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OPINIÓN

2015: limpieza general

Tras tocar fondo en 2014, el nuevo año abre un ciclo electoral con un horizonte de reorganización que hace ya mucha falta

Hoy, teóricamente, es el día del hombre de las orejas y mañana el de l'home dels nassos; ambos tienen tantas orejas o nassos (siempre en catalán) como días tiene el año. Los niños siempre se sorprenden ante la monstruosa afirmación: otra engañifa. Como este es un país infantilizado, cautivo de tradiciones inútiles, valga, estimados frikis, este auto homenaje/penitencia de columnista descreído, elitista, charnego y disidente. Sirva este gramo de cultura folklórico oficiosa para celebrar la alegre perspectiva: ¡se acaba la excusa del tricentenario! Quedan sólo dos días para que los fastos del 2014 arropen a las fuerzas vivas patrióticas habituales. Se acaba el chollo. Es una gran noticia para todos: ¡el mundo continúa en 2015 sin tricentenarios!

Esa troupe, de quienes Ángel Casas llama con bonhomía momios (así se hablaba en aquella divina Barcelona), volverá ahora obligatoriamente a sus cuarteles de invierno televisivos, mediáticos y asociativos: “ara es l'hora!”. En ese territorio amigo el ejército momio afilará las armas: llega un enrevesado año super electoral. Ellos están dispuestos a recoger el fruto de sus desvelos histórico pedagógicos. Pero, en suma: 1714 ya no será excusa, la propaganda irá por otros caminos. Por cierto, ¿qué haremos con el Born?

Ante nosotros 2015 promete. Promete un horizonte de reorganización y limpieza general, que ya hace falta. Hay dos elecciones claras: las municipales de mayo y posiblemente las generales antes de fin de año. Las primeras traen alcaldes y equipos nuevos a los ayuntamientos; las segundas podrían dejar al amigo Rajoy aparcado cómodamente consigo mismo. En Barcelona veremos, seguro, caras nuevas que deberán pactar para que la ciudad deje de hacer de hucha de la Generalitat y vuelva a ponerse las pilas. Descubriremos con esta elección hasta dónde llega el enfado y la paciencia de unos barceloneses burlados, apaleados y adormecidos.

El gran año electoral de fondo que se prepara en 2015 se completará con alguna resolución sobre la fantasía independentista. Aventuro que si Mas es capaz de jugarse el cargo en unas elecciones autonómicas será porque ya no puede hacer el mártir sin hundirse en una impopularidad ganada a pulso. Como este 2014, Mas no saldrá de nuestras vidas: será inolvidable; este fue el año en el que tantos sentimos bochorno por ser reconocidos como catalanes.

¿Catalanes? ¿Aquella gente que durante 23 años dieron democráticamente el poder a un señor que se dedicó a defraudarles económicamente como confesó el mismo el 25 de julio de 2014? Catalanes, ¡almas benditas, llenas de bondad, miopía y mandra para enterarse de las malas noticias producidas en su casa! 2014, sí, inolvidable: nunca tantos catalanes se apercibieron del juego de poder organizado a su costa.

Nunca tantos catalanes se quedaron con tres palmos de narices ante el patrón de patrones, Jordi Pujol, confeso defraudador que abroncaba a todos. Eso no se olvida; tampoco los enredos, trapacerías y astucias de un Artur Mas con alergia al interés colectivo y a gobernar. Inolvidable burla política. Cartas marcadas: se ha tocado fondo en los estropicios. No todo vale y el resto es esperanza. Esperanza en que se sepa de una vez cuantos independentistas hay. Y a partir de ahí, fair play democrático: respeto a las ideas y a los procedimientos, amigos, lo básico.

2014 ha sido, pues, un gran año. Hemos entrevisto las podridas tripas de instituciones inmóviles. Se ha destapado una polvareda corrupta, ¡ya tocaba! Las vergüenzas intuidas van apareciendo. Y ya no se pueden disimular: la credibilidad de los corruptos alumbra un océano de escepticismo y de madurez. El año 2014 ha abierto una limpieza de la mano de jueces y de jóvenes motivados: es el legado con el que abre 2015.

Los ídolos caídos han encontrado contrapuntos. Nuevas caras emergen: un rey, Felipe VI, dos socialistas llamados Sánchez y Díez, un profesor indignado, Pablo Iglesias, un periodista naíf, Jordi Évole. Todos son jóvenes y directos, dicen querer a los catalanes y ¿por qué van a mentir? En retaguardia de la nueva ola está el papa argentino, Francisco, que quiere “lío en las diócesis”. Se mueve el enfoque: nunca se ha hablado más de desigualdad, de pobreza, de cambio, ¿quién quiere ser casta?

El aire social y cultural se mueve, se recupera a Marx a través de Piketty o Laclau: el saber se encadena y las generaciones se encuentran. La sociedad red empieza a descubrir que en ¡1890! Gabriel de Tarde ya hablaba de esa red social en su Actor/Network Theory y el marketing, sin saberlo, pone en práctica el conocimiento de Les lois de l'imitation (nunca traducido al castellano). Se recupera, para revolverla y exprimirla, la Vieja y nueva política de un Ortega hoy disecado en sus valores y arcaísmos (en la estupenda biografía de Jordi Gracia, Taurus). Todos saben que vuelve a ser necesario hablar de clases sociales y viajar para no entumecerse. Amanece una época prometedora, feliz 2015.

Margarita Rivière es periodista.