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“Somos chatarreros. La policía debería perseguir a los ladrones”

Desalojada otra nave del Poblenou donde vivía y almacenaba hierro una familia de Rumanía

Joan Szózg, junto a su carro, con las pertenencias que ha podido sacar de la nave del Poblenou, tras el desalojo.
Joan Szózg, junto a su carro, con las pertenencias que ha podido sacar de la nave del Poblenou, tras el desalojo.

Las naves van desapareciendo del Poblenou y el cerco se estrecha sobre los grupos de inmigrantes que viven de recoger, almacenar, vender o comprar chatarra. Los últimos en ser desalojados han sido, este martes de buena mañana, la familia Szózg, de Rumanía. Una decena de personas que llevaban, aseguran, siete meses en el número 78 de la calle de Joan d'Àustria, a pocos metros de la antigua fábrica de Letona y Cacaolat.

Un espacio diáfano y limpio organizado por zonas: aquí habitaciones donde no falta de nada levantadas con maderas; allá la cocina; un poco más lejos montones de chatarra organizada por materiales. "La policía ha llegado a las ocho de la mañana y nos han echado sin dejarnos coger nada", lamenta Gabriela: "ni la chatarra ni el papel". "Es muy injusto que vayan a por nosotros, somos chatarreros, la policía debería perseguir a los ladrones", insiste. Referencia velada al estigma que persigue a los gitanos de origen rumano.

La Red de Apoyo a los Asentamientos del Poblenou critica que no han sido avisados

Gabriela es la que mejor habla español del grupo. Otros apenas lo hablan. Como Joan y su mujer Florina. Tienen tres hijos en Rumanía y ella espera el cuarto. "Hay días que no me salen ni cinco euros", se quejaba él. Toda la chatarra ha bajado de precio: por cien kilos de hierro te dan siete euros, asegura el grupo. Y Joan tiene 1.000 kilos en la nave que no podrá recuperar: 70 euros. "No somos ladrones", insiste. Igual que Bobiche, un pariente húngaro de ojos azules clarísimos que hay días que consigue el dinero para comer pidiendo limosna.

El desalojo ha pillado por sorpresa a la Red de Apoyo a los Asentamientos del barrio. Andrés García Berrio, abogado y miembro de la red, estaba este mediodía indignado: "Nos han esquivado". "Por lo menos podrían habernos avisado con una semana de tiempo para buscarnos otro sitio donde ir", dice Gabriela.

Por lo pronto el grupo se ha quedado en la calle con lo poco que han podido sacar en sus carros tirados por bicicletas. El Ayuntamiento les ha ofrecido tres noches de albergue: "¿Y los carros dónde los dejamos?, ¿Y luego adónde vamos?", inquieren. Hasta la nave se ha acercado también Ibrahim, uno de los inmigrantes subsaharianos que fueron desalojados del asentamiento de la calle de Pujades. Ahora está pendiente del poblado de Glòries, cuyo desalojo es inminente.