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JOSÉ C. VALES Ganador del 71º premio Nadal de novela

“Siempre me ha interesado indagar por qué amamos mal”

“El eclecticismo literario imperante se acerca demasiado a la confusión"

El escritor y traductor José C. Vales, ayer en Barcelona. Ampliar foto
El escritor y traductor José C. Vales, ayer en Barcelona.

Gana discurso en la distancia corta el escritor y traductor José C. Vales (Zamora, 1965), lejos de los focos que le apuntaban la noche del martes tras ganar el 71º premio Nadal de novela que convoca Destino. Olvida los nervios y se le ve cómodo hablando de cómo disfruta leyendo a Umberto Eco sobre teoría estética o del duelo entre Arnold Bennet y Virginia Woolf sobre el sino de la novela. “Woolf es la eclosión del retrato psicológico y Bennett, el último gran heredero del naturalismo… En cualquier caso refleja cómo de caprichoso es esto de la literatura, en la que se impone una corriente por el mero cambio de gusto del público o por la falta de sucesores o por el simple olvido”. Opina que hoy impera “un eclecticismo literario que se acerca demasiado a la confusión”, reflejo de “un acomodo de la literatura como lo hace la vida misma; lo importante es que no se separe de la vida, sino la literatura está perdida”. Y eso es lo que ha intentado él mismo en su Cabaret Biarritz, la obra ganadora que aparecerá en febrero y en la que la investigación de un crimen en la veraniega localidad francesa durante los locos años 20 deja fluir por su fondo la imposibilidad del amor o, quizá mejor, lo mal que amamos.

Le ha servido a este filólogo su especialización en Filosofía y Estética romántica en su aún tierno oficio de escritor (la del Nadal es apenas la segunda, tras su debut hace apenas un año con El pensionado de Neuwelke) porque cree que el Romanticismo y sus seguidores —“eran hijos bastardos de la Ilustración pero que en el momento de las grandes decisiones salieron los chicos malos con pelos alocados y una tendencia excesiva al suicidio”, ironiza— “permitieron al escritor meter las narices donde no le llaman: en un juego divertido, a veces abandonan la ficción y hablan al lector cara a cara; ahí están las obras de Wilkie Collins o de Anthony Trollope”, justifica.

El mundo “terrible y sublime” romántico queda lejos del de los años 20 de entreguerras europea, escenario escogido por Vales “por la estética, pero lo llevo al de aquí y ahora”. Le interesaba de ese periodo el “caos emocional en el que se vivió, fruto del desastre de la Primera Guerra Mundial”, con la pasión desatada por la vida que impregnó a todos. En ese marco sentimental, un escritor por encargo recibe el de novelar un aparente crimen de una librera en el muelle de la Biarritz de 1925. Las entrevistas que realiza a una treintena de personajes de todo el escalafón social (desde princesas rusas a criadas, buscavidas o prostitutas, flotando entre el champán y las pastillas de cocaína y la mugre de los barrios bajos) conforman la estructura de la novela. “Quería mostrar ambas caras de una sociedad, la hermosa y la caótica, que se basa en la propia idea que tengo del mundo, en la que conviven elementos sublimes y terribles, maravillosos y espantosos”. Romanticismo puro.

A Vales no le gustan, sin embargo, las novelas de tesis: “Una obra puede ser útil pero lo que creo seguro que debe ser es divertida; de ese placer luego se pueden extraer conclusiones, como hizo Cervantes con el Quijote, que casi acaba como tratado filosófico”. Quizá por ello hay en Cabaret Biarritz un hilo negrocriminal, aditamento que parece obligado en la literatura triunfante de hoy pero que, aunque lo use, Vales parece repudiar. “Se trata la muerte demasiado a la ligera; es extraordinariamente dura y se utiliza para todo: los poetas solo versifican que se mueren pero lo hacen de viejos”, vuelve a ironizar. “En mi novela hay un suceso desgraciado , pero la investigación policial permite una indagación emotiva que es la subtrama que me interesaba, una pasión sentimental conflictiva que en el pasado ya fue fallida: ¿Por qué amamos a uno u otro o a un tercero que no nos ama? ¿Por qué siempre amamos mal?... Me interesa indagar en ello”.

La inspiración no existe en literatura, según el flamante ganador del Nadal. “Es contención y planificación; no entiendo cómo hay colegas que dicen que un personaje se les fue de las manos… No entenderíamos que un arquitecto dijera que las columnas se le torcieron, ¿verdad? Ni en la literatura mística, supuestamente la más espontánea, se da eso: los textos de Santa Teresa o Fray Luis están muy corregidos”, dice citando con el segundo a uno de sus autores referenciales junto a Garcilaso o Larra. “Me cuesta llegar al siglo XX, lo siento”, se explica.

Debe pues Vales estar incómodo en ese mundo editorial en el que lleva trabajando desde hace 15 años y en el que admite que, incluso, ha hecho de negro. “Es como en el resto del mundo, hacemos de todo: los focos de ayer estaban muy bien pero las horas planificando la estructura temporal en tres planos de la novela no fueron jornadas glamurosas… Es un mundo confuso, como el exterior, todo cambia y cambiará”. ¿Y el oficio de narrar? “Quizá el que menos, lo demuestran los guionistas de series de televisión: siempre habrá esa necesidad asombrosa, casi furibunda, del ser humano de que le cuenten historias; tenemos futuro”.

 

 

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