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Morir en la calle, solo y sin ayuda

En 15 días han fallecido tres personas desatendidas en Valencia

“Algo está fallando en los mecanismos de protección” comenta un experto de Cáritas

Dos personas que viven en la calle en Valencia.
Dos personas que viven en la calle en Valencia.

Solos, sin ayuda, sin recursos. En apenas 15 días —entre el 5 de febrero y el jueves pasado— tres personas en grave situación de desamparo han muerto mientras dormían en las calles de Valencia en un invierno especialmente duro. “Algo está fallando en los mecanismos de protección, esto no es normal”, reflexiona José Antonio Manuel, responsable del programa de atención a las personas sin hogar de Cáritas en Valencia.

Uno falleció en un cajero, donde dormía habitualmente. Otro en un edificio en obras de El Cabanyal. El tercero fue encontrado en muy mal estado en un banco de la avenida de Blasco Ibáñez y expiró durante su traslado al hospital Clínico.

Valencia cuenta con un servicio para atender a las personas sin hogar, el Centro de Atención a las Personas sin Techo (CAST). Se trata de unas dependencias municipales que sirven de derivación hacia los recursos existentes, casi todos en manos de asociaciones y entidades privadas (Cáritas, Casa Caridad, el Albergue San Juan de Dios). También hay una unidad de Policía Local especializada en atender a estas personas.

“Quizás haya que replantearse el actual modelo de intervención y atención social”, comenta José Antonio Manuel. El itinerario de inserción se basa en ofrecer recursos (una plaza en un albergue) a cambio de participar en programas de inserción social (de deshabituación del alcohol u otras sustancias).

En Europa y algunas ciudades españolas se está ensayando otro tipo de estrategias. Como la denominada housing first (la casa primero), que consiste en ofrecer de entrada el acceso a una vivienda “independientemente de si se tienen problemas mentales, alcoholismo u otro tipo de adicciones”, explica el experto de Cáritas.

José Antonio Manuel también plantea la necesidad de mejorar la coordinación de los distintos recursos que maneja el Ayuntamiento, como el trabajo de calle, que consiste en desplazarse para atender a las personas sin techo. “Hay que pensar cómo intervenir para que sea más fácil detectar las situaciones de emergencia a tiempo”, insiste. Sin olvidar la responsabilidad ciudadana: "El llamamiento debe hacerse extensivo a toda la sociedad, romper la indiferencia y el aislamiento de las personas en situación de exclusión".

La concejalía de Bienestar Social trasladó ayer que el último fallecido no era estrictamente una de las 74 personas sin hogar que el Ayuntamiento tiene censadas y controladas en la ciudad —al margen de la población flotante—. “Era conocido por los servicios sanitarios y el centro de salud mental, así como por la Policía Local”, señaló en un comunicado. “No era una persona sin techo, sino una persona que ha fallecido en la calle, pues tenía una vivienda”. Padecía diversos tipos de adicciones, era conflictiva, tenía problemas de salud mental e incluso había llegado a prender fuego en su casa, añadieron desde el Ayuntamiento.

Para José Antonio Manuel este tipo de argumentos no suponen ninguna excusa. “La situación de exclusión residencial va más allá de las personas sin techo que hay en la calle”, explica. “Y en la Comunidad Valenciana esta situación va en aumento”.

La clave está en contar con mecanismos capaces de detectar las situaciones más extremas y ayudar antes de que sea demasiado tarde. Hay circunstancias en las que la muerte puede ser inevitable. “A nosotros nos ha sucedido”, explica el responsable de Cáritas. “Pero hay que ser capaces de ofrecer a la persona un tratamiento digno cuando llega este momento, poder trasladarlo a un hospital y si tiene que morir, que lo haga en condiciones dignas, bien atendido”. No ha sido el caso de las tres víctimas recientes.