“Una sola rosa es todas las rosas”

Un silente y enorme sentimiento de vacío llena la capilla ardiente de Rosa Novell

Eduardo Mendoza, junto a su hermana Cristina, en la entrada del tanatorio de Sant Gervasi de Barcelona.
Eduardo Mendoza, junto a su hermana Cristina, en la entrada del tanatorio de Sant Gervasi de Barcelona.Gianluca Battista

Hasta el mar optó por su azul más grisáceo, como si ni quisiera aparecer en la lontananza: dormía tranquilo y sereno. Un susurro muy lejano, los coches. Sí, la naturaleza se acomodó a como fue más en los últimos tiempos Rosa Novell, otrora troyana de Eurípides, Fedra, Molly Bloom... Pero en su adiós ayer en la capilla ardiente en el tanatorio de Sant Gervasi, en lo alto de Barcelona, todo era lento, silencioso. Era el contrapunto a lo que se había sufrido hasta el desenlace final del pasado viernes de la actriz y directora teatral, fallecida a los 62 años. “Los últimos tiempos han sido duros... Que descanse ya es lo mejor”, apenas articuló su compañero Eduardo Mendoza, afable tras su rostro cansado, al que sólo entre los más íntimos se le escapó: “No pensé que, tras tanto tiempo para ese acercando a lo inevitable, me afectara ahora tanto”. Lo decía como disculpándose, haciendo al escritor aun más humano.

Entre las voces quedas de los pequeños grupúsculos que se iban formando se repetía el papel de Mendoza, atento a una mujer de carácter que debió acostumbrarse a la oscuridad y al ritmo lento y a tropezar y a romper cosas sin querer. “Ha sido cariñoso y atento con ella a más no poder; Rosa cambió mucho desde que le conoció; eso es la fuerza del amor”, comentaba Núria Amat. La escritora fue de las primeras que conoció la relación de ambos y por ello sabe de las cuitas y preocupaciones de la actriz: “Curiosa esta Cataluña: ahora la ensalza pero algunos sabemos de las veces que te llamaba por teléfono contándote que no tenía trabajo”. Esos momentos de paro forzoso la debieron marcar porque el conseller de Cultura de la Generalitat, Ferran Mascarell, lo sacó indirectamente a colación: “Tuvimos una conversación hace ya unos 20 años y me dijo que recordara que el trabajo de los actores era muy frágil, que han de estar pendientes de un teléfono que ha de sonar para tener un papel; le debo un poco la filosofía de lo que creo que ha de ser mi trabajo en la administración: crear una red de oportunidades. Esa idea es suya”, dijo hasta con un punto melancólico.

“Trabajar hasta el final le fue bien: sacó la bestia de actriz”, cree Queco Novell

Sí, imperaba un sentimiento de vacío enorme, que compañeros de profesión de la actriz como Aina Clotet o Eduard Farelo tradujeron marchándose del tanatorio sin ser vistos; Mingu Ràfols resumió el estado de ánimo: “Los amigos nos quedamos con la pena íntima”, decía señalándose el pecho. “Fue una gran activista cultural, he venido por respeto y admiración; el problema es que acudimos cada vez más a menudo aquí”, constataba un parco Eduard Fernández. Sí, una diva del teatro, tablas que sólo dejó cuando el cuerpo se negó a obedecerla. “No, no, hacer L’última trobada en el Romea con Abel Folk le fue muy bien: le sacó de nuevo la bestia de gran actriz que tenía y le hizo recobrar sentido a su vida en el tramo final; al principio tenía miedo, claro, recuerdo que me decía: ‘Es que Abel me va a hacer caminar y tal’, pero lo superó rápido”, recordaba su hermano, el periodista y también actor Queco Novell; ayer, claro, no hubo doble función de Polònia. El musical en el Poliorama. Una pausa forzosa que explicaba la presencia de la mayor parte de los actores asiduos a la productora Minoria Absoluta: Fermí Fernández, Bruno Oro...

La faceta de actriz también estaba en boca de todos. Dentro y lejos del tanatorio. “Siempre iba más allá, no se conformaba con el trabajo convencional de interpretación”, recordó para este diario Sergi Belbel, informa Jacinto Antón. “Desde el primer día de ensayos ya había hecho un análisis de la obra y de su papel; eso le venía de sus estudios, era una lletraferida. Siempre añadía el punto de vista intelectual, eso la situaba muy por encima del nivel medio de actores y actrices de aquí, lo que a veces la hacía chocar con su entorno. Y estaba la pasión, claro. Pasíón y sabiduría, esa era Rosa”. Y añade charme. “Era coqueta también y sabía conjugar con mucha picardía su gran inteligencia con dosis de frivolidad. Seductora, glamorosa. Se tomó como algo personal lo que dijo aquel conseller de Cultura de que no había glamour en la escena catalana. Y es verdad que ella lo era. Su muerte nos priva también de una gran directora. Como con Anna Lizaran, se han truncado dos grandes carreras. Se van en plenitud total. Eso nos priva de actrices que podrían haber sido nuevas Núria Espert”. Para Hermann Bonnin, “era una de las actrices con personalidad más fuerte que he conocido, y la conocí muy pronto, porque fui profesor suyo en el Institut del Teatre”. Recalcó el actor y director “la dimensión humana” de Novell, “una mujer a la vez frágil y fuerte”.

Entre los amigos se repetía el árduo papel de Mendoza en los últimos tiempos

Esa faceta de lletraferida y el oficio del compañero escritor explicaban en el tanatorio desde la presencia de gente del mundo de la gastronomía (Rosa Gil, de Casa Leopoldo, donde se les podía ver con asiduidad), al arte (Frederic Amat), el cine (su amiga Isona Passola, que estrenará un documental sobre la experiencia de Novell con la ceguera) y de la literatura, claro: desde agentes literarios (Gloria Gutiérrez, de la agencia Carmen Balcells, de cuya cuadra Mendoza forma parte) a Miquel de Palol (“Nos conocíamos desde los 20 años: estudiamos juntos y ya entonces era dinamita pura; el pasado verano estuvimos en la playa y se bañó y comió bajo un pinar; Eduardo dice que le confesó que fue de los mejores días de su última etapa”), pasando por Pere Gimferrer y Elena Ramírez. Más que visto, el poeta dejó su huella en el libro de condolencias, recordando versos de Malherbe (Mais elle était du monde où les plus belles choses / Ont le pire destin, / Et rose elle a vécu ce que vivent les roses, / L’espace d’un matin), que con su propia prosa poética cerró: “Como decía Rilke, una sola rosa es todas las rosas y esta rosa es la irremplazable, lo perfecto. Mi amor y dolor”.

Fuera, un reloj daba, como alcochadas, las horas. Un pájaro cantó dos veces.

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