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Un plan urbanístico para 2020 entre los “corsés” y la “ley de la selva”

El PP apuesta por rebajar la protección de edificios y los trámites administrativos

El Ayuntamiento de la capital (PP) confía en concluir el documento del avance del nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) antes de mayo de 2015, pero dejará en manos del siguiente gobierno municipal su aprobación definitiva, que deberá ser refrendada luego por la Comunidad de Madrid. Con unas elecciones municipales y autonómicas por medio, en las que las encuestas pronostican un batacazo del PP, las propuestas elaboradas por el equipo de la alcaldesa, Ana Botella, muchas veces con el rechazo abierto del resto de partidos, quedarán en el limbo a la espera del resultado de las urnas. Estos son sus puntos fundamentales:

Una ciudad “sin corsés”. El plan prevé que la población de Madrid haya aumentado un 6% para 2020 (eso son 200.000 habitantes más), y anticipa “una preocupante pérdida de población joven” (100.000 personas menos de entre 25 a 34 años), lo que supondrá “un problema importante de pérdida de capital y recursos humanos”. En esta ciudad envejecida, el objetivo del Ayuntamiento es lograr “una alta calidad de vida” gracias a “nuevas actividades económicas que conserven y potencien sus señas de identidad”.

Para lograrlo, entre otras medidas propone fusionar el uso industrial del suelo con el uso terciario (hoteles, tiendas, oficinas), creando un tipo de “actividades económicas”. Este proceso “liberalizador, que flexibiliza la tramitación urbanística que hoy nos atenaza”, en palabras de la concejal Paz González, busca una ciudad “sin corsés” pero que no caiga en la “ley de la selva”. Para ello, permitirá usos comerciales en suelo residencial y viceversa.

En su esfuerzo por aligerar los trámites administrativos, el plan prevé que un inmueble pueda cambiar de uso sólo con la licencia correspondiente, sin necesidad de elaborar un plan especial (que puede llevar meses o años).

Remodelar los PAU. El plan señala que 800.000 madrileños viven en 145 áreas “vulnerables”, en situación de desventaja social, ambiental y económica respecto a “los barrios centrales y más vitales”. Así, apuesta por la rehabilitación y regeneración de ese tejido urbano, y en especial de las zonas entre la M-30 y la M-40, donde ve mayor margen de maniobra.

Entre los instrumentos para lograrlo, pretende promover mejoras arquitectónicas y de eficacia energética que se compensen con aumentos de la edificabilidad.

Respecto a los Programa de Actuación Urbanística (PAU) de Vallecas y Vicálvaro, el Ayuntamiento admite que son inviables tal y como están diseñados. Propone concentrar los pisos en manzanas más grandes y compactas para garantiza “la eficacia de los servicios públicos” y “favorecer las relaciones vecinales”. El suelo sobrante se dedicaría a zonas verdes. Urbanismo ya negociado con propietarios, e incluso ha logrado que algunos cambien sus derechos en PAU con un futuro más complicado por suelo en otros ámbitos con mejor perspectiva.

Tiendas en los juzgados de Plaza Castilla y en Torrespaña

El avance aprobado en noviembre propone crear un plan director que “caracterice Madrid como la ciudad de los bulevares, los peatones y el transporte público”, pero admite que no será “sencillo” porque “los ejes a transformar forman parte de la red viaria más compleja”. “Son las avenidas y calles de mayor anchura y centralidad, aquellas en las que actualmente se produce un desequilibrio, en la mayoría de los casos, a favor de la circulación rodada y el aparcamiento”, detalla. Su objetivo es “una restricción progresiva de la capacidad viaria que descargue y minimice” el acceso en coche.

Además, el nuevo plan prevé cambiar el uso de numerosos edificios públicos emblemáticos para darles un carácter lucrativo (oficinas, comercios, hoteles, etcétera). Esto afectará, entre otros, a los juzgados de plaza de Castilla, al palacio de Santa Cruz del Ministerio de Asuntos Exteriores, a las instalaciones de Radio Televisión Española en Torrespaña, y la Casa de Postas (en las instalaciones de la Comunidad, junto a Sol). En total son 146 unidades urbanísticas (desde parcelas y edificios a manzanas enteras), que ahora son dotaciones públicas (deportivas, educativas, sanitarias...), y pasaría con el plan a tener un uso económico.

Edificios protegidos. El plan prevé revisar las más de 17.000 fichas del catálogo de inmuebles protegidos por su valor histórico o artístico, con la idea de “flexibilizar la implantación de nuevos usos en los edificios singulares” y facilitar así la apertura de nuevos comercios en el centro. El Ayuntamiento planea además quitar el blindaje automático que se gana un inmueble sólo por el hecho de haber cumplido los 100 años, realizando “un análisis pormenorizado” de cada edificio para dictaminar si merece o no protegerse.

Respecto al resto de barrios, propone crear “zonas de centralidad” en cada distrito para aliviar los desplazamientos al centro. Entre las apuestas de nuevos ejes de transporte destaca la prolongación de la línea 11 de metro (Plaza Elíptica-La Fortuna) y la creación de otra nueva, semicircular, que una los distritos del sureste.

Actuaciones singulares. El plan incluye tres “actuaciones singulares” de calado para el futuro de la ciudad: renovar el paisaje en los alrededores de Madrid Río; convertir Villaverde en un distrito tecnológico; y extender el eje Prado-Recoletos hasta la estación del Abroñigal a través de los paseos de Delicias y Méndez Álvaro.

Esta última propuesta prevé un nuevo uso para la antigua cárcel de Yeserías (ahora es un centro de inserción social), la central de Unión Fenosa y el cuartel Batalla del Salado (que podría ser cultural); potenciar la estación sur de autobuses como centro comercial (ya en marcha con su ampliación); y trasladar la estación de contenedores del Abroñigal para construir pisos y oficinas.

En Madrid Río, se quiere rehabilitar 1.195 edificios, con 21.975 viviendas y 2.101 locales; cambiar de uso la sede del Cedex; completar el derribo del estadio Vicente Calderón y de la fábrica Mahou, la construcción de viviendas y el soterramiento del último tramo de la M-30; y renovar el centro comercial de la Ermita del Santo.

Y, en Villaverde, “habrá que esforzarse por crear nuevas condiciones de ordenación e infraestructuras atractivas para los distintos tipos de actividades punteras en la economía”, señala el plan ahora en el limbo.

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