, Rossini y Bizet

Palau de les Arts. Valencia, 26 de marzo de 2015

Cor i Orquestra de la Comunitat Valenciana

Director musical: Jordi Bernàcer

A pesar del tempo vivo marcado por la batuta, hubo algún pequeño desajuste con el barítono, porque este todavía corría más. De todas maneras, y en lo que se refiere a la sonoridad orquestal, la acústica del auditorio superior del recinto es tan mala que hace casi imposible el empaste. Se ha dicho y se ha repetido hasta la saciedad, pero en estos momentos ya nadie reclama una solución.

Cuando intervino el coro, la cosa empeoró, pues a los problemas de acústica se añadió la creciente tendencia de esta agrupación a convertir el forte en fortissimo. Llevan mucho tiempo con ese déficit a cuestas, pero esta vez se hizo patente en casi todos los números interpretados, especialmente en el primero de Carmen, donde se armó un estrépito considerable. El director del coro y cada uno de sus miembros deberían replantearse el enfoque de la dinámica, ya que está convirtiéndose en el flanco débil de un conjunto, por lo demás, experimentado y versátil.

La orquesta estuvo bien con Bellini y Rossini, exhibiendo una buena sección de trompas, en el primer caso, y una bonita intervención del violonchelo solista en el segundo. La voz de Álvarez fluyó con fuerza y expresión en I puritani (Or dove fuggo io mai... Ah, per sempre io te perdei), pero resultaba poco ligera en las agilidades, y quizá no muy adecuada para este repertorio. Más en línea con la partitura y destilando un sincero dramatismo cantó el Sois immobile de Guillermo Tell. Respecto a Escamillo y su famosa canción del toreador, hay que señalar que la orquesta también se subió al carro de los decibelios, tapando al cantante en la primera estrofa, aunque luego supo recoger velas y permitió disfrutar de la voz solista en un rol que domina bien.